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lunes, 8 de noviembre de 2021

29 AÑOS DE YIN EN ESPAÑA

   Hoy, 8 de noviembre, se cumplen 29 años de que llegué a España. Era 1992 y yo, como gente de a pie que siempre fui, sufría, completamente aterrillado, los embates del oscuro y terrible Período Especial, luchando con la ansiedad y la desesperación ante un panorama que cada día se ponía peor.
   Aprovechando una oportunidad que se me presentó, me atreví a vencer el miedo de lanzarme al vacío con 54 años y le vendí el cajetín a Fidel Castro y su pandilla de privilegiados, que se empeñaban en seguir mangando, mientras le hacían pasar trabajo a la gente escudándose en un sistema socialista que, por inoperante, ya se había caído en todo el mundo.
   El giro que le di a mi vida fue de 180 grados. Comencé desde cero, con mis bolsillos vacíos, en un país donde nadie me conocía, no tenía familia ni amigos que me echaran un cable y mi futuro estaba teñido de incertidumbre.
   A casi tres décadas de aquel cambio sustancial, echo la vista atrás y afirmo, contundente, que emigrar fue una experiencia difícil, pero en mi caso valió la pena y, si volviese a ser el Yin aterrillado de 1992, lo volvería a hacer una y veinte veces más.
 
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sábado, 11 de septiembre de 2021

PEDRAZA GINORI EN EL DIARIO DE LA MARINA

   Hace un rato, navegando por Internet, me topé con una sorpresa: una foto publicada el 12 de mayo de 1960 en el Diario de la Marina en la que  aparezco yo.

   Por entonces, tenía 21 años y medio y estudiaba publicidad en la Universidad de la Habana. Con un grupo de mis compañeros nos pasamos el domingo anterior (o sea, el día 8) recorriendo lugares de interés turístico de la provincia de Pinar del Río.

   Han pasado más de 61 años. ¿Qué habrá sido de ellos?

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viernes, 27 de agosto de 2021

DIARIO DE CUBA ENTREVISTA A PEDRAZA GINORI

    El 26 de agosto de 2021, el periódico digital Diario de Cuba publicó esta entrevista conmigo, realizada unos días antes.

 

   Este es el enlace donde se puede ver:

   https://diariodecuba.com/cultura/1629988480_33597.html

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miércoles, 25 de agosto de 2021

MI ADIÓS AL ICRT


    Yo, que durante 30 años conocí bien el ICRT, que viví y sufrí desde dentro toda su ineficacia, su burocratismo, su sumisión absoluta al poder, su recelo hacia el arte, sus dirigentes ineptos y su miseria moral, hoy le digo solavaya con esta rumba de Ignacio Piñeiro.

No la llores, no la llores,

que fue la gran bandolera, 

enterrador, no la llores.

 

 
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viernes, 13 de agosto de 2021

COSAS QUE APRENDÍ, SUFRIENDO A FIDEL CASTRO

    Porque me tocó la mala suerte de vivir en el tiempo en que era el emperador de Cuba, este individuo me marcó la vida y fue determinante en mi destino.

    Así que hoy, en el 95 aniversario de su nacimiento, yo también tengo derecho a recordarlo.
    A mi manera, claro.
 
 
    Sufriendo a Fidel Castro aprendí que:

    El mejor sitio para que viva un cubano es el extranjero.
 
    La sociedad se divide en dos clases, inevitablemente destinadas a luchar entre sí: los que hacen cola y los que no.

    El nacionalismo patriotero es una gripe que siempre termina en neumonía.
 
    Ecuación requetecierta: 
Ego desmesurado + Carisma – Freno = Desastre.
 
    La historia absuelve o no, depende de quien la escriba.
 
    La retórica hueca embaraja los problemas; solo la gestión eficaz los resuelve.
 
    Un tirano te puede seguir poniendo su bota en tu garganta años después de su muerte.
 
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miércoles, 14 de julio de 2021

AYER Y HOY DEL MENEÍTO DE LA NUEVA TROVA

   Había que verlos, como los vi yo, allá por las décadas de los 70 y 80, con sus guitarritas al hombro, disfrazados con ropas de obreros y botas cañeras, con sus voces desafinadas y sus tonadas lastimeras llenas de metáforas rebuscadas y giros oníricos que solo ellos entendían.
 

    Nos hacían ver que vivían todo el día embargados de un dolor profundo por el hambre de los pobres en Bangla Desh, por la discriminación de los negros en Estados Unidos y por las torturas que sufrían los combatientes por la libertad que caían bajo las garras de los dictadores en Argentina, Chile y Uruguay.
   Había que verlos en su tiempo de esplendor, sueltos y sin bozal bajo el manto protector de Haydee Santamaría, Alfredo Guevara y Antonio Pérez Herrero, enalteciendo la revolución sin cuestionar sus manchas, como fieles servidores.
   Había que verlos, preocupados por la suerte de los oprimidos del mundo desde que se levantaban hasta que se acostaban, mientras creaban un entramado musical casi siempre mediocre que pretendieron convertir en la verdadera y única música cubana.

miércoles, 5 de mayo de 2021

LUIS MANUEL OTERO ALCÁNTARA, ESE MUCHACHO DE LOS HUEVOS GRANDES

Yo tenía 20 años el 1 de enero de 1959 cuando Batista fue echando y Fidel Castro, por la vía de las armas, se montó en el poder. En el poder absoluto. El máximo líder, un desequilibrado mental con un ego más grande que el Himalaya, prometió un futuro luminoso donde los cubanos tendríamos un nivel de vida como el de Suiza, viviríamos en un estado de derecho donde la justicia social prevalecería, donde más nunca un policía golpearía o torturaría a un detenido y disfrutaríamos de todas las libertades existentes y por existir.
Yo, como millones de cubanos, me compré por completo su discurso inicial, deslumbrado por el carisma y la labia del Comandante en Jefe. El tiempo demostró que el tipo, buchipluma namá, era un dictador peor que Batista, que su revolución era un fraude, que el régimen llamado socialista era un desastre a la hora de gestionar, que el día a día era un apagón repleto de carencias e injusticias y que el futuro luminoso prometido era una farsa para cazar ingenuos que debían sacrificarse para que una casta de privilegiados viviera como Carmelina, mientras la población las pasaba canutas.
De esa desilusión, de ese desencanto, de esa frustración, nace mi alto nivel de escepticismo en todo lo relativo a los políticos. En Cuba y en España los he visto mentir a tutiplén, prometiendo cosas que ellos saben que no cumplirán, y una vez llegados al poder los he visto desinflarse como un globo pinchado.
Escéptico como soy, miré con distancia y recelo a los distintos opositores al castrismo que fueron surgiendo, aunque alguno, como Osvaldo Payá, me impresionó por su coherencia. Mi primera impresión de Luis Manuel Otero Alcántara fue buena, el día en que protestó por la exclusión del busto de Mella en el hotel de lujo de la Manzana de Gómez. Este muchacho tiene huevos, me dije entonces.


Los años han ido pasando y los huevos de Luis Manuel han ido creciendo. Aunque a uno no le cuadren algunas de sus actuaciones, hay que reconocerle que ha logrado lo que nadie había conseguido antes: unir detrás de su figura a miles de cubanos que le admiran y respetan por convertirse en un tumor en el culo del castrismo, cuyos dirigentes no saben cómo quitárselo de encima porque cualquier cosa que hagan va a tener repercusión internacional.
Y ese mérito lo ha conseguido poniendo el cuerpo, maltratando su salud, aguantando golpes, entrando y saliendo de calabozos, desafiando a un poder omnímodo y capaz de cualquier desmán, jugándose la vida en su empeño de ser un hombre libre en un país donde nadie es libre.
Ese gesto de arreglarle el cuello de la camisa al médico que lo atiende en el Calixto García para que salga bien en el video, retrata la humanidad de un hombre excepcional, que no se conforma con haberse librado de la opresión, sino que quiere que los demás lo hagan y les enseña que la desobediencia pacífica es un camino efectivo para lograrlo. ¿Será él la inspiración que los cubanos adormecidos y miedosos necesitan para salir de su letargo y quitarse de encima de una puñetera vez a la dictadura? No lo sé, el tiempo lo dirá.
Lo que sé es que hoy por hoy, a 5 de mayo de 2021, a pesar del escepticismo orgánico que padezco, quiero echar a un lado mi silencio y declarar públicamente que me simpatiza mucho ese muchacho de los huevos grandes que detenido en el Calixto, rodeado de represores, vilipendiado en los medios oficialistas y entero en sus convicciones, representa la mejor oportunidad que hemos tenido en 62 años de salir de la pesadilla.
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domingo, 28 de marzo de 2021

LOS QUE NO LLEGARON

 

    A principios de 1970, tras casarme con Loly, fui a vivir al piso de ella y sus padres en la calle Carmen, cerca de Vives. En el edificio de al lado residía un matrimonio formado por dos cuarentones. En este relato les llamaré Adela y Fermín, aunque no son sus nombres reales.

   Eran dos personas decentes de pies a cabeza y con eso los describo perfectamente. Adela era ama de casa y Fermín era jefe de una brigada de operarios de la Empresa Eléctrica. Andaba a diario por La Habana en un camión de instalaciones y reparaciones, trabajando lo mismo en lo alto de un poste que en uno de los túneles llenos de cables que surcan la capital por debajo de las calles. Jugándose la vida en un puesto peligroso que se había cobrado la vida de más de uno de sus compañeros.
   La amistad de años que ellos mantenían con la familia de mi esposa se alimentaba de la cercanía y la buena vecindad. A poco de mudarme les conocí, primero intercambiando frases de balcón a balcón y después visitándoles en su piso. Lo que me llamó la atención en ellos era la tristeza que irradiaban.
   Cuando se lo comenté a Loly, ella me reveló el motivo. Un par de años antes, Adela y Fermín habían sufrido una terrible desgracia. Sus dos únicos hijos, ambos rondando los veinte años, habían salido en una pequeña embarcación de un punto de la costa norte rumbo a la Florida y nunca llegaron. El mar se los tragó.
   Enterado del suceso, en mis siguientes visitas a mis vecinos cobraron especial interés y significado para mí los retratos de los dos jóvenes que colgaban de las paredes del salón.
   Durante los 14 años que viví en Carmen, Adela, Fermín y yo conversamos muchas veces, de muchos temas diferentes, pero nunca hablamos de la tragedia de los dos hijos perdidos para siempre en su intento de escapar de Cuba. Era evidente que el asunto les resultaba demasiado doloroso y yo respeté su silencio.

   Han pasado cincuenta años, Adela y Fermín deben haber fallecido ya, deben haber descansado de la amargura y el dolor que sufrieron en cada uno de los días de sus últimos años. Ha pasado más de medio siglo y todavía hoy el océano se sigue cobrando vidas. Y uno se pregunta: ¿hasta cuándo?
 
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jueves, 18 de marzo de 2021

VIVIR Y MORIR DIGNAMENTE

   Para alguien que sabe de primera mano lo que es tener a un familiar muy querido padeciendo de una enfermedad incurable y dolorosa en estado terminal, deseando que ese familiar deje de sufrir de una vez por todas y sufriendo yo, este 18 de marzo de 2021 es un gran día.
   Con todas las garantías y a pesar de la oposición de poderosas fuerzas retrógradas, el Congreso Español ha aprobado lo que era desde hace años un reclamo de la gran mayoría de la sociedad: la ley que permite la eutanasia.
   Estoy muy contento. España, mi país, el que me acogió y me ha restituido la condición de persona libre que en Cuba me habían arrebatado, la nación que me ha permitido vivir dignamente durante décadas, hoy me ha dado la oportunidad, si llegado el momento así yo lo deseara, de morir dignamente. 
 

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   Ojo: la ley PERMITE, pero no OBLIGA. Estas son algunas de sus características:
 
   Podrán solicitar la eutanasia los pacientes que sufran una enfermedad grave e incurable o un padecimiento grave, crónico e imposibilitante. Esto es, una persona afectada por limitaciones que "inciden directamente sobre su autonomía física y actividades de la vida diaria, de manera que no pueda valerse por sí misma" o un paciente cuya enfermedad, por su naturaleza, "origina sufrimientos físicos o psíquicos constantes e insoportables sin posibilidad de alivio que la persona considere tolerable, con un pronóstico de vida limitado, en un contexto de fragilidad progresiva".
    La decisión de pedir la ayuda para morir debe ser autónoma, informada por el equipo sanitario responsable y sin presiones externas. "En la historia clínica deberá quedar constancia de que la información ha sido recibida y comprendida por el paciente", añade la ley. Al mismo tiempo, "mediante la posibilidad de objeción de conciencia, se garantiza la seguridad jurídica y el respeto a la libertad de conciencia del personal sanitario llamado a colaborar en el acto de ayuda médica para morir".
   Para poder recibir esta prestación será necesario que la persona tenga la nacionalidad española, residencia legal en España o certificado de empadronamiento que acredite un tiempo de permanencia en territorio español superior a doce meses, tener mayoría de edad y ser capaz y consciente en el momento de la solicitud. 
   Asimismo, el paciente debe disponer por escrito de la información que exista sobre su proceso médico, las diferentes alternativas y posibilidades de actuación, "incluida la de acceder a cuidados paliativos integrales, comprendidos en la cartera de servicios comunes y a las prestaciones que tuviera derecho de conformidad a la normativa de atención a la dependencia".
   Se tendrán que formular dos solicitudes con al menos quince días de separación entre ellas, pero si el paciente no se encuentra en el pleno uso de sus facultades y ha pedido la eutanasia en un testamento vital o de voluntades anticipadas, también se podrá facilitar la prestación.
   Además, el enfermo debe prestar "consentimiento informado previamente a recibir la prestación de ayuda para morir". En caso de que la solicitud sea rechazada, el paciente podrá presentar en el plazo máximo de quince días hábiles una reclamación ante la Comisión de Garantía y Evaluación competente. "El médico responsable que deniegue la solicitud está obligado a informarle de esta posibilidad".
 
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jueves, 4 de marzo de 2021

RAFAEL GARCÍA CENTENO, UN TIPO ENTERO

      A los 76 años, ha fallecido en La Habana uno de los supercamarógrafos de la televisión cubana: Rafael García Centeno.
 
Rafael García Centeno
 
  A Centeno había que decirle usted cuando se colocaba detrás de una cámara. Era de esos grandes artistas que no se equivocaban nunca, que siempre daban la toma correcta, que dominaban el equipo como si fuera parte de su cuerpo. Y, además, fue una de esas personas que andan por el mundo regando buen rollo, creando compañerismo, sin formar alboroto, sin salirse de lo correcto, escudándose detrás de una sonrisa de pícaro para mirar la vida y disfrutarla, un tipo entero, ¡guapo ahí!
No me gusta mencionarme cuando despido a alguien que se va, pero en este caso no puedo evitar decir que fue alguien que siempre echó palante conmigo en todos y cada uno de los muchos programas que hicimos: Juntos a las 9 (A la hora del cañonazo), Concursos Adolfo Guzmán, Joven Joven, Arte y Cultura, Mi pueblo, 12 y 30 Campesino, Como me gusta mi campo…
 
Pedraza Ginori y Rafael García Centeno

Creo que con ningún otro cámara logré una conexión profesional y personal como con Centeno. Por ello en 1989, cuando Amaury Pérez Vidal me dio la oportunidad de hacer un documental que recogiera una de sus giras por México, no lo dudé ni un segundo en elegir a Centeno como director de fotografía. Y allá nos fuimos, a trabajar a base de improvisación y a sacarle el jugo a los momentos que se viven en un recorrido de conciertos por 11 ciudades, a crear “Por la carretera”, una de mis obras de las que me siento más satisfecho y una experiencia de convivencia diaria que terminó por unirnos más de lo que ya lo estábamos.
 






Estas fotos fueron tomadas en Tijuana, mientras grabábamos
"Por la Carretera", audiovisual que se puede ver pulsando el siguiente enlace:
Cuando, después de más de 20 años sin saber el uno del otro, conectamos gracias a Facebook, me enteré de que Centeno seguía en La Habana, que una enfermedad le había jugado una mala pasada y lo había obligado a abandonar su carrera. Por nuestros frecuentes intercambios de mensajes supe que la fatalidad le había golpeado muy fuerte, pero no lo había derrotado, que seguía siendo el Centeno entero y guapo ahí de siempre.
Adiós amigo, te despido con dolor. Todos los que tuvimos la suerte de conocerte y trabajar contigo te vamos a echar mucho de menos.
 
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martes, 9 de febrero de 2021

EL CUMPLEAÑOS DE LAURA

   Laura Silva, nacida en Guara, un pueblecito habanero del que yo nunca había oído hablar, vive en Asturias y desde allí ha desplegado su gran talento y se ha convertido en una excelente diseñadora de modas con prestigio internacional. Sus creaciones se venden en 1500 tiendas de todos los continentes.
 
Laura Silva y su hija Lucía
 
   Laura me llama a cada rato a ver cómo estoy. Me dice "viejito" porque para ella no soy Pedraza Ginori, sino el Yin que se casó con su gran amiga Loly y llamarme "viejito" es su manera de expresarme el cariño que me tiene.
   Laura es de las buenas, de las mejores, de esas personas sensibles que no me fallaron en las horas malas y yo sé que están y estarán junto a mí, aunque su Oviedo y mi Ourense estén separadas por cientos de kilómetros.

   Laura cumple años hoy y para que ustedes vean qué nivel tiene esa cubana, qué clase de amiga me gasto, la felicito reproduciendo unos diseños suyos y un texto que escribió, un texto que me ha tocado la fibra porque contiene esa verdad adolorida que nos acompaña a los cubanos emigrados por dondequiera que vamos.
   Felicidades.
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   Me desvelo como toda cincuentona. Me cuestiono mi vida, la vida y los pasos que di para llegar al hoy. Traigo el pasado que no consigo olvidar, un presente incierto y un futuro que a ratos asusta y soy consciente que puedo hacerlo porque al final tengo comida en el plato, una cama caliente, agua en el grifo y un techo sobre mi cabeza. Pero me desvelo, da igual la dosis de ejercicio individual o colectivo que asuma, la tila o la evasión impuesta a fuerza de ignorar los telediarios. Recuerdo a los ausentes, rememoro lugares que ya solo están en mi cabeza, busco refugios en mi memoria de lugares donde me siento a salvo y feliz: Una canción, un momento, un olor… Mi abuela materna, asturiana de nacimiento y desterrada a conciencia, siempre me dijo que no emigrara, que emigrar era morir de alguna forma y que al final uno terminaba en un limbo del que es difícil escapar. “Es como morir un poco, nene”, solía decirme.
   Me desvelo y termino de leer: “Next year in Havana” de Chanel Cleeton (El próximo año en la Habana), me levanto y hago de la cocina mi salvavidas. Soy una pésima cocinera que se empeña en derrocar esa falta de aptitud con una dosis altísima de indolencia y actitud positiva. Tengo el firme propósito de ser una abuelita regordeta con olor a vainilla, al fin y al cabo esa será la lógica evolución de mis caderas. Trato de seguir inmóvil, indolente y callada en mi postura de emigrante cubana que hace más de 8 años que no pisa esa isla. Me digo constantemente que no vale la pena. Opinar, para qué? Que va a cambiar? Cuando?
   Me desvelo y, mientras derrito mantequilla y azúcar, pongo abundante vainilla, añado anís estrellado y remuevo la mezcla en el molde para hacer un caramelo denso, no dejo de pensar en mis desvelos. Me duele Cuba, me sigue doliendo a pesar de los años y a pesar de que a estas alturas he sumado otros dolores que me atormentan como el futuro incierto que le dejo a mi hija en forma de mundo. Pongo una pizca de canela, no mucha. Me controlo a la fuerza. Al final soy de excesos irracionales en el último momento, nunca escucho esa voz que dice no, no abras la puerta del horno, no pongas más vainilla o eso no combina…. Sonrío y recuerdo a mi abuela Titia que según dicen hacia las mejores melcochas de su Guara natal. Yo no sé hacerlas y pienso en cuantas recetas se van perdiendo. Quien sabe hacer melcochas? Flanes de calabaza? Quimbombó? Majarete? Boniatillo? Mala rabia?
   Mientras añado la manzana a la mezcla y la capa de masa quebrada vuelvo al libro. Mi santo nunca pone pegas a mis impulsos. Cuando vio que lo añadí al pago de la compra en la papelería del barrio solo me dijo: ojalá no sea otro más que termina acumulando polvo en la estantería a medio terminar, ojala no te deje triste, ojala no te decepcione.
   Hoy su lectura acompañó mi desvelo. Y mientras meto en el horno mi particular versión de la tarta Tatin recuerdo a Cuba, pienso en el libro y no, no me decepciona. Para alguien que empezó su adicción a la lectura con novelas de Corin Tellado y que desarrolló con ello una tremenda tolerancia a esas salidas, no le resulta raro que en esta el hilo conductor sea una historia de amor. Incluso agradezco que la escritora deje las descripciones de sexo en una mera insinuación, será su lado anglosajón me digo. Estoy harta de escritores con gancho que emplean varios párrafos en hablar del tamaño de los miembros masculinos y la virilidad de sus personajes, como si describir penes erectos ya garantizara el éxito. No es Padura, ni Vargas Llosa, ni Milán Kundera, no es García Márquez, ni Isabel Allende, no es Zoe Valdés, no…no se le acerca a Mijaíl Bulgakov pero está Cuba, su historia y todo un abanico de acontecimientos que se han ido diluyendo y olvidando con el tiempo a fuerza de las tantas veces reescrita histeria/historia de nuestra tierra. Igual es mejor la versión en inglés porque intuyo que la fluidez de la narración se pierde un poco en la traducción, pero no me hagan caso….
   Me desvelé y recordé a mi padre. Mi padre que vivió una Habana que reencuentro en el libro, una parte de la historia que aprendí a escondidas y en susurros. El olor a manzana asada y caramelo de vainilla con anís estrellado está por todas partes. Leo las supuestas noticias del presente de la tierra que se supone debo llamara patria. Leo a favor, y en contra y todo lo contrario. La imposición por la fuerza de las ideologías nunca llego a buen puerto.
 
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miércoles, 30 de diciembre de 2020

FARAH MARÍA, NUESTRA NOVIA

   Con el fallecimiento de Farah María, el maldito 2020, ya a punto de irse, le acaba de poner la tapa al pomo de todas sus maldades.
   ¿Qué puedo yo decir de Farah? Como director que tuvo el privilegio de trabajar con ella en innumerables ocasiones, doy fe de su extraordinaria profesionalidad, del gran respeto que sentía por su carrera, de su compañerismo, de su innata y rara timidez que le impedía creerse una gran estrella cuando lo era y mucho.
 
 
    Como admirador, que lo fui, lo soy y lo seguiré siendo, digo que desde que Meme Solís la descubrió y le dio la enorme responsabilidad de sustituir en su cuarteto a Moraima, desde que Meme la moldeó y nos la entregó, fascinante y sexy, todos la hicimos nuestra. Y ella, con sus movimientos provocativos y su voz cálida de tintes íntimos, no solo supo ganarse un puesto relevante en el cuadro de cantantes estelares que hicieron historia en el mundo del espectáculo cubano de los 60, 70 y 80. También logró, con su belleza peculiar, su cuerpo increíble y su delicada distinción, convertirse en el símbolo sexual de toda una generación de cubanos, sus eternos enamorados silenciosos, que nunca le agradeceremos lo suficiente el placer que nos producía verla de lejos y sentirla tan cerca, vacilando el hecho maravilloso de que ella existiera y nunca supiera que era nuestra novia secreta.
 
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jueves, 24 de diciembre de 2020

A BEATRIZ MÁRQUEZ, DE UN VIEJO DESVELADO

   Cuando uno se ha montado en la edad que yo tengo, el dormir largo se le resiste. Lejos, muy lejos quedan aquellos años de juventud en que podía acostarme, cerrar los ojos y despertarme diez o doce horas después. Ahora lo más que aguanto son cinco horitas. Habitualmente voy abajo a eso de la una de la madrugada y, sin que yo pueda evitarlo, mi infalible reloj interno me despierta a las 6 de la mañana. Como estoy jubilado y no tengo algo que me obligue a levantarme, suelo quedarme remoloneando entre sábanas y colchas. Después que escucho las noticias en el radiecito, lucho contra el desvelo poniendo a funcionar mi memoria, que afortunadamente se mantiene bien. Y ella, por un mecanismo ajeno a mí, extrae de sus archivos y me regala momentos vividos, anécdotas y situaciones, recuerdos que me van entreteniendo y me ayudan a caer en una especie de sopor que se parece a dormir, pero que no es dormir.
   Ayer, por ejemplo, mi mente me hizo volver atrás, a los tiempos en que dirigía programas en la tele y espectáculos musicales en los teatros. Y allí, en medio de mi duermevela matutino, embelesado por el sueño que lucha, pero no acaba de vencerme, me estuve acordando de la cantidad de buenas cantantes que tuvo Cuba allá por los 60, 70 y 80. Y de la suerte que tuve de poder trabajar junto a ellas.
   Fue una época que no volverá, en que uno, organizando un elenco, podía levantar el teléfono y contactar con una estrella para que el sábado viniera a prestigiar su show. Elena, Rosita, Moraima, la Justiniani, Maggie, Mirta, Farah, Soledad, Elsa Rivero, Gina León, María Elena Pena, Marusha, Annia, Omara, Ela, La Remolá, Miriam Ramos, Lourdes Torres, Raquel Hernández, Elizabeth de Gracia, Delia Díaz de Villegas, María Antonieta…
   Seguramente se me habrá olvidado alguien, pero se dispensa el fallo porque, mientras las recordaba, andaba yo más dormido que despierto.
   Y en eso estaba cuando me viniste a la mente tú, Betty. Y lamenté que en medio de la parafernalia que era mi trabajo, de la velocidad y la agitación que caracterizaban a mi día a día, nunca me detuve un momento de las innumerables ocasiones que compartimos para decirte lo mucho que te admiraba y confesarte que yo era un gran fan tuyo desde aquella noche de los 60 en que nos metimos en el estudio 2 de Radiocentro para grabar una canción con Los Barba y lo hiciste como lo hubiera hecho un ángel si ellos pudieran cantar. Nunca superé mi vergüenza y nunca supiste que en mi podio personal eras medalla de plata, solamente superada por el oro indiscutible que ostentaba la inconmensurable e imbatible reina Elena de todas las Burkes.
   Y ayer, Beatriz Márquez, tras varias décadas de no vernos y a muchos kilómetros de lejanía, me dije “qué va, esto hay que remediarlo”. Me tiré de la cama y fui a teclear tu nombre en Youtube, a encontrar un pretexto para hacerte estas líneas y decirte con ellas, en público, lo que nunca te dije en privado: que tu sobrenombre de La Musicalísima se quedó corto y que te agradezco como no te puedes imaginar los momentos que me diste, llenos de sentimiento, entrega y perfección.
 
  
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   Pulsando este enlace: 
https://www.facebook.com/yin.pedrazaginori/videos/1512411028951027
se puede ver a Beatriz interpretando “Alguien”, una canción compuesta por Rembert Egües. El video está extraído del DVD “Espontáneamente”, muy bien realizado por Ian Padrón, que se grabó en 2010 con orquestaciones y dirección musical de Juan Manuel Ceruto.
   Les propongo verla como la vi yo ayer, con calma, vacilando cada gesto, cada palabra, disfrutando de su afinación y de su manera personal de expresar el filin. Y si no se emocionan, corran a verse eso con un especialista en sicología porque tienen un problema grave de falta de sensibilidad.

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