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martes, 8 de diciembre de 2015

PRADO Y ÁNIMAS, EL PALACIO DE LOS MATRIMONIOS

   El imponente edificio neorrenacentista de la esquina de Prado y Ánimas, construido en la segunda década del siglo XX, fue sede durante medio siglo del Casino Español de La Habana.
   Al triunfo de la revolución, el gobierno lo expropió justificando su decisión con el argumento de que en Cuba debían desaparecer las sociedades que discriminaban, aquellas a las que sólo podían acceder los sectores de la población que cumpliesen sus requisitos de admisión.
   Años después, el gran inmueble fue convertido en un sitio dedicado a celebrar bodas, al estilo de los palacios de los matrimonios que existían en la URSS y otros países socialistas europeos.

   Allí nos casamos Loly Buján y yo el miércoles 4 de febrero de 1970.
   En la foto de arriba aparecen los familiares (Lolita, Susa...) y amigos que nos acompañaron aquella tarde. Entre ellos, la actriz Dulce Velasco, el actor Rafael Díaz y el director de cine Rigoberto López.
   En la foto de abajo, de izquierda a derecha: Germán Pinelli, Antonio Vázquez Gallo, Sarita Reyes, Fidel Morales, Antonio Miguel Sánchez, Lidia Sánchez, Tony Fernández, Josefina de Zayas, Rafael Díaz, Loly Buján, Germán Navarro, Yin Pedraza Ginori, Rigoberto López y Cary.

   Tres años antes yo había escrito un reportaje sobre el Palacio de los Matrimonios que fue publicado en el número de mayo del 67 de la revista Cuba (1) (2). Lo reproduzco a continuación.


UN PALACIO PARA QUE ELSA SE CASE
Por Pedraza Ginori
Fotos: Orlando García

EL MATRIMONIO: RADIOGRAFÍA
   En castellano, italiano y portugués: matrimonio. En francés: mariage. En inglés: marriage. En alemán: ehe, eirath. En esperanto: edzigo.
   Etimología: del latín matrimonium. Unión de un hombre y una mujer libres, con arreglo a derecho. (3)

   Matrimonio de Conciencia: el que por motivos graves se celebra y tiene en secreto.
   Morganático: el contraído entre un príncipe y una mujer de linaje inferior o viceversa, en el cual cada cónyuge conserva su condición anterior.
   In Extremis: el que se verifica cuando uno de los contrayentes está en peligro de muerte.
   Putativo: efectuado entre personas que ignoran la existencia de impedimentos que hay para contraerlo, hasta después de haberlo celebrado.
   Yurras: el que se celebra sin presencia de autoridad o testigos.

   Refranes:
   Matrimonio y señorío no quieren furia ni brío.
   Matrimonio y mortaja del cielo bajan.
   A la boda de Don García lleva pan a la capilla
   En día martes ni te cases ni te embarques

   Costumbres de la antigüedad:
   En China el matrimonio era un contrato celebrado entre los padres de los contrayentes y éstos con frecuencia no se conocían hasta el mismo día de la boda.
   El Código Brahman, de la India, dice: “El consorte y su esposa constituyen una sola persona”. La ceremonia empezaba con la bendición del fuego, que se encendía con madera sagrada. El padre lavaba los pies de su yerno con el agua que le servía la suegra.
   Entre los hebreos, el rabino presentaba el vino sagrado a los casados, bebían éstos y el marido arrojaba el vaso contra el suelo, siguiendo luego la comida de bodas en la que se servían siempre aves, en particular una gallina, que se colocaba delante de la esposa en señal de fecundidad. Terminado el festín, los novios eran conducidos al lecho nupcial.
   Con arreglo a la religión de Zoroastro, en Persia los novios se colocaban en la cámara nupcial y sobre una cama, uno al lado del otro. El sacerdote unía las manos de los contrayentes esparciendo granos de arroz mientras recitaba las oraciones sagradas.
   Entre los primeros musulmanes la sangre de un cordero degollado por el esposo consagraba la unión.

   En Grecia, como en Roma, el matrimonio tenía por fin fundamental buscar sucesores en la familia que perpetuasen el culto doméstico.
   Para los griegos el himeneo constaba de varias ceremonias que se iniciaban en la casa paterna y terminaban cuando el esposo cargaba a su mujer para que sus pies no tocasen el umbral de su habitación conyugal.

   Algunos fines del matrimonio: felicidad mutua, satisfacción del instinto genésico, moralización del amor, procreación, educación de la prole, auxilio recíproco de los cónyuges, vida en común, complemento sexual.

50 AÑOS DÁNDOSE SILLÓN
   A principios de siglo, algunos enriquecidos burgueses criollos y españoles radicados en la capital se apoderaron de la esquina de Prado y Änimas. En uno de los más céntricos lugares de entonces, a la sombra de los corpulentos árboles del famoso paseo, hicieron construir un impresionante edificio de tres plantas: el Casino Español de La Habana.
   Allí, durante cincuenta años estuvieron bailando, jugando a las cartas, bebiendo, celebrando el cumpleaños del rey de España o las bodas de alguna infanta, dándose sillón y matando el tiempo en su exclusiva sociedad, apartados de los blanquitos sucios y de la gente de color.
   Todo iba bien. Los socios se disponían a disfrutar del Casino otros cincuenta años. Pero, la primera madrugada de 1959…

UNO CINCUENTA PARA SELLOS
   1.50 pesos solamente. Sí, señor. Eso cuesta una boda en el Palacio de los Matrimonios de Prado. 1.50 para los sellos de los documentos. Sólo el buffet y las fotografías se cobran. Lo demás es gratis: automóvil, brindis, flores, música y el palacio: alfombras y tapices de lujo, jarrones, espejos, lámparas colgantes, brillantes pisos encerados, escaleras de mármol…
   El Palacio fue inaugurado el 23 de agosto de 1966 por iniciativa del ministro de Justicia, Alfredo Yabur.
   Los novios pueden elegir entre los tres salones disponibles: el Rosa, el Verde y el amplio y majestuoso Salón Dorado. Dentro de poco habrá un nuevo salón: el Colonial Cubano.

El Gran Salón Dorado
   El INIT (Instituto Nacional de la Industria Turística) mantiene allí un comedor donde se sirven los buffets. Estos incluyen el tradicional cake, pollo empanado, gelatina de pavo, bocadito de lasca, camarón rebozado, medallón de langosta y otras golosinas. Para beber: cerveza, ponche, refresco, daiquirí y la clásica sidra de los novios. Los precios fluctúan entre 80 centavos y 4 pesos por usuario. Es posible atender hasta 200 personas al mismo tiempo.
   En el Palacio se han celebrado ya 2500 bodas. Promedio: 14 diarias. Los sábados y domingos hay cerca de 30 cada día. Duración aproximada de cada una: 15 minutos. El mes de mayor actividad: diciembre. El 17 de diciembre de 1966 se celebraron 66 bodas.

   ¿Por qué se casan aquí?, preguntamos a varias parejas.
   -- Porque es más elegante.
   -- Porque es bueno, bonito y barato.
   -- Un primo mío se casó aquí. Nosotros vinimos a su boda y vimos cómo era esto.
   -- Mi novia quiso. Estaba craneada con el Palacio.
   -- Esto tiene tremendo caché.


ELSA NO QUERÍA PERDER TIEMPO
   Del brazo de su padre, Elsa -18 años, gordita, vestida de blanco- entra como Pedro por su casa al Palacio de los Matrimonios. En el momento más importante de su vida no parece nerviosa.
   -- ¿Ya están todos? –pregunta el coordinador Ricardo Asa.
   En el salón de espera, los novios, familiares, testigos e invitados se miran entre sí.
   -- Sí, ya estamos listos.
   -- Pues pueden ir subiendo.
   Mientras el grupo asciende por los pulidos escalones, debajo de un cuadro de Colón descubriendo América, Asa se vuelve y nos dice:
   -- Ésa va a ser una boda bonita. La novia es una muchacha muy simpática.

   La simpática es Elsa. Hace dos días se apareció en las oficinas del palacio, sacó del fondo de un bolso enorme varios papeles arrugados –certificaciones de nacimiento y soltería- y, mientras sonreía a todos los presentes, exclamó:
   -- Quiero casarme aquí.
   -- Está bien –contestó la empleada-. ¿Qué fecha te damos?
   -- Pasado mañana. Mire, yo sé que es pronto pero necesito casarme este viernes. Póngase en el lugar mío. Mi novio está en la zafra, le han dado permiso y no podemos perder tiempo.

   Hace tres meses, mientras realizaba trabajo voluntario en una granja de los alrededores de Candelaria, Elsa tuvo necesidad de ir al pueblo a unos mandados. Salió a la carretera decidida a cogerle botella al primer vehículo que se acercara. Poco después apareció un camión cargado de cañas. Ella hizo señas al conductor.
   Esta tarde a las cinco, el chofer del camión cañero, Julián, esta sentado junto a Elsa, ambos frente al doctor Puebla, notario que los casa.
   -- Hacen una linda pareja –comenta alguien.

   EL FUNCIONARIO ACTUANTE LEYÓ LOS ARTÍCULOS 56 Y 57 DEL CÓDIGO CIVIL…   Artículo 56:
   Los cónyuges están obligados a vivir juntos, guardarse fidelidad y socorrerse mutuamente.

   -- ¿Oíste bien? –pregunta el notario al novio, provocando risas.
   Artículo 57:
   Los esposos deben protegerse mutuamente y guardarse las consideraciones debidas.
   …DESPUÉS DE LO CUAL, PREGUNTÓ A CADA UNO DE LOS CONTRAYENTES SI PERSISTÍAN EN LA RESOLUCIÓN DE CELEBRAR EL MATRIMONIO Y SI EFECTIVAMENTE LO CELEBRABAN…

   -- Elsa, ¿usted persiste?
   -- ¡Ay, cómo no!
   -- ¿Y usted, Julián?
   -- Sí, señor.
   -- Óigame, son porfiados estos muchachos.
   Más risas.
   …RESPONDIENDO AMBOS AFIRMATIVAMENTE POR LO QUE EL FUNCIONARIO ACTUANTE…
   -- Cualquiera de los presentes que conozca algún impedimento, que hable ahora o calle para siempre.


   Llega el momento de las firmas de novios y testigos.

   -- En nombre de la sociedad socialista que se construye, les declaro casados. La sociedad socialista proclama y consigna en la práctica la igualdad de derechos y obligaciones entre marido y mujer. Proclama también que el respeto, la protección y la fidelidad son recíprocos en el matrimonio.
   Ya es tuyo, Elsa, ya lo enganchaste. Desde ahora podrás decir “mi marido esto” y “mi marido lo otro”. Estás contenta, ¿verdad?

   -- Los declaro unidos en matrimonio. Que sean muy felices.

   Puebla les estrecha las manos a los novios. El fotógrafo, siguiendo su guión, les hace intercambiarse los anillos, que ya traían puestos, y besarse dos veces en las bocas.
   -- El novio de frente a la novia con una mano en la cintura y la otra mano…

   Julián se guarda en el bolsillo una tarjetica que indica el folio y el tomo en los que se ha inscrito el matrimonio. Los invitados reparten abrazos, besos y apretones de manos. Una amiga se acerca a Elsa:
   -- Ahora, Elsi, a sacar la mano que te pica el gallo.

   Los recién casados y su grupo se van. Pero el salón no queda vacío muchos minutos. Apenas el notario ha tenido tiempo de encender un cigarro cuando escucha una voz que llama:
   -- A ver, los de la boda que viene ahora: Efraín Romualdo Peña Martínez con Lázara Margarita Caridad Pérez Poveda.

   -- Somos nosotros.
BUENO, Y A TI ¿QUÉ TE PARECE ESTO?
   Patria Olano, administradora del Palacio.
   -- Queremos mejorar cada día más nuestros servicios al pueblo. Que las parejas que se casen aquí salgan complacidas. Que sepan que si el día de su boda es importante para ellos, también lo es para nosotros.


   Doctor Esteban Puebla, abogado y notario.
   -- Cuando llegan, los contrayentes vienen serios, nerviosos, impresionados. Casi siempre les digo algo jocoso para romper el hielo. Así entran en confianza y la boda se hace alegre. Como debe ser, ¿no?

   Ricardo Asa, superintendente del edificio y coordinador de las bodas.
   -- Me toca orientar a todo el que entra sobre horarios, salones y toda la información de los matrimonios que se van celebrando. A veces tenemos mucho público, sobre todo los fines de semana. Tengo que mantener la amabilidad y no perder la tabla. El día de las sesenta y pico bodas por poco me vuelvo loco.

 
   Un médico joven, novio.
   -- Estudié en la URSS y visité el Palacio de los Matrimonios de Moscú.
   -- ¿Podrías comparar ambos?
   -- Ahora mismo no, porque acabo de llegar aquí. Le diré dentro de un rato, cuando me haya casado.
   Después, en medio de su fiesta, no hubo forma de hablar con él.

   Una recién casada, 19 años.
   -- Vine desde el reparto La Lisa a casarme aquí. Me parece un sueño haber tenido este lujo el día de mi boda.

   Dolores, madre de un novio.
   -- El Palacio es una maravilla. Todos en mi casa somos revolucionarios. Ponga ahí que me llamo Dolores García y soy miembro de los CDR.


   Es frecuente ver allí a contrayentes que residen en el interior de la república. Existe el propósito de crear instituciones similares en cada provincia.

   Fragmento de la carta de una estudiante camagüeyana:
   “Deseo que ustedes me contesten si es posible que una persona que vive en Camagüey puede casarse en tan regio palacio”.

   Ignacia Espinosa, 23 años, invitada.
   -- Se ve todo tan bonito. Yo quisiera casarme aquí. Aunque para qué le voy a andar con cuentos; con tal de casarme yo lo haría en cualquier lado. 

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Mis primos, Nora Avés y Nelson Harrington,
casándose en el Palacio de los Matrimonios del Paseo del Prado.
Septiembre de 1969.

N    O    T    A    S
(1)   Para escribir el reportaje que acaban de leer, visité varias veces el Palacio. En la última de ellas, me pasé allí todas las horas en que la instalación se mantuvo abierta al público, presenciando el comportamiento de la gente que acude a una boda: novios, familiares e invitados.
   Fui testigo de las emociones de varias parejas durante unos momentos que seguramente no pudieron olvidar nunca. Comprobé que la alegría y la felicidad, aunque estén teñidas por el nerviosismo y la inquietud, son dos de los mejores sentimientos del ser humano.
   Pero no todas las ceremonias que me tocó presenciar aquel día fueron dichosas. Por la mañana, cuando el Palacio estaba vacío, tuvo lugar una boda de las que los empleados llamaban “secretas” y yo le añadiría el calificativo de “desgraciadas”.
   Él era un chico de 16 años y ella una muchachita de 14, que aún mantenía el aspecto de niña. Me llamó la atención la hora, 11 a.m., y el que sólo acudieran los novios y un par de personas más, los cuatro vestidos como para ir al mercado. Todos con caras serias, como si el estar allí fuera para ellos un trago amargo.

   Los pocos minutos que duró el acto, fueron tensos, desagradables. El notario se limitó a leer los artículos del Código Civil y a formular las preguntas de rigor, sin hacer comentarios jodedores. Nadie sonrió. Los “sí, quiero” se pronunciaron en voz baja, entre dientes. No hubo beso, ni fotos.
   Al llegar el momento de las firmas, como no había más nadie, me pidieron que yo fuera uno de los dos testigos. El otro fue un empleado del Palacio.
   Cuando todo terminó y se marcharon, intrigado, pregunté. Me informaron que los padres de ella, los dos que habían estado presentes, afirmaban que él la había engatusado para violarla, dejándole como consecuencia un embarazo. Y los habían obligado a casarse.
   Estas bodas, de compromiso, no eran habituales pero tampoco inusitadas. Ocurrían en un sitio concebido para que fuese marco de momentos felices pero que se podía convertir, de vez en cuando, en lo contrario.

(2)   ¿Y cómo ha evolucionado en Cuba el matrimonio? El 6 de noviembre de 2010 apareció publicada una crónica sobre este tema en la web del periódico Juventud Rebelde. Resulta interesante leerla para comprobar cómo la sociedad ha ido cambiando y cómo enfrentan nuestros jóvenes de hoy las relaciones sentimentales. Pueden acceder a ella, pulsando este enlace:
SE ACABÓ LA COLA EN EL PALACIO DE LOS MATRIMONIOS

(3)   A mediados del siglo XX, el matrimonio era definido como
"unión de un hombre y una mujer". A nadie se le hubiese ocurrido en aquella época llena de convenciones y prejuicios, que dos personas del mismo sexo pudiesen casarse. Hoy en día, muchos de los absurdos en los que se vivía han sido superados y una veintena de naciones reconocen legalmente dichas uniones.
   Según una información del periódico español La Vanguardia, del 27 de junio de 2015, el primer país que legalizó las uniones matrimoniales entre parejas homosexuales fue Holanda en el año 2000. Bélgica fue el siguiente, en 2003, mientras que Canadá y España lo hicieron en 2005.
   La lista se completa con Sudáfrica (2006), Noruega y Suecia (2009), Argentina, Islandia y Portugal (2010), Dinamarca (2012), Reino Unido (Inglaterra y Gales en 2013, Escocia en 2014), Brasil, Francia, Nueva Zelanda y Uruguay (2013), Luxemburgo (2014) y Finlandia, Irlanda y Estados Unidos (2015). Adicionalmente, México aprobó el matrimonio homosexual en algunas jurisdicciones en 2009, según la lista de países elaborada por el Pew Research Center.
   Cuba todavía no lo ha hecho. Sus autoridades aducen la peregrina tesis de que la sociedad cubana aún no está preparada para aceptar las bodas gays. Argumentación subjetiva, porque no ha habido un referéndum para saber qué opinan los cubanos sobre el tema.

   Además, resulta poco seria ya que al país se le han impuesto cientos de decisiones gubernamentales que no han sido consensuadas, ni siquiera consultadas previamente con la población. Algunas de ellas tan importantes como la participación cubana en guerras fuera de nuestras fronteras.

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