Eso de que cuando un ser
querido se muere va al cielo no es cierto. Eso es una mentirita
faciloide que se les dice a los niños para tratar de explicarles el
hecho terrible de que alguien desaparezca y no esté más. Cuando una
persona que queremos o admiramos se muere va directo a ocupar el
lugar que le corresponde por derecho en un sitio maravilloso, se
dirige a un país entrañable donde le espera una segunda vida que
durará, esta vez sí, hasta siempre.
Ese
sitio maravilloso, ese país entrañable, es el recuerdo de los
demás.
Hoy, 9 de abril,
ha fallecido Frank González y en el interior profundo de mi memoria,
allí donde guardo a los actores cubanos que más valoro, los grandes
dramáticos Reinaldo Miravalles, Miguel Navarro, José Antonio
Rivero, Ricardo Dantés, Carlos Paulín, Enrique Santisteban, René
de la Cruz, Roberto Blanco, Vicente Revuelta, Adolfo Llauradó, José
Antonio Rodríguez, Ángel Toraño, Omar Valdés, Luis Alberto
García, Armando Soler, Juan Carlos Romero, Agustín Campos, Orlando
Casín, Gaspar de Santelices, Raúl Pomares, Manuel Estanillo, Paco
Alfonso, Enrique Almirante, Eduardo Egea, Erdwin Fernández,
Alejandro Lugo, Luis Manuel Martínez Casado, Raúl Selis, Hilario
Peña, Coqui García, Bernardo Menéndez, Salvador Wood, Raúl
Eguren, Luis Alberto Ramírez y José Corrales andan ajetreados,
buscando un taburete para que se siente entre ellos Frank, el
muchacho sencillo del Departamento de Facilidades de la TV Cubana al
que se le metió entre ceja y ceja ser un gran artista, respetado por
sus compañeros y admirado por sus compatriotas, y lo consiguió a
base de talento, esfuerzo, sacrificio y respeto por su trabajo.
 |
| El gran actor cubano Frank González |
::::::::::::::::::::::::::::