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lunes, 8 de noviembre de 2021

29 AÑOS DE YIN EN ESPAÑA

   Hoy, 8 de noviembre, se cumplen 29 años de que llegué a España. Era 1992 y yo, como gente de a pie que siempre fui, sufría, completamente aterrillado, los embates del oscuro y terrible Período Especial, luchando con la ansiedad y la desesperación ante un panorama que cada día se ponía peor.
   Aprovechando una oportunidad que se me presentó, me atreví a vencer el miedo de lanzarme al vacío con 54 años y le vendí el cajetín a Fidel Castro y su pandilla de privilegiados, que se empeñaban en seguir mangando, mientras le hacían pasar trabajo a la gente escudándose en un sistema socialista que, por inoperante, ya se había caído en todo el mundo.
   El giro que le di a mi vida fue de 180 grados. Comencé desde cero, con mis bolsillos vacíos, en un país donde nadie me conocía, no tenía familia ni amigos que me echaran un cable y mi futuro estaba teñido de incertidumbre.
   A casi tres décadas de aquel cambio sustancial, echo la vista atrás y afirmo, contundente, que emigrar fue una experiencia difícil, pero en mi caso valió la pena y, si volviese a ser el Yin aterrillado de 1992, lo volvería a hacer una y veinte veces más.
 
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domingo, 4 de febrero de 2018

MI MAMÁ LOLITA

   Se llamaba Dolores, Dolores Buján Vázquez, pero siempre fue Lolita. Nació en El Cerro, o sea que más cubana no podía ser, pero ella siempre se sintió gallega. Su madre había emigrado desde aquella tierra hermosa y lejana en los tiempos en que una travesía entre Vigo y La Habana duraba veinte días. De niña, ella le oía contar leyendas de bosques nevados cubiertos de niebla por donde pasaba la Santa Compaña, historias de antepasados de aquella Galicia donde el frío apretaba en invierno y la primavera era un hermoso renacimiento de la naturaleza, una fiesta amenizada por muñeiras.
    Cuando tenía nueve años, su mamá le dijo «vamos, para que conozcas a tu padre» y Galicia pasó de ser un sueño a hacerse realidad. Fueron unos años, pocos, pero los suficientes para que la pequeniña echara raíces en Palas de Rei y corriera por las praderas cercanas a la aldea con las amiguitas que ni se imaginaban el tráfico que había en Monte y Belascoaín ni conocían lo rico que suena un son tocado por un sexteto.
    A los doce o algo así, la madre, que era de anjá, decidió que ya era hora de regresar definitivamente a Cuba y ella sintió que más que llevársela, la arrancaban de Galicia.

domingo, 26 de noviembre de 2017

MARTICA JIMÉNEZ SE FUE EN SILENCIO

    Ediciones de Audio era un oasis dentro de Radiocentro. Juanito de la Torre, un verdadero personaje, tipo chispeante y simpático, había logrado crear a su alrededor un ambiente acogedor y jodedor que nada tenía que ver con la mala leche que reinaba en los demás sitios del edificio de 23 y L que tuvo la mala suerte de albergar al Instituto Cubano de Radio y Televisión, uno de los peores organismos de la llamada revolución, guarida de mediocres, burócratas y halalevas.
Juanito de la Torre
    El de Johnny of the Tower era el lugar donde se editaban las cintas que contenían la banda sonora de los programas de TV Cubana. Así que por allí pasaban todos los días directores, cantantes, musicalizadores, músicos, etc.
    Era una zona donde los pesaos y los demasiado apegados al sistema simplemente no cabían porque se asfixiaban con el aire fresco. 
    Territorio preferido para formar tertulias, allí acudían los grandes como Adolfo Guzmán, Manolo Rifat, Condall, Sirio Soto, Loly Buján, Rolando Gómez, Enrique Núñez Rodríguez, Celia Torriente, Carballido Rey, Enriqueta Almanza, Silvano Súarez, el gran Antonio Arriaga Coffigny y otros.

viernes, 20 de octubre de 2017

¿Y SI DONDE DICE "ARGENTINA" PUSIÉRAMOS "CUBA"?

   Federico Luppi, el magnífico actor argentino, acaba de fallecer hoy 20 de octubre de 2017. El hecho me ha traído a la mente una de sus mejores escenas, que me impresionó cuando la vi hace años y me sigue impresionando todavía.
   Se trata del monólogo “La patria es un invento”, escrito por el gran guionista y director Adolfo Aristaraín para su película “Martín (Hache)” de 1997.
   El texto dice:
   "Eso de extrañar, la nostalgia y todo eso, es un verso. No se extraña un país, se extraña el barrio en todo caso, pero también lo extrañás si te mudás a diez cuadras. El que se siente patriota, el que cree que pertenece a un país, es un tarado mental. ¡La patria es un invento! ¿Qué tengo que ver yo con un tucumano o con un salteño? Son tan ajenos a mí como un catalán o un portugués. Una estadística, un número sin cara. Uno se siente parte de muy poca gente; tu país son tus amigos, y eso sí se extraña, pero se pasa.
Lo único que yo te digo es que cuando uno tiene la chance de irse de la Argentina, la tiene que aprovechar. Es un país donde no se puede ni se debe vivir. Te hace mierda. Si te lo tomás en serio, si pensás en que puedes hacer algo para cambiarlo, te hace mierda. Es un país sin futuro, es un país saqueado, depredado y no va a cambiar. Los que se quedan con el botín no van a permitir que cambie”.
 
   El planteamiento, pesimista e iconoclasta donde los haya, nos hace reflexionar a quienes un día optamos por vivir en el exilio. ¿Y si donde dice "Argentina" pusiéramos "Cuba"?

jueves, 17 de noviembre de 2016

PEDRAZA GINORI EN MIAMI 2016 > DÍA A DÍA (PRIMERA PARTE)

En lo que mi buena amiga Rosa, en un alarde de chispa jodedora, 
ha calificado como “Jornadas de Solidaridad con el Yin en Miami”, 
del 1 al 20 de agosto de 2016 estuve de visita en esa ciudad, 
que sentí tan cubana y cálida como vertiginosa y enérgica.
Para mí, Miami fue un no parar, un puñetazo de pura adrenalina que sacudió 
la modorra de mi diaria rutina existencial en tierra gallega.
Durante mi estancia disfruté de la entrañable acogida de mis familiares, 
aparecí en seis programas de televisión y en cuatro de radio 
y presenté mis libros “Memorias Cubanas” en un acto celebrado en The Place.
Además, mi tour por Miami fue una celebración de las relaciones humanas. 
Me reencontré con amigos, colegas y excompañeros de trabajo 
a quienes no veía desde hacía sepetecientos años 
y anudé nuevos afectos que llegaron a mi vida para quedarse.
En cuatro piezas de este blog pueden hallar textos e imágenes 
de mis inolvidables momentos miamenses, 
miameros, miameños o como se diga.
Aquí está la primera de ellas
----------

   Nunca había pisado Miami y estaba expectante ante lo que me iba a encontrar, aunque yo soy cubano y, como tal, tenía que haber vivido durante los últimos 60 años en una isla desierta, aislado totalmente del mundo, para no saber lo que me iba a topar allí.
   Miami, por lo menos la que yo vi, respiré y palpé, es una ciudad cubana, donde abundan las palmas reales, calienta el sol y suena el son. Donde no es imprescindible dominar el inglés porque a todas horas se habla español y se vive de acuerdo a costumbres y normas culturales cubanas, matizadas por el desarrollo económico y el impacto tecnológico que caracteriza a las sociedades modernas.
   Se trata de una especie de Cuba especial, poscriolla, plantada no en la isla, de donde procede, sino en un territorio que no es de otro país sino de otra galaxia. Alguien me aseguró que es la ciudad cubana más cercana a Estados Unidos. Miami nada tiene que ver con la Cuba castrista que detesta pero, aunque no quiera, está amarrada a ella por las raíces y por unos lazos sentimentales que la condicionan y nadie o casi nadie se atreve a cortar por miedo a perder el sentido de pertenencia, por temor a la nada.
   La Miami en que sumergí durante tres semanas, la de las autopistas repletas de vehículos, las grandes distancias, la de la pujanza, La Carreta, el Versailles y la impuntualidad, tiene el cuerpo en Hialeah y Coral Gables mientras el alma se le escapa continuamente de la calle 8 para vagar por Camagüey, Lawton, Ranchuelo o Manzanillo. Es una gran urbe del primer mundo que añora dar vueltas en el parque del pueblo que quedó allá en el recuerdo, que juega al dominó y mezcla hamburguesas con yuca y frijoles negros, que no se ha soltado el arique de esa nostalgia tristealegre que recorre día a día, y sobre todo noche a noche, sus venas de exiliada que daría lo que no tiene por dejar de serlo, por volver al hogar perdido si “ellos” se acabaran de ir pal carajo y “aquello” cambiara lo que tiene que cambiar.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

PEDRAZA GINORI EN MIAMI 2016 > DÍA A DÍA (SEGUNDA PARTE)

En lo que mi buena amiga Rosa, en un alarde de chispa jodedora, 
ha calificado como “Jornadas de Solidaridad con el Yin en Miami”, 
del 1 al 20 de agosto de 2016 estuve de visita en esa ciudad, 
que sentí tan cubana y cálida como vertiginosa y enérgica.
Para mí, Miami fue un no parar, un puñetazo de pura adrenalina que sacudió 
la modorra de mi diaria rutina existencial en tierra gallega.
Durante mi estancia disfruté de la entrañable acogida de mis familiares, 
aparecí en seis programas de televisión y en cuatro de radio 
y presenté mis libros “Memorias Cubanas” en un acto celebrado en The Place.
Además, mi tour por Miami fue una celebración de las relaciones humanas. 
Me reencontré con amigos, colegas y excompañeros de trabajo 
a quienes no veía desde hacía sepetecientos años 
y anudé nuevos afectos que llegaron a mi vida para quedarse.
En cuatro piezas de este blog pueden hallar textos e imágenes 
de mis inolvidables momentos miamenses, 
miameros, miameños o como se diga.
Aquí está la segunda de ellas.
Para quienes no hayan leído la primera pieza:
La familia Proenza está compuesta por mi hermana Teresa,
su marido Raúl y los dos hijos de ambos, y por tanto mis sobrinos,
Belkis y Ruly.
Iliana es mi prima.
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domingo 7 de agosto
PICNIC EN TROPICAL PARK
   A las 11,00 debo estar en Tropical Park. Un poco antes, Robertico Rodríguez me lleva del hotel hasta allá. En el maletero de su auto van, heladas, las cervezas compradas en Public que él puso en su nevera el viernes.
   Fue uno de los más felices acontecimientos de mi estancia en Miami. En un lugar de onda campestre, muy bien cuidado por cierto, se reúnen una vez al mes exempleados del ICRT que ahora viven en la Florida. Llevan comida y bebidas para disfrutar de una especie de picnic en que los recuerdos y los abrazos son los protagonistas. El ambiente me resulta cálido, formidable.

Dania Avilés, Maida Ramos, Pedraza Ginori, Cary Herrera y Robertico Rodríguez
   Como hace muchos años que no me ven, todos tienen que ver conmigo y yo estoy en mi salsa. Esmeralda Vega ejerce de organizadora. Al verla, me emociono bastante porque ella fue buena amiga de mi esposa Loly Buján  La entusiasta Cary Herrera ha traído unos collares de la buena suerte y unos globos con el letrero "Welcome". Ella y Dania Avilés son las que más se mueven, atendiendo a todo el mundo.
De izq. a derecha: Noel Izquierdo, Eladio Ledesma, Dania Avilés,
Evelio Serrano, Pedraza Ginori y Santiago Súarez,

   Por allí andan René Cosculluela, Miguel Ricardo -hermano de Miguel Ginarte-, Maida Ramos, camarógrafos como Eladio Ledesma, Vladimir Ramírez y Evelio Serrano, directores como Raúl Villareal... Santiago Suárez me trae las “Memorias Cubanas” que ha comprado y me pide que se las firme.
Manuel Estrada, "Candonga"
   Oscar López me regala un libro que ha escrito sobre su experiencia como asesor en la programación dramática de TV Cubana. Es la primera vez que veo en persona a Daisy Casals y le muestro mi apoyo en su lucha personal. Descubro a Darío Larramendi, mi productor en La Habana, que estaría igualito sino fuera por esas canas que le han salido.Y no me puedo creer lo que estoy viendo: conducido por su hijo, entra en el grupo Manuel Estrada, el "Candonga" original, toda una leyenda de nuestra tele que empezó en Radiocentro cuando aquello era CMQ y es un saco de anécdotas porque estuvo trabajando allí hasta hace pocos años.

martes, 15 de noviembre de 2016

PEDRAZA GINORI EN MIAMI 2016 > DÍA A DÍA (TERCERA PARTE)

En lo que mi buena amiga Rosa, en un alarde de chispa jodedora, 
ha calificado como “Jornadas de Solidaridad con el Yin en Miami”, 
del 1 al 20 de agosto de 2016 estuve de visita en esa ciudad, 
que sentí tan cubana y cálida como vertiginosa y enérgica.
Para mí, Miami fue un no parar, un puñetazo de pura adrenalina que sacudió 
la modorra de mi diaria rutina existencial en tierra gallega.
Durante mi estancia disfruté de la entrañable acogida de mis familiares, 
aparecí en seis programas de televisión y en cuatro de radio 
y presenté mis libros “Memorias Cubanas” en un acto celebrado en The Place.
Además, mi tour por Miami fue una celebración de las relaciones humanas. 
Me reencontré con amigos, colegas y excompañeros de trabajo 
a quienes no veía desde hacía sepetecientos años 
y anudé nuevos afectos que llegaron a mi vida para quedarse.
En cuatro piezas de este blog pueden hallar textos e imágenes 
de mis inolvidables momentos miamenses, 
miameros, miameños o como se diga.
Aquí está la tercera de ellas.

Para quienes no hayan leído las dos piezas anteriores:
La familia Proenza está compuesta por mi hermana Teresa,
su marido Raúl y los dos hijos de ambos, 
y por tanto mis sobrinos, Belkis y Ruly.
Iliana es mi prima.
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viernes 12 de agosto
BUENA PERSONA
  
   El cantante y autor Alfredo Rodríguez me ha invitado a su programa, que sale en directo todos los viernes por Cadena Azul a las 9 a.m. Gracias a que no se nos interpone un atasco, Belkis y yo llegamos con media hora de antelación. Minutos después arriba Alfredito y trae con él a nuestro común amigo, el dibujante y caricaturista Arístide, en cuya casa estuve el martes pasado. 
   En los años 80, Alfredo fue una de las figuras que apuntalaron, con su arte y su popularidad, mi "Joven Joven". Incluso llegó a animarlo varias veces. Antes, en los 70, cantó muchas veces en mi "Juntos a las 9 / A la hora del cañonazo". Y esta mañana, por una de esas casualidades que nadie se explica, vamos a estar otra vez juntos a las nueve.

Pedraza Ginori, Arístide y Alfredo Rodríguez
   Con él mantengo contacto frecuente por Facebook y desde que llegué a Miami hemos hablado varias veces por teléfono. Pero es la primera vez que nos vemos tras 25 o más años. Nos queremos y nos respetamos. Nuestro reencuentro tiene una fuerte carga emocional. Somos dos sobrevivientes, hemos tenido que luchar mucho para mantenernos intactos en nuestras convicciones y eso nos ha unido.
   En su programa mañanero, que ha titulado "Terapia musical", va filtrando en un tono pausado, íntimo, sus reflexiones sobre el amor, la familia, la vida... Conversa en directo con sus oyentes, representantes de esa enorme masa de cubanos que él conquistó con sus canciones y su comportamiento de buena persona.
   A las 10, cuando los micrófonos se apagan, nos vamos Alfredito, Arístide y yo a La Carreta de la calle 8, a un desayuno que no tiene para cuando acabar porque son muchos los años que llevamos alejados. Belkis nos acompaña y se entera de un montón de historias.

En WRHC Cadena Azul, desde la derecha: Arístide, Belkis Proenza,
 Alfredo Rodríguez, ka productora del programa y Pedraza Ginori.

lunes, 14 de noviembre de 2016

PEDRAZA GINORI EN MIAMI 2016 > DÍA A DÍA (CUARTA PARTE)

En lo que mi buena amiga Rosa, en un alarde de chispa jodedora, 
ha calificado como “Jornadas de Solidaridad con el Yin en Miami”, 
del 1 al 20 de agosto de 2016 estuve de visita en esa ciudad, 
que sentí tan cubana y cálida como vertiginosa y enérgica.
Para mí, Miami fue un no parar, un puñetazo de pura adrenalina que sacudió 
la modorra de mi diaria rutina existencial en tierra gallega.
Durante mi estancia disfruté de la entrañable acogida de mis familiares, 
aparecí en seis programas de televisión y en cuatro de radio 
y presenté mis libros “Memorias Cubanas” en un acto celebrado en The Place.
Además, mi tour por Miami fue una celebración de las relaciones humanas. 
Me reencontré con amigos, colegas y excompañeros de trabajo 
a quienes no veía desde hacía sepetecientos años 
y anudé nuevos afectos que llegaron a mi vida para quedarse.
En cuatro piezas de este blog pueden hallar textos e imágenes 
de mis inolvidables momentos miamenses, 
miameros, miameños o como se diga.
Aquí está la última de ellas.

Para quienes no hayan leído las piezas anteriores:
La familia Proenza está compuesta por mi hermana Teresa,
su marido Raúl y los dos hijos de ambos, y por tanto mis sobrinos,
Belkis y Ruly.
Iliana es mi prima.
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miércoles 17 de agosto
BAILANDO CON LA NOSTALGIA
   Hace días que he estado llamando a varios amigos actores para quedar. Son unos cuantos y no me va a dar tiempo a verles individualmente. Gerardo Riverón resuelve el asunto, coordinando una reunión en casa de Marcos Miranda.
   Esta tarde, mi sobrina Belkis Proenza me acompaña. Cuando llegamos ya algunos están allí. Marcos es un colega de muchos años. Nos conocimos en aquel lejano 1965, en las aulas del curso para la formación de directores de televisión. Y fuimos creciendo juntos en los pasillos y estudios del ICRT.
   Riverón y los demás asistentes -Alis García, Manolito Ferraz y Seve Matamoros- forman parte de lo que Loly Buján y yo bautizamos en joda como “El equipo Cuba”, un colectivo de artistas que integraron frecuentemente los elencos que ella armaba para sus dramáticos de TV Cubana. Al calor de las experiencias conjuntas, fue forjándose la amistad de los actores y actrices con Loly y, por carambola, conmigo.
   Se tiende a creer que un simple mensaje no ayuda mucho a quien lo está pasando mal, pero les puedo asegurar que el aliento de los amigos es muy importante, y hasta vital, para que uno no se derrumbe en los momentos difíciles. Ésta de hoy, resulta una excelente ocasión para agradecer a todos, su apoyo en el duro proceso de la enfermedad de quien fue mi compañera por casi 47 años.
   Riverón, Alis, Seve, Manolito, Marcos. No más verles, el recuerdo de Loly se potencia y es imposible evitar que se me humedezcan los ojos. El momento es muy fuerte.
   Pasados los abrazos y la emotiva primera impresión, la reunión discurre por los caminos del “cuéntame de ti” y del “¿te acuerdas aquella vez en que...?”. Han pasado muchos años y, como en mis anteriores reencuentros miamenses, varias horas son insuficientes para la gran cantidad de cosas que tenemos que decirnos.
Al rato se nos une Norma, la esposa de Marcos, que viene desde Radio Martí, donde trabaja.
De izq a derecha: Gerardo Riverón, Marcos Miranda, Pedraza Ginori,
Alis García, Norma Miranda y Manolito Ferraz.
Delante, agachada: Seve Matamoros.

miércoles, 2 de marzo de 2016

OOOH, LA HABANA, OOOH, LA HABANA

LA VIDA ERA MUCHO MÁS
   Me faltaba poco para cumplir los 18 cuando finalicé, con mucho alivio de mi parte y por ineludible mandato familiar, el Bachillerato en Ciencias en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara.
   Cumplido el trámite, había llegado para mí la hora de salir pitando de mi natal y estrecha Esperanza para abrirme hacia otros horizontes y oportunidades. La vida, de eso estaba seguro, era mucho más que dar vueltas en el Parque Martí, ver películas en el Principal, comentar lo que pasaba en el pueblo y casarme y tener hijos con una esperanceña.

   En la madrugada del lunes 17 de septiembre de 1956 mi padre y yo, sentados junto al chofer en la cabina de un camión rastra del Expreso Oriente, íbamos por la Carretera Central hacia La Habana, una ciudad para mí deslumbrante y enigmática que me atraía con la fuerza de un gran imán.


   Yo había visto en el periódico que abría su matrícula la Escuela Profesional de Publicidad, una institución habanera destinada a la formación de publicitarios.
   Se necesitaba gente específicamente preparada para dicha profesión que, según comentarios de prensa, estaba en auge en Cuba y tenía un futuro que se auguraba esplendoroso en una sociedad como la nuestra, en la que el capitalismo se desarrollaría a mil por hora en los próximos años.

   A aquellas alturas, ya mis padres daban por hecho que yo no quería estudiar una carrera universitaria y realmente no resultó difícil convencerles de que me ayudaran económicamente para echar a andar mi aventura en la capital.
   Les dije que a mí lo que me interesaba era la televisión. Y podría llegar a ella a través de la publicidad, una actividad muy ligada a la creación y producción de programas.
   Para explicarles mi estrategia les puse un ejemplo: si yo lograba entrar a trabajar en la agencia que se encargaba de la propaganda de los cigarros Partagás, tendría por lo menos un pie puesto dentro de “Jueves de Partagás”.

LA SITUACIÓN EN CASA

   En 1956, en mi hogar éramos cuatro: mi madre -ama de casa-, mi hermano –por entonces tenía 10 años-, mi padre y yo. Vivíamos bajo el signo de la austeridad, dentro de lo que en términos sociológicos se llamaba, sin que yo lo supiera, “clase baja”. Gente de las que en la bodega compraban tres de azúcar y dos de café y le decían al chino “Apúntamelo que te pago después”. (1)

   El dinero para mantener a la familia provenía de las comisiones -entre el 10 y el 15% del precio del flete de las mercancías recibidas y enviadas- que el viejo cobraba por ser agente en el pueblo de varias compañías nacionales de transporte por carretera que radicaban en La Habana: Expreso Oriente, Tráfico y Transportes, República, Sardiñas, Sicilia, Meteoro. La Flota… Él también daba servicio a porteadores autónomos independientes consiguiéndole viajes para sus camiones.

   En los primeros días de aquel septiembre, dando rienda suelta a su habilidad natural para las relaciones personales, Papá agarró el teléfono y se puso a mover sus contactos con sus amigos transportistas habaneros para encontrarme un trabajito en la capital.
   -- Es un muchacho despierto. Seguro que te puede ayudar en la oficina y no tienes que pagarle mucho –le escuché argumentar.
   Al fin, insistiendo en sus gestiones y llamadas, logró su objetivo.


domingo, 28 de febrero de 2016

¿QUIERES IR CONMIGO A LA HABANA?

Estampa I: LA HABANA DE NIÑO

LA GRAN CAPITAL Y SU TRAJÍN
   Debo haber tenido ocho o nueve años. Vivíamos en Esperanza. Mi padre, transportista, tenía que viajar por asuntos de trabajo y me preguntó:
   -- ¿Quieres ir conmigo a La Habana?

   Nos alojamos en un hotel cercano al Parque de la Fraternidad. La parte nada confiable de mi memoria me dice que radicaba en la calle Industria, recuerdo unas aceras enormes con árboles. Tenía un ascensor de hierro que manejaba un señor y, ¡oh, maravilla del progreso!, me llevaba arriba y abajo sin tener que usar las escaleras. Del hotel pafuera dabas un paso y te encontrabas inmerso en la gran urbe que ya en la decada de 1940 era una de las joyas de América.


   Aquella primera vez que me asomé a la gran capital de la república y a su trajín resultó una experiencia fascinante para el niño nacido y criado en un pueblo de campo que era yo. Fueron unos días maravillosos, que viví como montado en una alucinación, absolutamente deslumbrado, feliz. No me alcanzaban los ojos para ver de sopetón tantos edificios, tanto tráfico de transeúntes, máquinas y guaguas, tantos anuncios lumínicos bonitos, tantas cosas nuevas...

viernes, 29 de enero de 2016

NACIDO Y CRIADO EN SAN NICOLÁS DEL PELADERO

Después,
cuando crecí,
cuando abrí bien los ojos y las entendederas,
me fui enterando de que existían cosas malas:
el infortunio, el sufrimiento, la enfermedad,
la muerte.
De que mis mayores habían vivido siempre sacrificándose, con el agobio de llevar cada día un plato de comida a la mesa, sacar adelante a sus hijos, tener algo decente para vestir y calzar y conseguir unos pesos para pagar las medicinas y el alquiler.

Cuando crecí,
cuando abrí bien los ojos y las entendederas,
comprendí que en mi hermoso país,

la perla del Caribe, orgullo de América Latina por su progreso y bienestar,
lo peor no eran los ciclones sino soportar cada día unas calamidades que se llamaban pobreza, desigualdad, desempleo, corrupción, politiquería, machismo, prostitución, explotación, analfabetismo, injusticia, racismo, prejuicios, indiferencia y sálvese quien pueda.

Cuando crecí,
cuando abrí bien los ojos y las entendederas,
supe que, a pesar de todo el desastre nacional, no había que dejarse vencer por el pesimismo. Que en medio de la oscuridad criolla siempre había habido luceros que vencieron a las tinieblas irradiando una luz propia y muy brillante: Finlay, Martí, Maceo, Lecuona, Matamoros, Adolfo Luque, Agramonte, la Avellaneda, Roig y Cervantes, Capablanca, José White, Rita y Bola, Abela, Albear, Quintín Banderas, Sindo y Corona…

Después,
cuando abrí bien los ojos y las entendederas,
y las circunstancias me enseñaron lo difícil, lo jodida que puede ser la vida
si uno le exige mucho,
entonces y sólo entonces
me di cuenta de que yo había sido un niño feliz en un mundo infeliz.

Pero todo eso fue mucho después.
Ahora,
ahora toca hablar de mi infancia.


   Yo nací, en 1938, y me crié, hasta 1956, en Esperanza, un San Nicolás del Peladero ubicado en el medio de la provincia de Las Villas. Cinco cuadras de largo por seis de ancho, partidas en dos por la Carretera Central.

martes, 8 de diciembre de 2015

PRADO Y ÁNIMAS, EL PALACIO DE LOS MATRIMONIOS

   El imponente edificio neorrenacentista de la esquina de Prado y Ánimas, construido en la segunda década del siglo XX, fue sede durante medio siglo del Casino Español de La Habana.
   Al triunfo de la revolución, el gobierno lo expropió justificando su decisión con el argumento de que en Cuba debían desaparecer las sociedades que discriminaban, aquellas a las que sólo podían acceder los sectores de la población que cumpliesen sus requisitos de admisión.
   Años después, el gran inmueble fue convertido en un sitio dedicado a celebrar bodas, al estilo de los palacios de los matrimonios que existían en la URSS y otros países socialistas europeos.

   Allí nos casamos Loly Buján y yo el miércoles 4 de febrero de 1970.
   En la foto de arriba aparecen los familiares (Lolita, Susa...) y amigos que nos acompañaron aquella tarde. Entre ellos, la actriz Dulce Velasco, el actor Rafael Díaz y el director de cine Rigoberto López.
   En la foto de abajo, de izquierda a derecha: Germán Pinelli, Antonio Vázquez Gallo, Sarita Reyes, Fidel Morales, Antonio Miguel Sánchez, Lidia Sánchez, Tony Fernández, Josefina de Zayas, Rafael Díaz, Loly Buján, Germán Navarro, Yin Pedraza Ginori, Rigoberto López y Cary.

   Tres años antes yo había escrito un reportaje sobre el Palacio de los Matrimonios que fue publicado en el número de mayo del 67 de la revista Cuba (1) (2). Lo reproduzco a continuación.

viernes, 3 de julio de 2015

EL YIN EN ITALIA / JUNIO DE 2015


Inés María López en el restaurante de su hotel Elsinor
  Mi entrañable amiga, la actriz y escritora Inés María López, quien fue presentadora de mi programa Joven Joven, tiene un hotel en la región de Veneto, al noreste de Italia. Se llama Elsinor, como el castillo de la shakespereana Hamlet, y está situado al pie del monte Grappa, en Romano D'Ezzelino, un lugar sosegado, placentero y de encanto especial, en las afueras de la ciudad de Bassano. En junio de este año me he pasado allí diez días espléndidos, despejando la mente y recargando mis pilas.

  Además del restaurante, el hotel de Inés María tiene un bar especializado en vinos, llamado "Ciak Bar", y una discoteca latina a la que han nombrado "La Bomba" y que funciona de jueves a domingo.
Al fondo de la foto se ve el impresionante Monte Grappa.
Inés y su marido italiano Zeno son dos seres que desbordan amabilidad y buen rollo y hacen lo posible y lo imposible porque sus huéspedes lo pasen de maravilla. Se come muy bien (Zeno es un excelente chef que mete unas pizzas artesanales que pa que te cuento), se disfruta de tranquilidad y, lo mejor de todo, desde allí se puede ir y regresar en el día a varias ciudades de película, muy vivas y al mismo tiempo llenas de historia, de ésas que una vez visitadas se te convierten en inolvidables.