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domingo, 12 de marzo de 2017

DICEN QUE HA FALLECIDO EVA RODRÍGUEZ




  Me dicen que ha fallecido Eva. Pero no me lo creo. Entro en Internet y encuentro la noticia que lo confirma. Pero ya saben como es Internet de mentirosa.
  No es cierto, no puede ser verdad. No es posible que se haya ido, que el mundo se haya quedado sin la generosidad, el entusiasmo, la sonrisa, el buen rollo, el amor por la profesión, el compañerismo bien entendido de esa mujer excepcional que pasó por los charcos del ICRT sin mancharse con la traición o la maledicencia, que no escatimó apoyo y ayuda para todos los que empezábamos, que repartió lealtad y amistad a sus compañeros y entusiasmo y buen ánimo a millones de cubanos.
  Dice Internet que ha muerto por problemas cardíacos. Mira que hay que soportar mentiras. Es falso que le haya fallado el corazón porque el de ella es de los buenos, de los que no fallan nunca. Y si no, que se lo pregunten a los que la conocemos, a los que la hemos visto echar palante a pesar de las ingratitudes y las dificultades, a los que creemos que su sonrisa, eterna, maravillosa y sobre todo sincera, no se puede apagar nunca.
  Sigan mi ejemplo. No le hagan caso a quienes afirman que se fue. Porque lo que no es posible, simplemente no puede ser. Y Eva Rodríguez no se ha ido, está hoy, como ayer, en el recuerdo. Y de ahí, nadie se va.

jueves, 5 de enero de 2017

BRAVO, CAMPEÓN, TE LO HAS GANADO

  Ahí está él, el pequeño aguacate que me ha derrotado. En la foto, tomada hace pocas horas en la cocina de mi hogar, le ven tal y como es: valiente, imperturbable, terco, voluntarioso, dispuesto a salirse con la suya.


  A mediados de diciembre adquirí en el super una bolsita donde se acotejaban él y dos de sus semejantes. Normalmente los venden verdes y hay que dejar pasar unos días hasta que, maduros, se puedan comer. Sus compañeros hace rato que cumplieron con su deber y enriquecieron mis comidas de Nochebuena y Fin de Año.
  Pero pasó el tiempo y él siguió ahí, en el frutero, como si tal cosa, exactamente igual que la mañana en que lo traje a casa, tan duro como un palo, ignorando el obligado proceso de maduración que la naturaleza diseñó para su especie.
  Ayer, como todos los días desde hace tres semanas, lo palpé. Y nada. Continuaba sólido y compacto cual diamante, encerrado en sí mismo, haciéndose pasar por una piedra. Y una vez más me quedé con las ganas de comérmelo (más bien de "jamármelo"), de disfrutar de su sabor.

  Al principio, al observarle, no supe qué le pasaba. ¿Se estaría burlando de mí? Hasta que, pensando pensando, lo comprendí todo. Lo suyo no era burla sino desafío. Se trataba de un pequeño héroe empeñado en una batalla cuyas probabilidades de ganar eran mínimas pero por la que, pensaba él, valía la pena convertirse en mártir.
  Con su obstinación, él estaba reivindicando su derecho a envejecer tranquila y dignamente y a no terminar en las fauces golosas de un empedernido asesino de frutas como yo.

  Y ahí está, firme, entero, indoblegable. Nada puedo contra su épica lucha de bravo gladiador, contra su respetable sacrificio, contra la inercia que ejerce como arma. Así que, muy a mi pesar, le he perdonado. Le voy a dejar tranquilo, quietecito, hasta que fallezca por causas naturales.
  Anoche, reconcomido por dentro, encabronado, molesto por mi fracaso de Goliath ante un pequeño David vegetal e inofensivo que con su huelga me ha vencido, decidí fotografiarle y dar a conocer su historia en Internet para que la gente le conozca, admire su lucha y aprenda la lección que nos está dando: algunas veces bastan sólo la fortaleza moral, la entereza y la resistencia para conseguir los objetivos, por imposibles que parezcan.


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sábado, 24 de diciembre de 2016

A CARLOS AVERHOFF, EN EL MOMENTO DE SU PARTIDA

   Estábamos en 1990 y yo andaba metido hasta el cuello en aquella absolutamente loca aventura que era la preproducción, en medio de las enormes dificultades y escaseces del Período Especial, de los 45 episodios de “Cantante”, una telenovela musical de muy compleja realización. Yo la había escrito y en la Dirección de Programas Dramáticos de TV Cubana me habían dado la luz verde.
    Jorge Aragón Oropesa, con sus melodías, y yo, con mis letras, habíamos creado nueve canciones para que las interpretara Mirta Medina, que haría de Mapi Rivera, la artista famosa cuya vida y milagros contaba la historia.
    Uno de los personajes principales era un saxofonista de jazz, integrante del grupo acompañante de Mapi, con el que ella vivía un romance durante la trama. Un momento clave de la relación entre ambos se producía durante una secuencia en la que ella cantaba “Necesito (verdadero) amor” y él hacía un solo en el puente de la canción. La interacción de juego amoroso entre la cantante y el músico se pondría de manifiesto por primera vez ante los televidentes.

   Cuando le pregunté a Aragón quién iba a tocar el solo de saxofón que se escucharía en la escena me dijo que Carlos Averhoff. Dos días antes de la grabación, había sido imposible contactar con él llamándole por teléfono.
    - Va a haber que ir a su casa.
    - ¿Y dónde vive?
    - Me parece que en Luyanó. No, espérate, creo que es por Lawton.

  
Era un sitio cercano a la iglesia de Jesús del Monte y hasta allá me mandé. Preguntando por aquí y por allá donde vivía un músico barbudo que tocaba con Irakere, poco a poco dí con su dirección (1). Recuerdo que era una casa y delante de la puerta de entrada, Averhoff había construído un espacio techado donde guardaba su automóvil. "Car porch" le llamaban a eso.
    Me recibió con aquella amplia sonrisa que le caracterizaba.

    - Coño, Ginori, ¿qué tú haces por aquí?

jueves, 15 de diciembre de 2016

A VER SI COJO CAJITA

   El pasado 13 de octubre, la Academia Sueca decidió aventurarse por un terreno pantanoso y pasarse por el forro los estatutos del Nobel, que establecen que ese premio debe entregarse a “escritores que sobresalgan por sus contribuciones en el campo de la literatura”. Y le dieron el preciado galardón a un letrista de canciones norteamericano llamado Bob Dylan.
   Vaya usted a saber lo fumados que estaban esos suecos el día que tomaron esa controvertida decisión que mete a Bob en el mismo saco donde están Tolstoi, Neruda, Thomas Mann, Faulkner y un timbalar de grandes literatos de renombre universal.
   No soy un conocedor de la obra de Dylan. Debe ser bueno en lo que hace porque hay mucha gente respetable, experta en el asunto, que lo afirma. Pero, por excelente que sea, por muchos valores que tengan los textos que escribe para sus piezas musicales, el tipo no pega en ese premio ni con cola ni con colina. Porque, señores, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

sábado, 10 de diciembre de 2016

SANTA CLAUS Y LOS CUBANOS


  Nosotros los cubanos, por tradición y por simpatía, toda la vida hemos sido de Melchor, Gaspar y Baltasar. De niños, cada fin de año sus figuritas estaban en los nacimientos de todas las casas, junto al recién nacido Jesusito, la Virgen que no era virgen y el irrelevante José. Por entonces, los chamitas escribíamos con letra temblorosa de recién alfabetizado una cartica que empezaba “Queridos Reyes Magos”, seguía con la mentirita de que nos habíamos portado bien, incluía una lista de regalos que queríamos que nos trajeran y terminaba con un beso y el garabato nervioso de nuestra firma. En la noche que iba del 5 al 6 de enero, metíamos aquel papelito lleno de ilusiones en un zapato que colocábamos debajo de nuestra cama y nos acostábamos temprano a dormir, con la cabeza repleta de pajaritos volando.

martes, 6 de diciembre de 2016

PERICO, CHARLIE Y LAS ILUSIONES PERDIDAS

  En el pueblo chico donde nació y se crió (¿Guane?, ¿Cruces?, ¿Calimete quizás?), a los Pedro le decían Perico, así que él fue un Perico más desde que tuvo uso de razón.
  En 1957, siendo un muchachón de 16 años, su viejo aprovechó una oportunidad de trabajo que se le presentó en La Habana y cargó con toda la familia para la capital.

  Cuando el 8 de enero del 59, la caravana triunfante de Quientúsabes abandonó el Malecón y subió por La Rampa, Perico lo recibió encaramado en la baranda del pasillo exterior de Radiocentro, agitando una banderita cubana y dando gritos. Y cuando el jeep del máximo líder pasó, él le cayó atrás y fue uno más en la exultante multitud que no paró hasta el campamento de Columbia.
  - Yo vi cuando la paloma se le posó en el hombro, yo estaba allí –contaba él, emocionado, una y otra vez durante muchos años.

sábado, 3 de diciembre de 2016

YO TENGO UN AMIGO CIEGO

YO TENGO UN AMIGO CIEGO
  Es un gallego buena gente, sencillo, afable, el dueño y único dependiente de un pequeño establecimiento de ésos que aquí en España se llaman “de barrio”, donde los vecinos van, no sólo a comprar sino también a relacionarse entre sí. Allí te puedes enterar de que anoche se suicidó un chico en el 104 o de que es un gimnasio lo que van a abrir en el local que están preparando al doblar, donde estaba la tienda ecológica que tuvo que cerrar por causa de la crisis.
  Nuestra amistad surgió hace varios años, una mañana en que, buscando algo que necesitaba, entré a su comercio. En cuanto intercambiamos dos frases, notó mi acento y me preguntó:
  - ¿Tú eres cubano?
  Aquel día, comenzamos una larga amistad de las que perduran en el tiempo, alimentada con conversaciones, que pueden ser más o menos largas pero siempre son amenas, en las que nuestras afinidades y contradicciones se ponen de manifiesto. Como debe ser, porque los buenos amigos no tienen que estar de acuerdo en todo.
  A pedazos, a lo largo del tiempo, yo le he ido relatando mi vida aunque, debo reconocerlo, no he logrado que él, que no es televidente, entienda en qué consiste exactamente el trabajo de director de programas de TV.
  Si no ha cumplido los 70, mi social gallego debe andar por ahí. O sea, que nació en plena dictadura franquista, una época que él describe como oscura, terrible.

lunes, 28 de noviembre de 2016

MURIÓ QUIENTÚSABES. QUE LO DEFIENDAN ELLOS, QUE LO LLOREN ELLOS


QUE LO DEFIENDAN ELLOS, QUE LO LLOREN ELLOS.
  Ellos, los privilegiados, los mayimbes, los comandantes, los ministros,
los del Buró Político, los del Comité Central,
  los jefes de esto y de lo otro, los grandes del Ministerio y del Ejército,
  los canchas del engaño y la manipulación,
  los que nos lo vendieron como “el máximo líder” cuando sólo era un tostao con ideas extravagantes y proyectos irrealizables, que estuvo a punto de provocar una guerra nuclear donde hubiéramos muerto todos sólo para complacer a su ego desmesurado y convertirse en figura mundial,

  Ellos, que lo defiendan y lo lloren ellos,
  los que vivían en el Country, en Nuevo Vedado y en zonas libres de apagones,
  los que recibían en sus casas suministros que les llevaba una furgoneta sin letreros,
 
los hijos de papá y mamá que usaban ropa de marca y podían oìr a Los Beatles,
  los que le echaban al bloqueo la culpa de su ineficiencia y su estupidez,
  los que, cuando la olla alcanzaba mucha presión, abrían la salida para que nos fuéramos de nuestra tierra,
  los que se apropiaron del nombre de Cuba, del himno, la bandera y el escudo, de Martí, Gómez y Maceo.
  los que nos prometieron un futuro luminoso si nos sacrificábamos unos años,


QUIENTÚSABES SE FUE DEL AIRE Y OTRAS REFLEXIONES


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jueves, 17 de noviembre de 2016

PEDRAZA GINORI EN MIAMI 2016 > DÍA A DÍA (PRIMERA PARTE)

En lo que mi buena amiga Rosa, en un alarde de chispa jodedora, 
ha calificado como “Jornadas de Solidaridad con el Yin en Miami”, 
del 1 al 20 de agosto de 2016 estuve de visita en esa ciudad, 
que sentí tan cubana y cálida como vertiginosa y enérgica.
Para mí, Miami fue un no parar, un puñetazo de pura adrenalina que sacudió 
la modorra de mi diaria rutina existencial en tierra gallega.
Durante mi estancia disfruté de la entrañable acogida de mis familiares, 
aparecí en seis programas de televisión y en cuatro de radio 
y presenté mis libros “Memorias Cubanas” en un acto celebrado en The Place.
Además, mi tour por Miami fue una celebración de las relaciones humanas. 
Me reencontré con amigos, colegas y excompañeros de trabajo 
a quienes no veía desde hacía sepetecientos años 
y anudé nuevos afectos que llegaron a mi vida para quedarse.
En cuatro piezas de este blog pueden hallar textos e imágenes 
de mis inolvidables momentos miamenses, 
miameros, miameños o como se diga.
Aquí está la primera de ellas
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   Nunca había pisado Miami y estaba expectante ante lo que me iba a encontrar, aunque yo soy cubano y, como tal, tenía que haber vivido durante los últimos 60 años en una isla desierta, aislado totalmente del mundo, para no saber lo que me iba a topar allí.
   Miami, por lo menos la que yo vi, respiré y palpé, es una ciudad cubana, donde abundan las palmas reales, calienta el sol y suena el son. Donde no es imprescindible dominar el inglés porque a todas horas se habla español y se vive de acuerdo a costumbres y normas culturales cubanas, matizadas por el desarrollo económico y el impacto tecnológico que caracteriza a las sociedades modernas.
   Se trata de una especie de Cuba especial, poscriolla, plantada no en la isla, de donde procede, sino en un territorio que no es de otro país sino de otra galaxia. Alguien me aseguró que es la ciudad cubana más cercana a Estados Unidos. Miami nada tiene que ver con la Cuba castrista que detesta pero, aunque no quiera, está amarrada a ella por las raíces y por unos lazos sentimentales que la condicionan y nadie o casi nadie se atreve a cortar por miedo a perder el sentido de pertenencia, por temor a la nada.
   La Miami en que sumergí durante tres semanas, la de las autopistas repletas de vehículos, las grandes distancias, la de la pujanza, La Carreta, el Versailles y la impuntualidad, tiene el cuerpo en Hialeah y Coral Gables mientras el alma se le escapa continuamente de la calle 8 para vagar por Camagüey, Lawton, Ranchuelo o Manzanillo. Es una gran urbe del primer mundo que añora dar vueltas en el parque del pueblo que quedó allá en el recuerdo, que juega al dominó y mezcla hamburguesas con yuca y frijoles negros, que no se ha soltado el arique de esa nostalgia tristealegre que recorre día a día, y sobre todo noche a noche, sus venas de exiliada que daría lo que no tiene por dejar de serlo, por volver al hogar perdido si “ellos” se acabaran de ir pal carajo y “aquello” cambiara lo que tiene que cambiar.