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viernes, 22 de septiembre de 2017

OYE, NO ME VENGAS CON CUENTECITOS

  El ciclón Irma azotó Cuba en septiembre de 2017 y acabó con la quinta y con los mangos. El viento y el agua son los principales culpables del destrozo. Eso es innegable. Pero hay una gran parte de responsabilidad que recae en los que no tomaron las medidas previas y posteriores.
  En los que no tumbaron las paredes que amenazaban con derrumbarse desde hace años,
   en los que no podaron los árboles que se podían caer sobre las líneas eléctricas,
    en los que no han hecho absolutamente nada para aminorar los daños de los huracanes en una tierra de huracanes,
      en los que llevan 60 años sin construir un sistema de alcantarillado que funcione tragándose el agua que todos sabemos que cae un año sí y el otro también,
       en los que hablan de solidaridad y claman que ningún cubano se quedará desamparado mientras todavía hay gente esperando por la casa que le prometieron cuando el ciclón anterior y el anterior al anterior le tumbaron la suya,
        en los caraduras que son capaces de culpar de indolentes e irresponsables a los fallecidos,
         de abandonar a su suerte a los damnificados hasta el punto de cobrarles la cajita de arroz con ná mierdero que dan en algunos kioskos,
          de pedir dinero a través de una empresa estatal que ha aprovechado el ciclón para subirle los precios a los productos en sus tiendas de divisas
            y de llenar las calles de patrullas intimidatorias que aplastan el más mínimo derecho de los que lo han perdido todo: el del pataleo.

  Oye, que sepas que yo sé que en el fondo simpatizas con aquello o en el mejor de los casos no quieres que aquello se caiga porque "sabe Dios lo que pasaría".
  Oye, no me vengas con cuentecitos que siguen las orientaciones del partidito. No le quites la culpa a las “autoridades” de un gobierno de sistema estatal y por tanto responsable de lo que le ocurra a sus ciudadanos.

  No trates de darme gato por liebre lamentando la fuerza indomable de la naturaleza, comentando lo maravilloso del carácter del cubano que baila y juega dominó cuando el agua le da a la rodilla y afirmando que el pueblo sabrá recuperarse porque somos heroicos.
  El pueblo está jodido, muy jodido, y tú sabes perfectamente que ya lo estaba antes de que Irma apareciera.
  Oye, tú mismo, sí, tú, que sepas que cuando escribes en Internet que en la foto del hombre sentado en el banco inundado debe verse solamente una víctima del ciclón, no me engañas.
  Ese hombre es la Cuba de hoy, decepcionada, deprimida, desilusionada, descojonada, inundada, derrumbada, barrida por el desespero, la inercia y la desidia, esa Cuba del “sálvese quien pueda” que sabe que ninguno de los dirigentes que viven en las casas buenas (las que no se derrumban) de los barrios exclusivos les va a tirar un cabo ni antes de Irma ni después de Irma porque ellos están en lo que están y el hombre del banco simplmente se las suda.



 La imagen, maravillosa y estremecedora obra de arte, 
refleja lo que es nuestra patria ahora. 
Ha sido tomada por la fotógrafa cubana Wanda Canals Fleitas 
quien la tituló "Irma, el día después". 
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