Traductor

Páginas vistas

martes, 1 de noviembre de 2016

DESHONRAR, DESHONRA

   A propósito del fallecimiento de Reynaldo Miravalles han aparecido en las redes sociales numerosas opiniones de cubanos residentes en el exterior quejándose de que alguien considerado por muchos como nuestro mejor actor de todos los tiempos se haya ido de este mundo sin recibir el Premio Nacional de Cine que para él, en gesto de audacia, pidieron hace un tiempo en La Habana Ián Padrón y un grupo de cineastas e intelectuales nacionales.
   Dicho galardón y sus similares, creados en danza, televisión, radio, música, teatro, humorismo y otras ramas de nuestra cultura, se entregan anualmente desde la década del 90. “Ellos”, los que deciden a quién se premia y a quién no, se han llenado la boca declarando una y otra vez que para merecer tales distinciones se tienen en cuenta, sobre todo, las grandes aportaciones que haya realizado una persona a la actividad en la que se desarrollado su carrera profesional. Y no faltan las referencias al muy citado “Honrar, Honra” de José Martí.


   Si alguien ha elevado la categoría de nuestra cinematografía, si alguien prestigió las pantallas dentro y fuera de la isla con sus memorables caracterizaciones en tantas películas, ése fue Miravalles. Por ello, su No-Premio canta mucho, demasiado. Y los ha puesto en evidencia a “ellos”.

   Señores: ya es hora de que se quiten la careta y digan en público que para recibir una distinción de ésas, lo más importante, lo imprescindible, es que hay que residir en Cuba y no molestarles. Que cualquiera que haya tomado la decisión de abandonar la isla para salir a respirar otros aires, para ejercer su derecho de vivir como desea hacerlo, no califica, no es elegible para ser homenajeado con el Nacional, ni con el Machete de Máximo Gómez, ni con la Distinción por la Cultura Nacional, ni con la Orden Tal o Mascual. En definitiva, es hora de que proclamen abiertamente y sin complejos que se trata de premios políticos, que pretenden ser culturales mientras ocultan su verdadera y turbia naturaleza ideológica y discriminatoria.
   Que tampoco, señores, pasa nada con admitirlo. Por una vez, y sin que sirva de precedente, se dice la verdad y ya está. Y de paso, en una decisión de valentía inaudita, se le ajusta el nombre al galardón añadiéndole una coletilla que diga, por ejemplo, Premio Nacional de (lo que sea) Exclusivo para Residentes en Cuba Que No Molesten. .
   Ya nos encargaremos nosotros, los otros, los "de afuera", de reparar las injusticias y de rescatar la dignidad de los premios nacionales entregándoselos algún día a Celia, Bebo, Paquito D'Rivera, Osvaldo Rodriguez y Mike Porcel (música), Pepe Pelayo (humorismo), Rosario Suárez (danza), Loly Buján y Eduardo Macías (televisión), Jaime Almirall-Suárez (radio), Teresa María Rojas (teatro), Miravalles, Derubín Jacomé y Jorge Pucheaux (cine) y a tantos, tantos y tantos que, a lo largo de los años se labraron, dentro y fuera de Cuba, una obra que nos enorgullece como nación ante el mundo.
   ¿Alguien tiene dudas de que ese día llegará?

   Mientras, pidámosle permiso a nuestro traído y llevado apóstol para modificar su afirmación y proclamar que también “Deshonrar, Deshonra”.

------------------------------------------


Nota:
   Porque los cubanos no somos alemanes y a veces un elefante se cuela por el ojo de una aguja, se hizo una excepción a la norma y en 2011 se le concedió el Premio Nacional de Danza a Carlos Acosta, residente en Gran Bretaña. .
   Me imagino a algún alto dirigente de “ellos”, reprobando la decisión y amonestando a los jurados con el dedo índice en alto y un agresivo sermón-teque que terminó con un “¡y que no vuelva a repetirse!”.


///////////////////////////////////////

No hay comentarios:

Publicar un comentario