En esta pieza del blog y en las dos siguientes, voy a transcribirles el reportaje que redacté para la revista Cuba Internacional sobre el II Festival Internacional de la Canción Popular Varadero 70, un evento cultural que produjo un gran impacto en la isla.
La gran extensión del material me aconseja publicarlo en tres partes.
La que verán a continuación es la primera.
A la segunda se puede acceder pulsando el siguiente enlace:
El Blog de Pedraza Ginori > FESTIVAL VARADERO 70 (Parte 2): LOS INVITADOS HABLAN
La gran extensión del material me aconseja publicarlo en tres partes.
La que verán a continuación es la primera.
A la segunda se puede acceder pulsando el siguiente enlace:
El Blog de Pedraza Ginori > FESTIVAL VARADERO 70 (Parte 2): LOS INVITADOS HABLAN
El tercer segmento está disponible aquí:
El Blog de Pedraza Ginori > FESTIVAL VARADERO 70 (Parte 3): LAS MIL Y UNA NOCHES
Y como un plus, les incluiré también el documental de 27 minutos que el ICAIC filmó en el evento. Ver este vínculo:
El Blog de Pedraza Ginori > FESTIVAL VARADERO 70 (Parte 3): LAS MIL Y UNA NOCHES
Y como un plus, les incluiré también el documental de 27 minutos que el ICAIC filmó en el evento. Ver este vínculo:
A modo de introducción, para fijar el contexto social en que se celebró el festival, creo necesario incluir el siguiente texto:
PREÁMBULO
Al norte de nuestra provincia de Matanzas, en una península larga y estrecha que se adentra como un cuchillo en el Océano Atlántico, existe una playa maravillosa. Los cubanos, que nos creemos el ombligo del universo, estamos convencidos de que es la más linda del mundo. Allí, en noviembre de 1970, se celebró el II Festival Internacional de la Canción Popular.
Tan sólo unos meses antes, se había demostrado que no éramos tan invencibles como nos venían asegurando constantemente durante una década y que no bastaba con poner la nación patas arriba con slogans, discursos, movilizaciones y llamamientos a sacrificios colectivos para conseguir el propósito de construir la utopía en Cuba.
Aunque duró más meses que ninguna y llevó a los campos de caña a todo el mundo y su abuela, la Zafra de los Diez Millones de Toneladas de Azúcar, apenas raspó los ocho y va que chifla.
El choque con la realidad pura y dura que supuso el desastre de no alcanzar la publicitada meta, traumatizó al país. Un pesado manto de pesimismo nos cayó encima. Los que nos dirigían intentaron combatir la depre colectiva y nacional con más slogans (Convertir la derrota en victoria), más discursos y más llamamientos a sacrificios colectivos aunque aguantaron la mano en cuanto a movilizaciones.
Ya he hablado del ambiente que se vivía en aquellos momentos de mediados del 70 en una pieza que publiqué en este blog el 29 de octubre de 2013 y a la que se puede acceder pulsando el siguiente vínculo:
PREÁMBULO
Al norte de nuestra provincia de Matanzas, en una península larga y estrecha que se adentra como un cuchillo en el Océano Atlántico, existe una playa maravillosa. Los cubanos, que nos creemos el ombligo del universo, estamos convencidos de que es la más linda del mundo. Allí, en noviembre de 1970, se celebró el II Festival Internacional de la Canción Popular.
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| Varadero, señores. El que pida más es un gandío |
Tan sólo unos meses antes, se había demostrado que no éramos tan invencibles como nos venían asegurando constantemente durante una década y que no bastaba con poner la nación patas arriba con slogans, discursos, movilizaciones y llamamientos a sacrificios colectivos para conseguir el propósito de construir la utopía en Cuba.
Aunque duró más meses que ninguna y llevó a los campos de caña a todo el mundo y su abuela, la Zafra de los Diez Millones de Toneladas de Azúcar, apenas raspó los ocho y va que chifla.
El choque con la realidad pura y dura que supuso el desastre de no alcanzar la publicitada meta, traumatizó al país. Un pesado manto de pesimismo nos cayó encima. Los que nos dirigían intentaron combatir la depre colectiva y nacional con más slogans (Convertir la derrota en victoria), más discursos y más llamamientos a sacrificios colectivos aunque aguantaron la mano en cuanto a movilizaciones.
Ya he hablado del ambiente que se vivía en aquellos momentos de mediados del 70 en una pieza que publiqué en este blog el 29 de octubre de 2013 y a la que se puede acceder pulsando el siguiente vínculo:
Había que levantar la moral de las masas y lograr que éstas pasaran página a la frustración y a la decepción. Algunos filósofos y sociólogos de taburete y dominó se apuntaron a una vieja y superficial teoría:
-- Dale fiesta y jama a los cubanos y tú verás cómo enseguida se les olvida cualquier cosa.
ABRIENDO LA VENTANA
Ya puestos, se celebraron carnavales y fiestorros por todas partes, corrieron la fría, los tamales y la carnepuerco y en ese ambiente caracterizado por la consigna 'ver cómo logramos que la gente no piense más en los malditos diez millones de los cojones' a alguien se le ocurrió, para entretener al personal, resucitar un festival de canciones que se había llevado a cabo en 1965 y 1967 en la Playa Azul (1). Pero eso sí, ésta vez debía hacerse en grande, a lo bestia.





