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sábado, 26 de enero de 2013

CÓMO ESCRIBIR LETRAS DE CANCIONES



PREÁMBULO
    Antes de abordar este asunto debo decir que no pretendo dar lecciones ni presumir de sabihondo. Lo que viene a continuación debe entenderse como una serie de experiencias personales que deseo poner a disposición de mis lectores por si les pueden ser de provecho.
   También me gustaría aclarar que voy a hablar de líneas generales y que, en lo que a arte se refiere, no hay ni un esquema que no se pueda romper, siempre que sea en beneficio de un propósito creativo y tengamos el talento suficiente para hacerlo. 

TENEMOS LA MELODÍA; HAGAMOS LA LETRA 
   Supongamos que disponemos de una melodía. No importa si la hemos creado o si un músico amigo nos la ha cedido. La redacción del texto que se ha de incrustar en ella para que ésta se convierta en canción es un proceso que transita, a mi modo de ver, por los siguientes pasos:

   a) La idea central, el concepto. ¿Cuál será el mensaje a transmitir? ¿Qué se quiere contar? ¿Es adecuada la melodía que usaremos para ser el vehículo de lo que queremos comunicar? Ejemplo de idea a desarrollar: El amor puede ser triste.
   b) El ajuste formal, el proyecto de integración con la melodía. ¿Cuántas estrofas tendrá?, ¿Qué parte repetiremos y cuál no?
   Hay dos o tres esquemas básicos que han dominado la cancionística desde hace muchos años. Uno de ellos es el clásico de cuatro estrofas en el que la primera melodía (A) se repite tres veces, cada una de ellas con texto diferente, y la segunda (B) aparece una vez. Podríamos representarlo gráficamente como A1 A2 B A3. Tras un puente instrumental, se vuelve a cantar la segunda parte, o sea B A3. Encontramos esta fórmula en innumerables boleros pero también en muchísimas canciones norteamericanas y europeas.
   Una variación de la citada norma es A1 B A2 B, la que hallamos en la mayoría de las baladas que se pusieron de moda durante los años 60 y 70 del pasado siglo, pero ya la encontramos en temas del filin cubano creados en los 40 y 50 y en obras de la llamada copla española.
   La incorporación de una estrofa C (a veces hasta una D) le da a la canción un cierto aire de variedad y frescura que viene muy bien para escapar de monótonas repeticiones en obras complicadas o de larga letra.
   En los bailables que integran el complejo cubano del son y la rumba, tras el uso de A y B, se acostumbra el uso de estribillos (un verso –a veces dos- repetido una y otra vez por el coro de cantantes) y sus correspondientes guías o inspiraciones (que son diferentes cada vez y son entonadas por un solista).
   En fin, existen diversas opciones. Deberemos usar la que mejor nos convenga para lograr nuestro objetivo que es entregar un mensaje, difundir el asunto central.
   c) La versificación en sí. ¿Cuáles son los versos que van a integrarse en las distintas estrofas, los que van a desarrollar el concepto? Ejemplo: la cantante nos expresa lo triste que se siente porque su amado está lejos.
   Aunque como toda regla, ésta ha sido rota muchas veces, la línea general al crear una letra es la misma que se sigue en la literatura, el teatro o el cine: planteamiento, nudo o desarrollo y desenlace. Creo que una buena canción ha de ir en su texto de menor a mayor, incorporar elementos nuevos que la hagan crecer de estrofa en estrofa hasta que, al finalizar, nos deje la sensación de obra terminada, de que a través de las emociones nos ha comunicado algo o nos ha hecho reflexionar sobre un tema.
   Les dejo una grabación de “Atravesé la vida”, con música de Soledad Delgado y letra mía. La canción fue creada en 1981 e incluida al año siguiente en “Desnudos”, el segundo disco que le produje a Soledad en la Egrem (Empresa Cubana de Grabaciones y Ediciones Musicales). La orquestación es de Jorge Aragón.
   Su esquema de texto es: A1 A2 B A3 A4.

A1
Atravesé la vida imaginando el día
en que tu mano tibia se posara en mí.
Sin que tú lo advirtieras, como paloma inquieta,
detrás de una quimera pensaba yo en ti.
A2
Herida en carne propia por el dolor más tierno,
entre canciones rotas que nunca canté.
Sin saber tan siquiera si al fin te encontraría,
atravesé la vida queriéndote.
B
Arroyuelo del cariño que inocente vas al mar,
no es lo mismo el agua dulce
que cuando ella tiene sal.
Nubecita que te posas ocultando la verdad,
no detengas mi camino hacia la felicidad.
A3
Atravesé cien calles con un ramo de rosas
para llevarte mi alma y entregártela
envuelto en los suspiros de flores tan hermosas
que al verlas no pudieras dejarme de amar.
A4
La gente me miraba y al pasar sonreía,
quién sabe cuántas cosas pensaban de mí, (1)
pero no me importaba nada que tu no fueras,
atravesé cien calles queriéndote,
atravesé la vida queriéndote.

    La pueden escuchar pulsando el siguiente enlace: 

DE DÓNDE SURGE UNA CANCIÓN 
   La construcción de una canción –entendida como la fusión artística de notas musicales y palabras- tiene varios orígenes posibles, pero los más habituales son los siguientes:
   a) Podemos partir de un poema ya escrito que deseamos musicalizar. En este caso es el compositor el que debe adaptarse a la letra preestablecida y trabajar sobre ella.
   b) Otra opción es ir armando letra y música al mismo tiempo.
   c) Y por último, partir de una melodía ya creada e incorporarle la letra.
   En los tres casos citados hasta ahora, tanto la música como el texto pueden –y deberían-, para su mejor acoplamiento, sufrir alteraciones durante el proceso de creación.
  d) Una variante de la opción c surge cuando debemos hacer una versión al castellano de una obra cuyo texto original está concebido en otro idioma. Si queremos mantener exactamente su mensaje (por ejemplo: en una canción que forma parte de una opereta o musical) deberemos trabajar con unos límites creativos bastante estrechos, como dentro de una camisa de fuerza. El margen de creación es mayor en casos de canciones sueltas, las que podremos versionar partiendo de su concepto general u olvidarse de éste y hacerlas totalmente diferentes al pasarlas a nuestro idioma.
   Las cuestiones que hemos señalado antes tienen un común denominador que yo recomiendo para obtener buenos resultados: hay que trabajar al estilo de los artesanos, probando ideas y opciones hasta hallar la óptima solución.

MI SISTEMA 
   Aunque he escrito alguna que otra canción con música mía, en la gran mayoría de las letras que he redactado he partido de melodías concebidas por otros autores que necesitaban completarse con un texto. Permítanme ahora explicar el método que uso, desde el punto de vista formal, en estos casos.
   Como no sé leer las notas escritas en un pentagrama –nunca pasé de las lecciones más elementales de solfeo- he tenido que ingeniármelas para retener la música que desconocía. Al principio de mi carrera de letrista pasé bastante trabajo ya que, como a todo el mundo, una melodía nueva se me olvidaba fácilmente. Así que fui perfilando una fórmula que consistía en aplicar a la frase musical que escuchaba un equivalente en palabras y/o números cuyos acentos correspondieran exactamente con los de las notas.
   Me explicaré con un ejemplo para que resulte más fácil entender este sistema. Tomemos una canción que todos conocemos. Se trata de “Quiéreme mucho”, con texto de Roger de Lauria y Agustín Rodríguez (2) sobre una música de Gonzalo Roig. Imaginemos que no tiene letra y que oímos por primera vez la melodía de su primera frase: “Quiéreme  mucho,  dulce  amor  mío”
   Dicha oración la partiremos en 10 fragmentos o sílabas musicales, desglosadas atendiendo a sus acentos. Sería: 
1: Quié  2: re  3: me  4: mú  5: cho,  6: dúl  7: ceá  8: mor  9: mí  10: o
  

   Como vemos los acentos musicales aparecen en los fragmentos 1, 4, 6, 7 y 9. Si eliminamos las palabras, éste sería su esqueleto:
__´  __  __  __´  __      __  _´_  __  

   Pues le vamos incorporando a bote pronto (y sólo con la intención de recordar posteriormente la música) palabras y/o números que sean equivalentes a las 10 sílabas en que hemos dividido la frase. De esa manera nos quedará algo así como: 
“Fuerza del nueve, que yo te canto” 
O sea: 
1: Fuér  2: za  3: del  4: nué  5: ve,  6: qué  7: yó  8: te  9: cán  10: to 

   Ya sé que el resultado es un disparate. Pero nos sirve para saber cómo es la estructura de la frase musical en lo que a acentos se refiere y esto es muy conveniente a la hora de incorporarle más tarde las palabras definitivas.
   Este procedimiento me ha dado muy buen resultado ya que no he tenido que memorizar melodías –lo que siempre implica alto riesgo de olvido- ni tampoco repetir la grabación una y otra vez, lo que resulta cansino. Simplemente, al escuchar la música por vez primera voy anotando en un papel el esquema de cada frase y rellenándolo con palabras absurdas y provisionales. Después, a la hora de componer el texto final, voy reemplazando dichas palabras por las que creo adecuadas. (3)

CONSEJILLOS
   ---Si alguien me pidiese un consejo sobre la redacción para canciones, le diría que desconfiara de eso que llaman inspiración. Esa letra que nos brota rápida y entera de una vez, generalmente está llena de lugares comunes y defectos y solamente nos es útil como punto de partida. Hay que trabajarla en rigurosas sesiones de ajustes y mejoras de las que, si somos serios, nunca saldremos satisfechos del todo.
   ---Respete la música con la que está trabajando. Sobre todo su acentuación. No la viole metiéndole a la fuerza, por el sólo hecho de que le parece buena, una frase literaria que no encaja.
   ---Piense que hay que aportar algo distinto. Si usted va a decir “te quiero” no se conforme con escribir “te quiero”. Ha habido miles de canciones que ya lo han dicho y si usted lo repite tal cual la gente se va a morir de aburrimiento y la canción va a resultar mediocre. Exprímase un poco –o mucho- el cerebro y busque una manera distinta de expresar lo que quiere decir.
   ---Tenga siempre a mano el diccionario de sinónimos y antónimos. El idioma castellano está repleto de ellos y son una mina de ideas y sugerencias para enriquecer su texto.
   ---Piense en el cantante. No le complique la vida con palabras -o combinaciones de palabras- dificiles de pronunciar. Facilítele la interpretación.
---Aunque se parecen, un autor de letras es una cosa y un poeta es otra. Solamente coinciden cuando hay mucho talento en una sola persona y eso se da muy pocas veces. En general, la gran mayoría de los letristas somos gente normal, no excepcional. Así que no se ande por las ramas y trate de enviar su mensaje utilizando las mejores imágenes literarias que se le ocurran pero sin perder de vista que debe hacerlo de manera que conecte con su destinatario. Si complica demasiado sus frases, si se refugia en subterfugios y meandros poéticos, le saldrán ripios que nadie entenderá y su mensaje, lo que desea transmitir, se habrá evaporado.
   Vamos, digo yo.
______________________ 

N   O   T   A   S
   
(1) Aquí, si me estoy refiriendo a una palabra en singular como "gente", debía haber escrito "quién sabe cuántas cosas pensaba de mí". Pero he utilizado lo que se llama una "licencia poética" y he usado el plural "pensaban" refiriéndome a las personas que forman "la gente". Me pareció más efectivo, más gráfico para la expresión de mi idea. Las licencias poéticas aparecen en muchas canciones aunque yo las uso poco.

(2) Es demasiado frecuente, casi una práctica habitual, que los autores de las letras no sean mencionados cuando se escribe o se presenta la canción. Se trata de un olvido, muchas veces provocado por la inconsciencia o la ignorancia, que impide el reconocimiento público de los coautores.
   La criolla “Quiéreme mucho” es un buen ejemplo de lo que decimos. Muy conocida en todos los países de habla castellana, su texto es atribuido generalmente a Gonzalo Roig, creador de la música.
   En realidad la primera estrofa, la que comienza con “Quiéreme mucho, dulce amor mío” fue escrita en 1917 por el poeta Ramón Gollury, quien firmaba sus obras con el seudónimo de Roger de Lauria. La segunda parte del texto, la de “Cuando se quiere de veras”, había sido creada antes –en 1915- por el teatrista y empresario Agustín Rodríguez. Una historia bien curiosa que pueden ampliar en el siguiente vínculo, donde se reproduce una entrevista con el maestro Roig: 

(3) No pretendo alardear de original con este método ni sugerir que inventé la Coca-Cola. Es bastante probable que alguien haya usado antes que yo lo de comenzar a crear el texto inventandose una letra absurda o usando números en lugar de palabras. Pero puedo asegurar que nadie me enseñó ese truco y fue producto de mis reflexiones para resolver un problema que se me presentó.

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