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miércoles, 13 de agosto de 2014

GEORGIA GÁLVEZ POR LOS PALOS, UN MUNDO PARA AMAR

RECUERDOS VÍVIDOS, BORROSOS Y OLVIDADOS
    Me van a tener que disculpar. Han pasado casi 48 años desde octubre de 1966 y en todo ese largo período le he ido metiendo muchas, muchísimas imágenes, situaciones y sensaciones al disco duro que tengo en mi cabeza. Y como mi memoria no es una computadora con archivos bien clasificados, ordenados y listos para ser abiertos sino un revoltillo atiborrado de recuerdos, algunos vívidos (con acento en la primera i), otros borrosos y la mayoría (¡que contrasentido!) olvidados, pues resulta imposible que me acuerde de todo con la claridad y la responsabilidad que exige escribir este blog.
    Así que, a veces, como en este caso, hay partes de la historia que no cuento porque la memoria que conservo de ellas es confusa o simplemente se ha desvanecido.


EL AÑO JUGOSO
    Aquel 66 fue un año jugoso para mí. Terminé el curso de Formación de Directores de TV ofrecido por el Instituto Cubano de Radiodifusión, firmé mi primer contrato con el ICR, creé, escribí y dirigí un programa de variedades de TV Cubana en prime time (“Un millón de lunes”), publiqué mi primer reportaje en la revista Cuba (“Salón Mambí de Tropicana”), compuse las primeras canciones mías que trascendieron (“Mía la felicidad” y “La gran aventura”) y tuve mi primer gran éxito en teatro (“Un peso de música”, en el Mella).
    Pero aún quedó tiempo y energía para escribir y dirigir un espectáculo que considero muy importante porque demostró –a mí y a los demás- que ya estaba lo suficientemente maduro para abordar eventos artísticos complejos, de envergadura. O sea, que el guajirito esperanceño que una década antes había llegado a la capital para encontrar su sitio ya no solamente quería sino que podía meterse en camisas de once varas.

BORN TO BE A STAR
    Desde que comenzó su carrera, a principios de los 60, se fue destacando en la farándula cubana una chica que lo tenía todo para triunfar. Nacida en 1944 en el seno de una familia acomodada, desde niña compaginó su formación académica, que culminó en la Universidad de La Habana, con una buena preparación en disciplinas como el canto, la música, el baile, los idiomas... para las cuales tenía habilidad natural, de fábrica.

Georgia Gálvez en los años 60
    Se llamaba Georgia Gálvez. Su agradable voz de mezzosoprano se movía sin dificultad aparente lo mismo en los agudos del género lírico que en los registros centrales de la canción popular. Tocaba el piano y la guitarra. Se desenvolvía aceptablemente como actriz. Tenía conocimientos de danza clásica y moderna, lo que le permitía bailar y moverse con soltura en el escenario. Hablaba inglés y francés.
    Si a lo anterior, que no es poco, le añadimos que su rostro era precioso, su figura grácil, su simpatía nada forzada y que demostraba talento, inteligencia, buen gusto y chispa, ya me aceptarán que estábamos en presencia de una artista destinada a convertirse en estrella más pronto que tarde.

EL CURRÍCULUM
    Como integrante fundadora de la compañía Teatro Lírico Nacional de Cuba con sede en el habanero teatro García Lorca, actuó en zarzuelas, operetas y óperas. Entre ellas: “Luisa Fernanda” (que protagonizó), “La princesa de las czardas”, "Los gavilanes", "La viuda alegre", "El conde de Luxemburgo" y "María la O". En Televisión Cubana hizo “Las bodas de Fígaro”, de Mozart.


A la izquierda: "Luisa Fernanda" en el teatro García Lorca. Georgia Gálvez, Rafael Aquino, Rosita Fornés y Armando Pico. A la derecha: "Las bodas de Fígaro" en TV Cubana. Carmen Malvido, Georgia Gálvez y Ana Menéndez.

     En el 63 había grabado un long play en la EGREM. Y era figura habitual en los musicales de la tele.
    En el 65 fue una de las figuras centrales del espectáculo “Gran Music Hall de Cuba” que el empresario Bruno Coquatrix llevó al teatro Olympia de París y después el Consejo Nacional de Cultura hizo girar por la RDA, Polonia y la URSS.
    ¿Qué quiero decir con todo lo anterior? Pues que en 1966, con solo 22 años de edad, ya Georgia había pisado fuerte y tenía carrera de la cual presumir. Mientras que yo era un principiante, un novato con todo por demostrar.


GEORGIA MEETS YIN
    No recuerdo cuando nos conocimos. Puede haber sido en alguno de los programas de Manolo Rifat en los que yo era el asistente del director. Quizás alguien le habló de mí poniéndome la buena ya que yo había dirigido un par de cosas que habían sonado. De todas maneras, apostar por mí para llevar las riendas de su espectáculo, en que ella se jugaba mucho, fue un riesgo notable que asumió. Así que agréguenle a su currículum una dosis de valentía y arrojo.

    En el primer párrafo de esta pieza hablé de lo estropeada que anda mi memoria. Por tanto no recuerdo de quién surgió el proyecto de que la Gálvez protagonizara un gran show unipersonal en el que el público pudiera verla en todas sus facetas.
    Es probable que fuese idea suya, es posible que se me ocurriese a mí. Y hasta cabe la opción de que la iniciativa surgiese de la dirección del Teatro Musical de La Habana, muy activa en aquellos tiempos.
    La cosa es que una tarde nos vimos en su casa del Vedado –vivía en la calle 28 (¿o en 30?), cerca de la avenida 23-, me explicó que quería hacer un recital muy variado, conversamos largo rato confrontando conceptos,
hablamos de un posible repertorio y empezamos una aventura teatral que terminó por llamarse “Un mundo para amar” para aprovechar el tirón publicitario que podía tener el título de una de los éxitos que la identificaban ante el público.

SUDÁNDOSE EL ÉXITO
    Trabajar con Georgia Gálvez fue una delicia. Porque sabía hacer bien muchas cosas y si aparecía alguna nueva se fajaba con ella sin importarle el esfuerzo que llevaría el dominarla. Porque se aprendía las letras, los textos y las rutinas con una facilidad increíble. Porque captaba cualquier sugerencia al momento y la fijaba de manera que en el siguiente ensayo ya la tenía interiorizada. Porque mostraba una gran consideración por su profesión y por los que nos movíamos a su alrededor, llegando a su hora, creando un buen ambiente y dedicándole al trabajo las horas que fuesen necesarias y cuatro más, sudándose el éxito en cada ensayo. (1)

    En “Un mundo para amar” nos propusimos que cada número del programa tuviera su onda propia. Tuvimos que pinchar mucho para lograrlo. No resultó fácil analizar cada canción, desentrañar su carácter, descubrir sus posibilidades escénicas y vestirla de una manera que le sacase el mejor partido. Cada segmento debía ser diferente de los demás pero cuidando que no se perdiera la coherencia del conjunto. Para mí fue una experiencia apasionante. Para Georgia creo que también.


    El Musical de La Habana, además de su escenario y su grupo técnico, aportó tres elementos fundamentales: su coro de voces, su cuerpo de bailes (que ejecutó coreografías de Tomás Morales) y su orquesta (dirigida por Tony Taño).
    Acompañaron a Georgia en los bailables Puño Valle y Gustavo, dos prestigiosas figuras del cabaret cubano. Los Armónicos de Felipe Dulzaides, un grupo de musicazos que estaba que cortaba, contribuyó con su clase. Yo invité al mimo Simón Escobar. Además de enriquecernos el espectáculo, sus números nos sirvieron para que la protagonista se cambiara de vestuario.

    Durante muchas jornadas trabajamos fuerte. El ensayo general, jueves 13 de octubre, salió casi perfecto. Agotados, cuando acabamos nos fuimos a comer sándwiches en El Jardín de la calle Línea, satisfechos porque el espectáculo estaba querido, listo para estrenarse la noche siguiente.


EL PROGRAMA DE MANO

    Algunas imágenes tomadas del programa que se imprimió y entregó al público.

Aquí se coló una omisión. No aparece el nombre del mimo Simón Escobar
MI TEXTO DE PRESENTACIÓN
    Ésta es la nota de presentación que yo redacté para el programa de mano:

 
GEORGIA POR LOS PALOS
    Un domingo de 1961 apareció en “El Show de Arau” 
cantando “Bajo el cielo de París”.
    Al día siguiente, las amas de casa hablaban
de “aquella linda muchacha que salió anoche en la televisión”.
    De entonces hasta hoy, hay en la carrera de Georgia Gálvez
muchos programas más, varias operetas y zarzuelas con el Teatro Lírico,
un long-playing grabado, un viaje a Europa con el “Music-Hall”
y, por último, su resonante triunfo
con “Un mundo para amar” y “Capri c’est fini”.
    Estas noches en el Teatro Musical se lanza
a un “gran momento de la verdad”: su “show-de-una-sola-persona”.
    Inconforme con ofrecernos 16 bien hechas canciones,
Georgia además baila, actúa, toca el piano, la guitarra, los tímpanis
y hasta se atreve con la pantomima.
    La prueba es difícil. Ella lo sabe. Pero es inquieta y le ha llegado su turno.
    Dentro de unos momentos el telón se abrirá
y no tendrá otro recurso que “fajarse por los palos”.
    A partir de su arte, Georgia los ganará a ustedes.
    En dos horas, se irán de aquí seguros de que “aquella linda muchacha
es ya toda una señora artista.


LAS OBRAS INTERPRETADAS
    El repertorio que se ofreció estaba compuesto casi en su totalidad por canciones de renombre internacional, compuestas por autores extranjeros. Algunas de ellas se cantaron en su idioma original; otras llevaban letras en castellano escritas por la propia Georgia, por María Álvarez Ríos y por mí.
    Yo aporté dos versiones nuevas: “Dame tu calor” (de Charles Aznavour y Georges Garvarentz) y “El niño con el tambor” (originalmente “L'enfant au tambour”, creada por Georges Coulonges, Henry Onorati y Katherine Davies).

PRIMERA PARTE:

1) Un mundo para amar (“Il mondo”, música de Jimmy Fontana; letra en español: Georgia Gálvez)
  2) Sans-toi (tema de la película francesa "Cleo de 5 a 7". Música de Michel Legrand y texto de Agnes Varda, directora del filme)
     3) Elisa (es posible que fuese una pantomima creada por Simón)
      4) Ma Oci Sede (creada por los checoslovacos Jiri Bazant y Jiri Staidl, esta canción pertenecía al repertorio de Karel Gott)
5) ¿Qué haces en Francia, Georgia? (de Petula Clark y Pierre Delanoé; versión de María Álvarez Ríos)
  6) Tengo una pena de amor (Alice Dona y Michelle Vendome; versión de M. Álvarez Ríos)
    7) Summertime (música de George Gershwin; letra de Ira Gershwin, DuBose Heyward y Dorothy Heyward)
         8) Capri C’est Fini (música de Hervé Vilard; version de María A. Ríos)


SEGUNDA PARTE:
9) Dame tu calor (“Donne tes seize annes” de Charles Aznavour y Georges Garvarentz; texto en español de Pedraza Ginori)

     10) O toi la vie (Charles Aznavour; letra de M. A. Ríos)
      11) Por tu culpa (música y letra: María Álvarez Ríos. Éste fue el único tema totalmente cubano del espectáculo)
         12) Can’t Help Lovin’ Dat Man (del musical “Show Boat”, melodía de Jerome Kern y texto de Oscar Hammerstein II)
13) Qué rico es bailar (música de Frank; versión de M. Álvarez Ríos)
  14) El cirujano (pantomima de Simón Escobar. Movimientos y gestos sincronizados con una banda sonora de música y efectos)
    15) No, no eres tú (“Non, ce n'est pas toi” de Serge Lama y Alfonsa Vucera; letra en español de Bermúdez)
        16) Regardes-les (de Petula Clark y Pierre Delanoé; letra de M. A. Ríos)
        17) Ven ya (el gran éxito internacional de Petula Clark, en inglés titulado “Downtown”. Música de Tony Hatch; versión en español de María Álvarez Ríos)
             18) El niño con el tambor (originalmente “L'enfant au tambour”, creada por Georges Coulonges, Henry Onorati y Katherine Davies; letra en español de Pedraza Ginori).
                  19) Un mundo para amar


DAME TU CALOR
Autores de la obra original (“Donne tes 16 annes”):
Charles Aznavour y Georges Garvarentz
Versión en español: Pedraza Ginori
----------------------------
Ven, dame tu calor,
el calor de tus dieciséis
para transformar esa nueva palpitación.
Terminará tu vagar, hallarás la pasión.
Ven, dame tu calor.
Hoy, en tus dieciséis,
ha tocado a tu puerta el sol, el eterno sol,
primavera que trae al fin para llamar
una voz que te hará comprender y darme tu calor.
Después, cuando la vida muestre su pesar,
tal vez recordaremos con dolor
que fue bueno el amor.
Dame tu calor
y ten mi ser entero.
Ven, déjate llevar
por la senda que te marqué
y no podrás olvidar nunca más
el calor de tus dieciséis.

UN MUNDO PARA AMAR
Autor de la obra original (“Il mondo): Jimmy Fontana
Versión en español: Georgia Gálvez
----------------------------
Si nos estuvimos esperando para ser
uno del otro eternamente y nada más,
nosotros solos en un mundo para amarnos.
Esta juventud y nuestro amor
nos llevarán hacia un lugar lejos de aquí
donde contigo forjaré un mundo nuestro para ser
tan sólo de este gran querer.
Un mundo,
a la medida de un “te quiero”,
a la medida de la suerte,.
a la medida de este amor
Un mundo,
a la medida de tus besos,
para empezar siempre de nuevo,
un mundo para amar. (2)



RESUMEN PROFESIONAL
    Al show se le hizo una buena promoción y el Musical se llenó en todas las funciones. Georgia tenía tirón. Los aplausos retumbaron en Consulado y Virtudes. Georgia gustaba. La prensa elogió el espectáculo. Georgia estaba dejando atrás su personaje de “chica mona que se defiende en eso del artistaje” y comenzaba a ser reconocida como “la Gálvez”.
    En cuanto a mí, “Un mundo para amar” me dio la oportunidad de subir un escalón de considerable importancia. Fue el colofón de mi año jugoso, en el que había aprovechado las oportunidades que se me presentaron y me había colado.


RESUMEN PERSONAL
    Aunque ambos quedamos satisfechos de nuestra colaboración y del resultado obtenido, ella y yo no hicimos otros trabajos juntos. Su nombre no aparece en los reportes que conservo de mis programas de televisión y espectáculos teatrales. No recuerdo haberla visto después trabajando con otros directores. Se me perdió del radar. Fue como si se esfumara. Supongo  que se marchó de Cuba tras su brillante performance en “Un mundo…”. Y como "traidora", la borraron del mapa.

PARA VERLA

    En Youtube hay algunos videos suyos.
   En este medley del drama musical “West Side Story”, creado por Bernstein, Sondheim y Robbins, Georgia aparece bailando y cantando con el gran Tomás Morales en un “Música y Estrellas” dirigido por Manolo Rifat.
Georgia Gálvez y Tomás Morales en "Estampa de West Side Story" (en youtube.com)



    Georgia canta "Capri C'est Fini" en otro momento de “Música y Estrellas”, programa que se transmitía en directo por el canal 6 de Televisión Cubana.
    El montaje del número no presenta cortes, es un plano secuencia. Primero ella se ve en un tiro abierto y va avanzando lentamente hacia el lente mientras el camarógrafo va adecuando el foco. Una vez que ya llega cerca, se detiene y la cámara se mueve alrededor de la cantante en un desplazamiento muy bien hecho, sin desenfocarse a pesar del humo que llena la escena.
    Un trabajo de precisión matemática en que Georgia y el operador tienen que ajustarse a una pauta de movimientos muy estricta, que no deja margen a la improvisación. Fíjense como ella condiciona las acciones de sus brazos para que él tenga una toma interesante en cada momento. Este clip es una clase magistral en que se destaca la precisión y la habilidad de ambos al ejecutar lo que estaba marcado (3).
    Es una pena que desconozcamos el nombre del camarógrafo.
Georgia Gálvez en "Capri C'est Fini" (en youtube.com) 
Georgia Gálvez en"Oguere"

    En los primeros 60, el Departamento Fílmico del ICR realizó una serie de cortos musicales, registrados en película de 16 mm., con figuras del momento.
Georgia fue protagonista de varios de ellos. Aquí están dos:

    El autor Urbano Gómez Montiel había pegado fuerte con “Canta lo sentimental”, uno de los grandes éxitos de aquella década. La Gálvez le cantó “Tengo ganas de gritar que te quiero”, en la que se nota la influencia del estilo de componer de Adolfo Guzmán.

Georgia Gálvez en "Tengo ganas de gritar que te quiero" (en youtube.com)

Oguere, un clásico del género afrocubano, compuesto por Gilberto Valdés.
Georgia Gálvez en "Oguere" (en youtube.com)


¿DÓNDE ANDAS, MUCHACHA?
    Buscando datos de Georgia en Internet, hallé una nota de la que he extraido el siguiente fragmento: 
    "Al establecerse en los Estados Unidos continúo su carrera en New York y más tarde en Miami, donde fue una de las pioneras de la TV especializada en temas femeninos. Como reportera del canal televisivo Gems capturó para la historia a varias de las personalidades de las artes de origen hispano a través de sus aplaudidas entrevistas. Radica en Miami Beach y se mantiene activa como miembro de varias organizaciones dedicadas a perpetuar el movimiento artístico cultural de Hispanoamérica y principalmente de Cuba".

Georgia Gálvez en una foto más o menos reciente
    Me gustaría contactar con Georgia, contarle y que me cuente. Seguramente será interesante para ambos saber qué ha sido de nuestras vidas ya setentonas. Así que le he enviado una solicitud de amistad a su sitio de Facebook pero creo que no la ha visto porque, al parecer, ella no anda a menudo por esa red social.
    Vamos a ver si, con suerte, algún lector de este blog propicia el reencuentro y entre todos le ponemos un feliz punto final a esta crónica.


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N    O    T    A    S
 

(1)  REFLEXIONES SUGERIDAS POR EL TEMA DE HOY
  A lo largo de mi carrera dirigí a muy pocas figuras criollas del varieté que se pudieran equiparar con la Georgia Gálvez de 1966 en eso que yo he dado en llamar rigor y profesionalismo y que para mí son dos factores que tienen un valor incalculable.
  En este momento recuerdo sólo a tres: Mirta Medina, Miguel Ángel Masjuán y Amaury Pérez Vidal. Es posible que exista alguien más así entre los artistas a quienes les dirigí un espectáculo completo, pero su nombre no me viene a la mente ahora. Ya he dicho antes que mi memoria no es demasiado buena.
  Una carrera artística –como cualquier otra- se debe afrontar con responsabilidad, con respeto y amor por la actividad que se ha elegido y por aquellos a quienes va dirigida. En Cuba son innumerables los casos de cantantes, actores, músicos, bailarines, etc. que, partiendo del talento natural que poseían, se ganaron el estrellato a base de trabajo, estudio y disciplina. Conocí a muchos. No voy a citar nombres, excepto uno que les representa a todos porque se convirtió en paradigma: el de Rosita Fornés.

  Ojo: no pretendo que todo el mundo sea artista total, cante, baile y se pare cabeza abajo sobre un dedo. Estoy hablando de autoexigencia. De esforzarse un día y otro día para que lo que se hace, salga cada vez mejor. Se trata, en definitiva, de tomarse en serio a sí mismo y al público.


  Me he encontrado con personas que llegaron a ser figuras porque un día descubrieron que disponían de cierta gracia y vocación, una voz y/o un rostro agradables, un caer bien sin esfuerzo, habilidad natural para comunicar u otra característica básica similar y decidieron meterse a artista como un medio de salirse de un estrecho marco familiar, de escapar del anonimato, de satisfacer su ego cuando les aplaudían o les reconocían por la calle, de viajar al extranjero o de vacilar el faranduleo.
  Conocí a cantantes –en ciertos casos fueron estrellas que llenaban teatros- que tuvieron la suerte de pegar algunos temas musicales en la preferencia popular y una vez que alcanzaron notoriedad se acomodaron, repitiendo machaconamente sus errores y sus maneras durante años.

  De estudiar, evolucionar y presentarle a la audiencia un mejor “producto”, nada.
  Les vi moviéndose en la regazón y la vagancia como peces en el agua, prototipos del “da igual hacer esto así que asao”. Eran quienes no respetaban la melodía original que creó el autor, quienes no se aprendían las letras, quienes no se colocaban bajo la luz que se les había colocado, quienes llegaban tarde y querían ensayar lo menos posible, quienes concedían mayor importancia al vestuario, al maquillaje y al peinado que a la afinación, quienes entendían el proceso de creación y de montaje como un incordio sin sospechar la gran cantidad de placer que proporcionan a los verdaderos artistas las horas de trabajo que el público no ve.
 

  Les contaré dos casos. Éste es el primero:
  El compositor Alberto Vera estuvo un tiempo tratando de convencerme de que le montara a cierta amiga suya un one woman show -“similar a los que le haces a Mirta Medina”, me dijo-.

  Pero siempre me negué. Me tiraba patrás pensar en que esta intérprete era tan vaga que hizo populares varios temas y los estuvo cantando durante años sin aprenderse de memoria sus letras, leyéndolas en papeles colocados en atriles o, lo que es un crimen aún peor, arrugados entre sus manos.
  Y aquí está el otro:
  Argumentando que quería dejar atrás lo que había estado haciendo y darle un rumbo diferente a su carrera, otra figura logró ficharme para que le escribiera y dirigiera uno de sus fines de semana multitudinarios en el teatro Carlos Marx.
  -- Hazme algo en la onda de Alberto Cortez, con textos que den paso a las canciones. Es que estoy cansada de improvisar lo que hablo en el escenario.
  A duras penas se aprendió el guión que le entregué. En cada ensayo se olvidaba de lo que habíamos montado previamente. Le encargué a un destacado diseñador de luces -¿Ricardo Noa?- una iluminación especial que resaltara el carácter de cada número. Traté, sobre todo, de que abandonara la sobreactuación que le caracterizaba y se contuviera en escena, sacándole jugo dramático a las letras.
  Cuando subió el telón y sus incondicionales fanáticos la recibieron puestos de pie con una ovación, se olvidó de todo lo que habíamos planeado y se dedicó a repetir su esquema de siempre, en el que se sentía cómoda.

  Nunca le pregunté por qué lo hizo. Probablemente le entró pánico a defraudar a sus apasionados seguidores. Vaya usted a saber lo que le pasó por la cabeza.
  Me cabreé por haber dilapidado mi tiempo y mi esfuerzo. Eso sí, a fin de mes, pasé por la oficina del teatro a embolsarme lo que el Ministerio de Cultura me pagó por aquel guión y dirección que ella no aprovechó. Lo cobré pero con algo de mala conciencia, sintiéndome cómplice de un delito de malversación de dinero público.


(2)  Aunque no lo crean, a mediados de los sesenta, a pesar de la marea socialista, subsistían en La Habana algunos rezagos del capitalismo. Por ejemplo, había particulares que se las arreglaban para editar y vender revisticas que contenían letras de canciones. “Ritmos de Cuba”, con 34 páginas, costaba 30 centavos y “Cuba canta”, dirigida por Gloria “Bebé” Ortega y con redacción en Crespo Nº 106, traía 18 hojas y se vendía a 25 quilos.
  En ellas, el público podía encontrar obras del repertorio de los artistas que sonaban: Jorge Pais, Los Meme, Ela Calvo, Elena Burke, Wilfredo Mendi, Rosita Fornés, Los Zafiros, Gina León, Luisa María Güell...

  ¿Cómo conseguían el papel? ¿En qué imprenta las tiraban? Ay, amigo, no ande ahí. Nunca olvide que la libre empresa busca su camino aunque estén cayendo raíles de punta.

(3)  Al apreciar detenidamente en el video lo que hace Georgia Gálvez en él, me erizo pensando en que muchas de las estrellas con las que trabajé hubiesen convertido un montaje tan preciso –y precioso- como ése en un verdadero desastre televisivo.

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en formato papel, mis dos libros "Pedraza Ginori Memorias Cubanas".
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Los dos volúmenes recogen, en clave autobiográfica, sucesos, “batallitas”, semblanzas, anécdotas y reflexiones personales.
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Ambos están a la venta en las webs
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1 comentario:

  1. Querido Yin:

    Gracias por incluirme en el trío de artistas que has celebrado en tu blog. Es un orgullo parta mi estar flanqueado por Mirta y Miguel Ángel y que lo señales. Son tiempos de muchos olvidos y desganas multiplicadas.

    A otra cosa. A Georgia Gálvez solo la vi in person una sola vez en mi vida. Fue en el Hotel Internacional de Varadero , creo que en el año 1965. Mi madre, bajo la dirección de Joaquín Riviera, otro de los grandes, estaba presentándose en un show llamado “Consuelito en el circo” concebido por Joaquín para ella. Era la historia de una taruga del circo que estaba dispuesta a todo con tal de convertirse en estrella. Recuerdo que formaban parte del show además el cuarteto de Meme Solís y una jovencísima Mirtha Medina. El espectáculo terminaba con mi madre haciendo una parodia de Capri ces’t fini y a Georgia le habían comentado. ¡Vete a ver el show que Consuelito se burla de ti!

    Georgia salía del elevador con cara de pocos amigos y yo, casi un niño, corrí a comentárselo a mi mamá que la Gálvez estaba allí. Mi madre se puso un poco nerviosa pues Georgia tenía un carácter fuerte a pesar de su juventud. Yo me senté cerca de donde ella estaba (recordar que en aquellos años en Varadero los niños, y adolescentes podían ir a los shows nocturnos) y cuando llegó el momento del final Consuelito, vestida de plateado y con un antifaz cantó Capri ces’t fini mirando fijo a Georgia. Casi dirigiéndose solo a ella. ¿Como terminó todo? Pues con la Gálvez sonriendo, de pie y participando eufórica entre aplausos de la reinvención de su célebre canción. Las recuerdo después conversando entusiasmadas en el lobby hasta que el sueño pudo conmigo (recuerdo a Georgia diciéndole a mi madre que para ella era motivo de orgullo que Consuelito Vidal la reinventara sobre el escenario). Eso hacen los grandes. Me rendí soñando con aquel rostro bellísimo que jamás olvidé.

    OJO: Los camarógrafos, de los que no recuerdas nombres fueron un dúo que con el dolly hicieron maravillas en la época; los entonces jóvenes Tabaré Pérez (mi tío) y Paco Anca llevándolo y trayéndolo por todo el estudio ¡Que tiempos Dios mío!. Por aquellos años se habló mucho de aquella hazaña y tengo en algún sitio un recorte de prensa que lo atestigua.

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