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viernes, 4 de diciembre de 2015

LOS PAPINES / TASCA TASCA LE DIJO A TESQUE TESQUE

   Lo que van a leer a continuación es un modesto homenaje a mis amigos los hermanos Abreu, leyendas del arte cubano.
   Lamentablemente Papín, Alfredo y Luis ya no están en este mundo. Espero que el todavía activo Jesús pueda leer esta pieza del blog y por ella se entere de que todos, los cuatro, continúan vivitos y coleando en esa zona de mi mente donde habitan los recuerdos inolvidables y los afectos de toda la vida.
SIEMPRE PAPINES
   A mediados de los años 60, el cuarteto cubano Los Papines (percusionistas, cantantes, showmen) se presentó en “Música y Estrellas”, el programa televisivo de Manolo Rifat del que yo era asistente de dirección. Allí les conocí, si la memoria no me falla.
   Pero cuando llegué a relacionarme más con ellos fue en una temporada que hice en el teatro Amadeo Roldán, de Calzada y D, Vedado. El Amadeo era la meca de las variedades en La Habana de entonces (1). Todos los artistas importantes, nacionales y extranjeros, pasaban por su escenario. Y allí actuaban, porque se habían ganado estar en ese nivel, Los Papines.

   Les recuerdo como unos grandes profesionales. Recibiendo clases de canto con el Maestro Luis Carbonell. Superpreocupados por el audio y las luces. Siempre puntuales, siempre sus números bien montados, siempre respetuosos con el público, siempre dispuestos a apretar.

TODOS PARA UNO
   En aquellas semanas en que tuvimos tiempo para conversar y conocernos mejor, surgió nuestra amistad, que continuó con los años. Eran cuatro y parecían uno. Andaban juntos parriba y pabajo. Uno se los podía hallar al mediodía en el lobby del Habana Libre, una tarde en Radiocentro asistiendo al colectivo de preparación de un telemusical o cualquier noche en la cafetería que estaba de moda, la del Capri.
   Todos para uno y uno para todos, los cuatro juntos. Decentes, caballerosos, impecables en sus maneras, atildados, sonrientes.
   Se vestían generalmente con trajes o camisas iguales y en ocasiones unos combinándose con los demás. Sin duda, no era una acción casual. Proyectándose en la calle con la misma formalidad que lo hacían dentro de los escenarios, transmitían el mensaje de que eran Papines a toda hora y dondequiera que estuviesen.

UN NÚMERO MAESTRO
   Hoy en día, los hermanos Abreu ocupan un sitio entre los más grandes artistas cubanos de variedades. Para ganarse ese merecido galardón tuvieron que abonar su carrera con cantidades industriales de carretera, ingenio, esfuerzo y sudor.
   Su logro fundamental fue crear un número maestro, propio y aplaudido mundialmente, partiendo de todas las posibilidades de la percusión afrocubana y de la interacción con el auditorio. Y hacerlo de una manera original, imaginativa, divertida, decididamente espectacular.

DE LA TIBIEZA A LA PISTA ENCENDIDA
   Cada vez que dirigí en teatro, yo tuve como hábito bajar al lunetario y desde allí, oculto en la semioscuridad, comprobar las reacciones de los asistentes ante los artistas de mis shows. Esa sana costumbre, que recomiendo a todos los directores, me permitió conocer de primera mano una situación extraña que se daba con Los Papines en su primera época. Cuando se les anunciaba en un espectáculo, el público cubano les recibía de una manera que se podía calificar de tibia y quizás hasta de fría. Como si no les conociera.
   Atendiendo al prestigio del que ya disfrutaban tras más de un lustro de actuaciones, me parecía injusto que tuviesen que ganarse al auditorio desde cero una y otra vez, en cada función.

   Pero eso a ellos les importaba un comino. Seguros de sí mismos, salían a comerse el escenario, poniéndole alma y grandeza a sus números y desarrollando sus rutinas mil veces ensayadas con la frescura de algo improvisadoSe metían a la gente en un bolsillo regalándole buen entretenimiento y alegría. La conexión con la audiencia iba creciendo por minutos, los aplausos iban aumentando en intensidad y acababan ovacionados, envueltos en un mar de admiración y reconocimiento, dejando la pista encendida.

EL RUMBÓN DE LOS ABREU
   En los 60 y 70 se asomaban mucho a las pantallas de TV Cubana. Conmigo hicieron “En vivo”, “Buenas tardes”, “Tele-Revista”, “Juntos a las 9 / A la hora del cañonazo”…
   En el "Juntos..." del sábado 27 de enero de 1973 se le hizo un gran recibimiento a la delegación artística “Directo de Cuba” que triunfó en Europa: Pacho Alonso y sus Pachucos, Ela Calvo, Los Papines y Cuerpo de bailes.
   La tarde del 2 de marzo del 74 me encabroné mucho porque un funcionario del Consejo Nacional de Cultura entró en el estudio 19 del Focsa, interrumpió nuestro ensayo y se llevó a Los Papines para actuar esa noche en una improvisada actividad “de gobierno” en Matanzas. Un secuestro en toda regla que no me quedó más remedio que soportar.

   Creo que la vez en que más disfrutamos el trabajar juntos fue cuando les dediqué un programa completo de “Cuatro voces en el 4”. Aquella noche de jueves aterrizaron en Mazón y San Miguel todos los Abreu: la mamá Herminia, sus once hijos y algún que otro pariente más de la extensa saga. Y tocaron, cantaron, bailaron y lo pasaron requetebien ante las cámaras. Como número final reventaron un rumbón que estremeció los cimientos del Estudio 1 y los ánimos de millones de televidentes.

   No sólo hicimos mucha televisión, también importantes actividades. Algunas de las que poseo constancia fueron éstas:
   20 y 22 de julio de 1969. Teatro Lázaro Peña de la CTC. Espectáculo para los marinos de la Flota de Guerra de la URSS, con motivo de su visita a La Habana.   
   Coliseo de la Ciudad Deportiva. Elección de la Estrella y las Luceros del Carnaval del 70.
   Abril del 83. Anfiteatro de San Antonio de los Baños. Clausura de la Bienal Internacional de Humorismo.

   Durante toda su carrera, Los Papines fueron los campeones del fasten. Convertidos en los artistas más exportables del Ministerio de Cultura, viajaron durante años por innumerables países. Así que no era fácil programarlos en Cuba. Había que aprovechar los pocos momentos en que estaban en la isla porque lo habitual era que anduvieran de gira internacional.


MIS PAPINES EN LA REVISTA CUBA 
   La revista Cuba, en la que yo colaboraba, me publicó en su número de marzo de 1968 un reportaje que escribí sobre el cuarteto. Ya por entonces los Abreu tenían suficiente entidad artística como para merecer varias páginas en una publicación destinada a promover a nuestro país en el extranjero.
   Hoy reproduzco aquí aquel texto en el que me quejo de lo difícil que era describir a Los Papines. Afortunadamente Internet nos da hoy la maravillosa posibilidad de verlos en acción. A quienes no conozcan al cuarteto, les sugiero que antes de leerme entren en Youtube para disfrutar su arte y complementar a través de videos lo que mi crónica no pudo o no supo abarcar. (2)


   Éste es un fragmento de un programa documental titulado “Fiesta de tambores”: Los Papines from Cuba

   Aquí les vemos, en una ocasión única, actuando con el Maestro Joseíto González, uno de los grandes pianistas de la música popular cubana:
Los Papines con Joseíto González en "Iroco"


   Actuando en el programa “Juntos a las 9”, dos años después de que yo dejara de dirigirlo: Los Papines en Televisión Cubana (1978)












TASCA TASCA LE DIJO A TESQUE TESQUE: HAY QUE APRETAR
por Pedraza Ginori
Fotos: Orlando García

“Tasca Tasca”
Guaguancó
Letra y Música: Luis Abreu

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Tasca Tasca le dijo a Tesque Tesque
que Tisqui Tisqui andaba con Tosco Tosco.
Se ha formado el chisme,
se ha formado el chisme,
con Tasca Tasca, con Tesque Tesque,
con Tisqui Tisqui, con Tosco Tosco,
con Tuscu Tuscu, se ha formado el chisme.
Tasca Tasca, Tosco To.
Tasca Tasca, Tosco To.

CUATRO MORENOS SIN FÓRMULAS
   Se ha formado el chisme y ¡qué difícil es describir a Los Papines! Mucho mejor sería que usted los hubiera visto una noche en la televisión, desde una mesa de cabaret o en lo que parece ser su medio ideal, su casa: el teatro. Así mi labor sería más fácil. Porque, creánme, tomar a Los Papines y meterlos en moldes –qué, quiénes, cómo, dónde, cuándo, por qué, etc.- es casi imposible. No caben en fórmulas. Se van a salir de ahí. Vamos a ver qué se puede hacer.

   Los Papines, cuatro morenos alegres, hermanos entre sí, forman el grupo musical más pintoresco de Cuba. Partiendo de la esencia del ritmo afrocubano van inventando todo un mundo sonoro insospechado que sorprende y gusta.

   La base, lo que siempre está presente, oyendo la conversación”, dicen ellos, en el trabajo de Los Papines es la rumba.

UN APARTE
   Rumba: género musical cubano. Su estructura presenta dos partes: la primera eminentemente narrativa; la segunda se presta más al baile. Existen tres formas principales: el yambú, la columbia y el guaguancó. Se diferencian entre sí por el ritmo y el estilo del baile.
   Los instrumentos habituales para ejecutar la rumba: tres tambores abarrilados (tumbador, tres golpes o tres-dos y quinto) y un par de claves para marcar el ritmo.


   Guaguancó: es de carácter urbano. Todos los temas que tocan la vida del negro han quedado plasmados en sus letras. Actualmente a la parte cantada se le agrega una “rumba del guaguancó” pero muchos sostienen que el guaguancó propiamente dicho es sólo lo narrativo.

INSTRUMENTOS PARA PAPINES
   Existe un “guaguancó-a-lo-Papines”. Ellos le han ido incorporando a la forma tradicional toques e innovaciones. Esto hace que la rumba les suene distinta. Principales cambios: golpes nuevos en el tambor tumbador, efectos en el tres-dos y la creación de un instrumento: la cajita musical.

   La cajita incluye un par de bongoes, dos campanas (cencerros) y una caja hueca de madera. Todo esto montado sobre una pata giratoria de hierro que es lo que da el vibrato necesario. Para tocarla, dos baquetas de batería. Jesús está estudiando la incorporación de una caja de redoblante, un platillo de pie y otro de mano. Del experimento saldrá algo así como una batería cubana.

   Ricardo Papín, Luis y Alfredo tocan las tumbadoras. Alternan ocho en total, de diferentes tamaños y sonidos. Construidas especialmente para el cuarteto según una idea que se explica previamente al fabricante. Estas tumbas son mayores, más ahuecadas que las corrientes. Su madera proviene de barriles de vino español. Se deja al sol, aire, lluvia y sereno durante un tiempo. Hasta que coge el punto necesario. Unidas las tablas, se aplica por dentro una cola especial. Y cinta “tape” para mantener cierta sonoridad. Llevan en su interior un aro de hierro. Éste hace que el tambor no se abra y mantenga siempre el mismo tamaño.

TÉCNICA EN LAS VENAS
   Cualquiera agarra una tumbadora y se le llenan las manos de callos. A Los Papines no. “Eso es técnica”, dice Alfredo. Muy difícil de enseñar y aprender. Hay que nacer con un 80 por ciento de técnica en las venas.

   Papín fue tumbador de una compañía de revistas, recorriendo 28 estados de los EEUU. La influencia del show norteamericano es evidente en Los Papines. Han logrado incorporar esa onda a su actuación, llena de “lo cubano” además. Virtudes del grupo.
   Su número incluye todo cuanto se puede hacer sobre un escenario. Presentación en cinco idiomas y de ahí en adelante tocar instrumentos, cantar, bailar, actuar. Hacer pantomimas, acrobacia, efectos vocales, imitaciones… De todo hasta el infinito. Duración habitual: entre quince y treinta minutos. ¿Qué es duro? Se sabe. ¿Que cómo lo logran? Con talento y mucho trabajo. ¿Que cómo les sale? Formidable, sin duda.
   Los Papines, a cinco años de su estreno, están en la cúspide de  su desarrollo creativo. Usted, como espectador, puede esperar cualquier cosa de ellos. Menos que le aburran.

UN REPERTORIO ASÍ DE GRANDE
   El repertorio de Los Papines es enorme. Lo serio, lo cómico. Lo intrascendente, romántico o inesperado. Veamos como ellos describen algunos de sus temas actuales.
   “Te canta mi tambó”:

   -- El negro enamorado pide a su tambor que le lleve un mensaje a su muchacha.
   “Muriéndome de risa”:

   -- Un guaguancó extraño en que usamos el bombo chico. Suena así: kokon-kon-kin-ki.
   “Pa los rumberos”:

   -- Nuestro caballo de batalla. Le ponemos y quitamos cosas. Quien lo oyó hace seis meses ya no lo conoce porque siempre lo vamos cambiando.
   “Vocablo musical”:

   -- Cualquier canción de moda. Luis la canta en serio y los demás lo acompañamos con efectos vocales. Por ejemplo: bata bata cum cum, bele bele, cuba kin kin.
   “Yo quiero reír”:

   -- Sirvió para que estrenáramos en Cuba el baile del shake.
   “Tasca Tasca”:
   -- Estábamos en una fiesta en Luyanó y se formó el chisme. Hubo que hacerle un poco de crítica a la gente chismosa.

   “Tus 16 años”:
   -- Esto lo hicimos en televisión. Consiste en sumarle rumba al disco de Charles Aznavour. Es un fenómeno. Si Charles lo oye, estamos seguros de que se vuelve loco.


   -- Por ahí palante cualquier cosa cabe. Nosotros hemos hecho de todo. Tocamos las tumbadoras con las manos, los pies, los codos, la parte de atrás de las manos, las yemas de los dedos, las uñas, los nudillos, el puño, ¡la nariz! En su posición normal y además en el suelo, montados sobre ellas a caballo. También las tocamos con la correa amarrada al cuello.


   -- Cantamos a cuatro voces cuando el número lo requiere. Tocamos rumbas antiguas “del tiempo de España”. A veces usamos cajitas de madera, bombos, maracas, güiro o un carrito con ruedas donde se cuelgan botellas de licores. Las botellas se golpean con hierritos o alambres de percheros. Ahora hemos montado un número simulando el juego del tenis de mesa, con una pelota de mentiritas, que es un vacilón.
   -- Una noche en Canadá, Papín nos anunció que en su solo iba a apretar de verdad. Como ya a nosotros nos queda poco por inventar, nos inquietamos. ¿Qué iría a hacer este hombre? ¡Muchacho! Se tiró al suelo y le sacó tremendo sonido a las tablas del escenario. El público nos aplaudió como nunca.

ABREU, DE LOS POCITOS
   Los Papines son Ricardo (33 años), Luis (28), Alfredo (24) y Jesús (22). Los cuatro varones –hay siete hijas más- del matrimonio Ricardo Abreu y Herminia Hernández.

   De niños, los Abreu vivían en General Capote 152, pleno Los Pocitos, barrio duro de Marianao, municipio limítrofe con La Habana. En Los Pocitos, territorio humilde, la música era un escape. Allí siempre se estaba tocando rumba. De la zona surgieron nombres importantes como Chabolo, Alambre, Eustaquio, Macho Mumba, Octavio el Negrito y el más grande de los rumberos, Chano Pozo, quien llegó a alcanzar celebridad internacional.

Yo soy gangá, yo soy lucumí,
yo soy gangá, yo soy lucumí...
(Canto de una comparsa de Los Pocitos)
   Los muchachos se colaban en los rumbones o fiestas, a mirar. Soñaban con las tumbadoras. Si algún tamborero se levantaba un momento, uno de los menores aprovechaba y ocupaba su lugar. Pero enseguida venía un mayor y le quitaba la tumba de las manos:
   -- Eh, ¿y ese relambimiento?
   Era extraño que a alguien le enseñaran a tocar. Para aprender: ver, oir, fijar. Así se formaron los Abreu.


RUMBA EN EL QUIBÚS
   Hay que hablar de los encuentros fraternales en las márgenes del “río” Quibús, en Marianao. A mediados de la década del 50, allí se reunían cada domingo hasta treinta muchachones, amantes de la rumba. Propósito: una fiesta con comida y bastante bebida.

   El alma de aquello era Fuico quien, a pesar de ser blanco, era un excelente cantante de guaguancó. Éste iba temprano en la mañana y con ramajes preparaba una especie de cueva en el bosque. Así la fiesta se escondía de los sapos o curiosos. Al mediodía llegaba el personal. Se tocaba y cantaba. si alguien cogía un tono demasiado alto con la cerveza, se refrescaba en el río. La cocinera era Miguelina, gran rumbera, quien tenía la particularidad de bailar mientras guisaba.

Esta rumba se ha formado de a hombre,
respetando a las mujeres de los hombres.
(Rumba de Marianao)
   Los hermanos Abreu eran puntos fijos en el Quibús. De allí salió su primer grupo, Papín y sus Rumberos. Años 57 y 58. Siete integrantes, tres de ellos cantantes. Bailes, giras, radio y alguna que otra vez televisión. Lo único que queda es un disco de larga duración con doce números incluyendo “Mi quinto”, “María la O” y el éxito “Los Rosales”, un tango en tiempo de guaguancó.
   Tres de los cuatro, percusionistas, actuaban con las orquestas de los cabarets de primera. Alfredo en el Parisién, Luis en Sans Souci, Ricardo en Tropicana. Jesús estudiaba Secundaria Básica.


LOS ABREU SE METEN A PAPINES
   Las primeras veces que actuaron juntos: descargas dominicales en Tropicana. El Club Cubano de Jazz presentaba allí a importantes intérpretes como Frank Emilio, Leonardo Timor, Philly Joe Jones y Sarah Vaughn. Los Abreu, con sus tumbadoras, resultaban un tanto extraños en aquel ambiente. El guaguancó entró al jam session. El éxito fue rotundo.
   -- Aquel fue nuestro primer apretón.


   Los amigos les animaban. Sonia Calero y Roberto Rodríguez los incluyeron en su show “Canciones en la noche”, del Parisién del hotel Nacional. Eran ya Los Papines. Trabajaban con la orquesta acompañante y tenían su parte en la revista. Allí comenzó aquello de hablar imitando a las tumbadoras, que tanto impacto causó en el público.


EL PRIMER VIAJE
   Un año en el Parisién. Radio y televisión. Los Papines fueron ya reconocidos. En mayo de 1963, la radiotelevisión cubana envió una delegación de saludo a la República Democrática Alemana. Amaury Pérez les llamó para integrarla. La idea era estar sólo dos semanas. Viajaron cinco meses por Europa. Con ellos Ramón Veloz y su grupo, Las D’Aida, Mayda Limonta, el combo de Rafael Somavilla…

   Alemania, un mes y medio. Televisión. Corto musical que alcanzó premios. Teatro de revistas “Friedrichstadt Palast” de Berlín.
   URSS, dos meses. Leningrado, Jarkov, Rostov y, naturalmente, Moscú.
   Checoslovaquia, veinte días. Praga, Bratislava, gira por el interior.


   -- El baterista del Palast de Berlín era un tipo bravo. Montamos un mano a mano. A su manera, respondía a todo lo que nosotros le poníamos. Tocaba hasta en las lunetas del teatro. Una noche Papín lo gozó. Al final del número cogió una gota de sudor, la tiró al suelo y la empezó a pisotear con ritmo. Qué va, el hombre se rajó ahí mismo.


OTRA VEZ AFUERA
   De Praga a La Habana. “Noche de estrellas” en el Capri junto a Los Meme. “A lo Riviera” en el Copa. Actuaciones en el Teatro Musical de La Habana.

   Temporada en el Amadeo Roldán, donde les vio el francés Bruno Coquatrix, empresario del teatro Olympia de París. Resultado: ingreso en el Gran Music Hall de Cuba con salida a mediados de 1965. Veintidos días en el Olympia. TV desde Francia para Eurovisión.

   -- Una noche en París, antes de nosotros, tocó actuar a un señor gordo, cómico francés muy conocido. No sabíamos quién era. El caso es que fue llevando y llevando al público de tal manera que éste se reía más y más. Cuando terminó, no lo querían dejar ir. ¡Y nosotros íbamos detrás! Salimos a escena con tremendos nervios pero ¡qué empeño le pusimos, mi hermano! Cuando acabamos, la ovación nuestra se podía comparar con la del gordo. Nos sentimos los artistas más grandes del mundo.

   -- Las coristas del Lido son un fenómeno. Yo no había visto mujeres como aquellas. Lindas, seis pies de altura y dan diez vueltas en un segundo. Las veía y no las podía creer.

   De París a Polonia, Berlín y la Unión Soviética. Cinco meses.
   -- Los soviéticos son nuestros. Hacemos lo que queremos con ese público. Se han portado muy bien con nosotros. Les estamos muy agradecidos.


EL TERCER VIAJE
   Show “Variedades de La Habana”. Salida, junio del 66. Regreso, octubre. Con Los Modernistas, el combo de Eddy Gaytán, los Veloz, Rosita Fornés.


   -- Rosita es la primera. A veces actuábamos al aire libre, había frialdad y sintiéndose mal de voz, nunca dijo que no. Nos dejó impresionados por su capacidad de trabajo.

   Actuaciones en la URSS de nuevo. Bulgaria, donde alternaron con Lili Ivanova. Rumanía, cerca de un mes. Hungría, quince días.

   -- En Bulgaria, al finalizar un programa de televisión, unos pioneros nos pusieron sus pañoletas. Nunca nos lo habían hecho a nosotros. La emoción fue grande. Bajo los aplausos te pones a pensar en Cuba y te entran ganas de llorar.

LA TAPA AL POMO
   Delegación artística a la Semana de Cuba en la Expo 67, Montreal. “Fiesta cubana” en el teatro Maissoneuve.


   -- Canadá fue la tapa al pomo. Hacíamos “El cumbanchero” y “Pa los rumberos”. Conversábamos con el público en inglés y francés. La crítica nos llevó bien. La verdad: apretamos fuerte. Y no te creas que la cosa es un jamón, que por el hecho de llevar una tumbadora y sonarla ya te aplauden. Allí en cualquier vidriera venden tumbas y hace mucho tiempo que los cubanos y puertorriqueños están tocando buena tumbadora en el Norte.
   -- El día 26 de julio, en la Plaza de las Naciones, formamos –con compañeros de la Orquesta Cubana de Música Moderna- una gran conga. Había un cordón. De ahí pafuera no se podía pasar. Pues arrancó el congón y no hubo ya quien parara la música. Dos kilómetros atravesando la Expo. Y miles de personas bailando detrás de nosotros. Pero, ¿qué fue aquello?, ja, ja, ja.


EL QUINTO VIAJE
   -- Esperamos salir pronto de nuevo al extranjero. Y volver a traer para Cuba un carretón de aplausos, como las otras veces. Porque, perdonando la inmodestia, lo de nosotros no es quincalla; es ferretería.



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N    O    T    A    S

(1)   A mediados de los 60, el Amadeo Roldán reinaba sobre el otro gran teatro de la capital, que entonces se llamaba Chaplin, pertenecía al ICAIC y estaba dedicado a proyectar películas. Faltaba una década para que el Chaplin fuese rebautizado como Karl Marx, pasara al Ministerio de Cultura y le arrebatara el cetro de las variedades musicales al Amadeo.

(2)   Durante años, Los Papines trabajaron frecuentemente con Celeste Mendoza. Ellos tendrían un papel fundamental en el especial que yo le estaba preparando a la reina del guaguancó para celebrar su regreso a la televisión tras estar varios años censurada. Pero el programa no se pudo hacer porque me comunicaron que ella continuaba planchada.
Los Papines y Celeste Mendoza: "Qué será de mí" / "Ensalada de guaguancó" (en youtube)
   En 1997, grabaron en la EGREM “El reino de la rumba”, que sería el último disco de ella.


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