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jueves, 26 de septiembre de 2013

CUSO GUARAÑICO, A GUITARRAZOS POR LA VIDA

    El 19 de septiembre de 2013, en la página “Los guaracheros de Miami” de Facebook, apareció publicado el siguiente anuncio: 
    Estoy cocinando la versión de Los Guarañicos USA, agrupación musical al estilo de los viejos septetos típicos tradicionales, con un repertorio inédito que recoge temas actuales con sabor añejo. Necesitaré más adelante la cooperación y apoyo de los miembros de este grupo con su entusiasmo y activismo, para difundir la obra que va a salir al bate, en busca de dar un jonrón que aprecien todos los cubanazos amantes de la música cubana.
    Quizás nos vayamos tan lejos como de hacer un grupo donde la marímbula y la botija hagan la función del bajo para dar la autenticidad autóctona de las primeras agrupaciones campesinas que interpretaban el son cubano y las guarachas picarescas de tiempos de Ñañá Seré, pero que hoy, al ser refrescada con temas de estos tiempos, se logre una agrupación sui generis para el disfrute de todos.
    Estoy receptivo a un casting de treseros para formar parte de este grupo. Ya poseo trompetista y bongosero así como un cantante alternativo. La guitarra la pudiese tocar yo pero si algún guitarrista interesado me contacta para ingresar en el grupo, le cedo la plaza y yo tocaré percusión menor y cantaré para darle el espacio. El grupo debe estar entre los 7 u 8 miembros teniendo en cuenta al marimbulero y al botijero. Llamar al (786) 623-1661 Preguntar por Cuso.

    Ustedes se preguntarán ¿por qué Ginori ha reproducido en su blog la oferta que hace este señor para formar un grupo musical? ¿Quién es Cuso?

 
LA AUDICIÓN EN MAZÓN Y SAN MIGUEL
    En enero del 83 me hice cargo de “Para bailar”, el fenómeno televisivo de los 70 creado por Eduardo Cáceres Manso que los dirigentes de Televisión Cubana, con la miopía que les caracterizaba para asuntos de programación, mantenían en el aire aunque ya había cumplido y requetecumplido su ciclo vital. Con una tristona competencia de bailes como eje central y algunas variedades musicales, el programa se había convertido en una patética caricatura del gran exitazo que había sido.
    Con el espacio, heredé unos castings que se hacían los miércoles por la noche en los estudios de Mazón y San Miguel. Pensé que era una excelente oportunidad para descubrir gente nueva y de hecho lo fue.
    Un día se apareció un joven que, no sé por qué, me pareció guajiro.
El tipo era el clásico descarado cubano, simpático y locuaz. Me dijo que él había formado y dirigía un conjunto musical de aficionados que hacía humor y quería que yo les viera. Vinieron a hacer una audición. Me gustaron y decidí programarles.
    Su formación era similar a la de los grupos campesinos, de los de tierra adentro. Tenían un repertorio propio compuesto por su director, autor de letras y melodías. Eran guarachas en las que trataban aspectos de la vida cotidiana y anécdotas musicalizadas. Se habían bautizado Los Guarañicos: “guara” de guaracha y “ñico” por su referente, el célebre autor Ñico Saquito. En lo que hacían resultaba evidente la influencia de “María Cristina me quiere gobernar" o “Cuidadito, compay gallo”.


UNA CARRERA METEÓRICA
    Debutaron conmigo a lo grande el viernes 26 de marzo del 83 en el teatro Karl Marx, en un espectáculo titulado “Se soltó Papillon” en el que alternaron con un elenco de primera línea en el que estaban Eloísa Álvarez Guedes, Reinaldo Miravalles, Erdwin Fernández, Carlos Montezuma, Virulo y su Conjunto Nacional de Espectáculos al completo, Daniel García (Juan Primito), Ruiz de la Tejera, Jorge Guerra y otros. Aunque a Los Guarañicos se les veía verdes, el público les recibió bien. No desentonaron, que ya es mucho decir. Tenían mucho potencial, era algo fresco por desarrollar y le metían a las guarachas, algo que nadie (excepto Virulo, pero en otra onda) estaba haciendo. Me acuerdo del entusiasmo que por ellos mostró Miravalles.
    Al día siguiente de su debut en el KM, actuaron en el Canal 6, en la última grabación que hice de “Para bailar” que, al fin, estaba recibiendo su puntillazo final. En abril les incluí en el espectáculo de clausura de la Bienal Internacional del Humor, en San Antonio de los Baños. En junio les programé otra vez en televisión, en “Joven Joven”, donde los pepillos los recibieron muy bien. A principios de julio me atreví a llevarlos a Santiago de Cuba, a un evento que se llamó FestiHumor XXX Aniversario (se anunció como Festival Nacional de Humor), organizado por el ICRT y que se celebró en un gran escenario en el Parque Céspedes, donde actuaron junto al elenco de “San Nicolás del Peladero” y muchos otros intérpretes destacados, con libretos de Núñez Rodríguez, Carballido Rey y Évora Tamayo.
    De mi mano pero gracias a su calidad y a su repertorio, Los Guarañicos se estaban colando y su futuro inmediato era prometedor. No podían ir en otra dirección que no fuera para arriba. Pero fue visto y no visto. Un día el director me dijo que el grupo se había desintegrado, que iba a formar otro y que cuando lo tuviera listo me avisaría. Pero nunca lo hizo. Le perdí la pista. Con el tiempo, pensé que se había pirado de Cuba y hasta fui olvidando su nombre.


CUSO GUARAÑICO RIDES AGAIN
    En el mes de julio pasado, el gran humorista cubano Pepe Pelayo publicó en su web una crónica sobre la historia de su grupo La Seña del Humor de Matanzas y en ella incluyó un repaso a las figuras del género en los años 80. Cuando la leí, noté que faltaban Los Guarañicos. Le sugerí a mi social Pepe que les incluyera y él, que no les conocía, confió en mí y aceptó mi sugerencia.
    El 31 de julio, mi amigo Mario Barros, quien creó y dirigió en Cuba el grupo humorístico Lenguaviva y se había leído también el mamotreto de Pelayo, me dijo que el guarañico director había trabajado con él, que llegaron a establecer una buena amistad, que vive en Estados Unidos, se llama Jorge López y tiene una cuenta en Facebook a nombre de "Cuso El Guarachero Viboreño”.

    Le envié un mensaje y la respuesta de Cuso no se hizo esperar:
    Recuerdo con alegría todo el apoyo que usted nos brindó y las experiencias que viví gracias a su labor para con nosotros. Le comento que he seguido componiendo guarachas, canciones, sones y boleros, como que sigo dándole guitarrazos a la vida. Desde 1996 vivo en Miami. He intentado rehacer el grupo, titulándolo aquí como "Guarañico USA" pero hasta el momento no ha sido posible.
    Sepa que siempre le estaré agradecido, de por vida. Espero sigamos comunicándonos.

    Cuso es todo un personaje, campechano y luchador que, a pesar de vivir desde hace mucho en el extranjero, no ha perdido ni un gramo de su cubanía. Me hizo llegar algunos recuerdos y anécdotas de su vida personal y de la historia de Los Guarañicos. Me parecieron interesantes y reveladores de ciertas situaciones que se vivieron en Cuba, un país donde la bohemia era el nombre de una revista y los bohemios no encajaban en absoluto. Así que le pedí que ampliara el texto, con la idea de darlo a conocer en este blog. Él, amablemente, accedió y se puso a escribir.
    Si alguna cosa me precio de tener en lo relacionado con el mundo del espectáculo es olfato. Y estoy convencido de que a Cuso le aguarda aún una linda carrera por delante. El día de mañana, cuando sea famoso, los investigadores y cronistas de la música cubana que escribirán sobre él tendrán un valioso material de referencia en este relato suyo, que publico con mucho gusto a continuación. Disfrútenlo.


miércoles, 18 de septiembre de 2013

PIÉRDETE, QUE ESTÁN RECOGIENDO


Barrio de El Vedado, Habana, Cuba

    En los 60, si uno estaba dispuesto a soportar el via crucis de una cola, tenía a su disposición varios sitios desperdigados por el Vedado, llamados oficialmente "unidades gastronómicas" y popularmente "matahambres".
    Entre ellos, las cafeterías de los hoteles Riviera, Nacional y Habana Libre, la del patio del Focsa, El Carmelo de 23 y el de Calzada frente al Amadeo, La Cocinita de Paseo llegando al Malecón, La Pelota de 12 y 23, la Arcada de Radiocentro (que para muchos era La Arqueada)…
    En ellos se podía comer un tentempié o una merienda. Nada del otro mundo pero habíamos entrado en los años del "algo es algo" y nos conformábamos con lo que dieran. Recuerdo los bocaditos de pan con pasta, los dulcecitos, los helados "cómetelo pronto antes de que se derrita" y aquellos refresquitos tibios hechos con colorante, al que la inderrotable chispa criolla bautizó como "meao de vieja".
                                                        Esquina de 21 y N

EL PARQUE DE MI PUEBLO EN PLENO VEDADO 
    Nacido y criado en una pequeña localidad de provincia, la esquina del capitalino hotel Capri, la de moda en el Vedado, me recordaba al parque de mi adolescencia villareña, cdonde la gente pasaba las noches conversando, cogiendo el fresco y paseando alrededor de la glorieta en la que tocaba la Banda Municipal. En definitiva, la Habana de aquella primera década revolucionaria, encerrada en sí misma y que había dejado de ser una ciudad cosmopolita, ¿qué era sino un enorme pueblo de campo?

DONDE SE LIGABA, QUE NO ERA POCA COSA
    Desde hacía tiempo, N y 21 se había ido consolidando como un punto preferido de encuentro de mucha peña, en su mayoría jóvenes que girovagaban por allí cada día y, sobre todo, cada noche.


    El núcleo central de aquel agujero negro que atraía al personal era la cafetería del Capri. En ella se comía, se bebía, se conversaba, se pasaba un buen rato entre amigos y, si se terciaba, se ligaba -que no era poca cosa-. Lo cierto es que se había colgado la medalla de sitio más in del Vedado, aunque en aquella época jamás habíamos oído hablar del calificativo in y lo usual era decir que tenía onda o caché.

    Nunca se sabe con certeza qué factores hacen que las personas se inclinen hacia una unidad gastronómica desestimando a otras. En este caso podríamos hablar de su ubicación a cien metros del epicentro de la vida nocturna que era La Rampa, de la facilidad con que se accedía directamente desde la calle N (sin que hubiera que entrar al hotel como tal), a que la espera de su cola resultaba relativamente pequeña, de la variedad de su oferta, de sus precios asequibles y de la diligencia con que atendían sus camareros. Pero, por encima de todo eso, creo que su predominio sobre los demás matahambres obedecía a la presencia frecuente en sus instalaciones de gente del faranduleo -entendido en su concepto más amplio-, lo que le aportaba un toque especial.

A VER LO QUE CAE
    Al Instituto Cubano de Radiodifusión no había llegado aún el video tape como opción generalizada así que los programas de Televisión Cubana se hacían en directo. Como a los que trabajábamos en el ICR, el Capri nos quedaba a una cuadra de los estudios del Focsa y a apenas dos de Radiocentro, se hizo costumbre que los artistas, directores, escritores y técnicos, antes o después de las transmisiones y ensayos, nos diéramos una vuelta por allí. Muchas veces no íbamos a consumir sino a disfrutar de la atmósfera, “a ver lo que hay” o “a ver lo que cae”.


CADA LOCO CON SU TEMA
    Además de la fauna televisiva, otros habituales de la cafetería y sus alrededores eran quienes trabajaban en los cabarets de la zona, pepillas en busca de autógrafos, pepìllas en busca de otras cosas, clientes del hotel, diseñadores, gente de teatro, estudiantes, homosexuales, melenudos, muchachos cuyas vestimentas y pelambreras destacaban por su originalidad y algunos ejemplares de grupúsculos considerados entonces estrafalarios –ahora les llamarían tribus-, que se movían fuera de las conductas gratas a los que dirigían el país. (1)
    Que yo recuerde, el ambiente allí era apacible, nadie molestaba a nadie, cada uno en lo suyo. Una familia “normal” de padre, madre e hijos pequeños podía ocupar una mesa junto a la de un grupo de “raritos” y todo corría sin problema alguno, sin que la presencia de unos perturbara a los otros. En definitiva, hablamos de un lugar con buen rollo para ir a pasar un rato agradable en compañía de tus semejantes.

CAMBIO DE TERCIO
    Dejemos por el momento la movida de 21 y N y su cafetería y adentrémonos en una historia que se desarrollaba al mismo tiempo.

lunes, 16 de septiembre de 2013

¿QUIÉN ES EL ÚLTIMO?

    La cola, tan criolla como las palmas, ha sido un fenómeno sociológico característico de nuestra nación en las últimas seis décadas.
    ¿Qué cubano de las últimas generaciones no se ha preguntado qué cantidad de horas, cuántos valiosos minutos de su única e irremplazable vida malgastó haciendo filas? A pesar de vivir en España por más de dos décadas, no puedo quitarme de la cabeza esa agobiante sensación de pérdida que me dejaron para siempre, como secuela, los innumerables ratos míos tirados a la basura durante las colas que hice en cafeterías, bodegas, terminales, pizzerías, paradas de omnibus, tiendas, oficinas, talleres, etc. 
    Yo pertenecí a ese mayoritario segmento de la sociedad civil cubana llamado "población". Debido a esa situación, viví muchos años en el país de "¿Quién es el último?", en un reino de lo real no maravilloso en el que para obtener algo -hasta la más mínima cosa- uno tenía que entregar a cambio no sólo dinero, esfuerzo o papeleo burocrático sino, además, el bien más preciado de un ser humano: su tiempo.

¿PERO TÚ TE CREES QUE ESTAMOS EN EUROPA? ESTO ES CUBA, MI HERMANO


    Marcar en una cola era penetrar en un túnel de intranquilidad, caminar pasito a pasito en una procesión laica marcada por la preocupación, el agobio y la inseguridad.
    Los afortunados que habían viajado a Europa contaban que allí uno se colocaba detrás de alguien y aguardaba unos minutos, tranquilamente, a que le tocase su turno. Pero eso era allá lejos, en los países. Esto era Cuba y aquí las cosas eran diferentes.
    Lo de menos era la espera, que se hacía pesada e interminable. Lo más jodido de una cola eran sus molestos e inevitables complementos, cualquiera de los cuales podía ser el germen de una discusión que podía terminar en una salación:
        el chico que pedía turno y se iba para regresar media hora después con tres o cuatro más
        la mulatona que buscaba integrarse en un puesto delantero jurando haber marcado detrás de uno bajito con una camisa de rayas que ahora no aparecía

        los colaos con sus infinitas variantes: el agresivo, la suplicante que daba lástima, el "despistado", el social o pariente agregado a última hora, etc.
      el molote cerca de la entrada cuando el desagradable y todopoderoso portero anunciaba con voz firme: “Fíjense, voy a dejar pasar siete más y cierro por hoy
    En fin, ¿qué les voy a contar?

martes, 10 de septiembre de 2013

JUAN PADRÓN HABLA SOBRE VAMPIROS EN LA HABANA

    El pasado 5 de septiembre de 2013 publiqué en este blog mi “CARTA A JUAN PADRÓN, POR SI ACASO”, que pueden leer pulsando este vínculo:
    El día 9, el autor de “Vampiros en La Habana” me envió, como respuesta, un interesante texto que agradezco mucho y que doy a conocer aquí con su consentimiento. En él, Juan cuenta con detalle las interioridades y dificultades del proceso de creación de su magnífica obra.
    Además, Johnny Terrori tiene la gentileza de tratarme de “socio” y de “tigre”, dos de los calificativos más entrañables que se me puedan dirigir.
    Disfruten el mensaje a continuación:
 

jueves, 5 de septiembre de 2013

CARTA A JUAN PADRÓN, POR SI ACASO

                       Juan Padrón, nacido en 1947, es caricaturista, realizador de dibujos animados, 
                                            ilustrador, historietista, guionista y director de cine.

Galicia, 5 de septiembre de 2013

Sr. Juan Padrón,
La Habana,
Cuba.

Estimado Padroncito:

    Espero que al recibo de la presente, te encuentres bien en compañía de los tuyos. Por acá, vamos tirando. Mi esposa Loly Buján y yo seguimos viviendo en España, este país acogedor en el que nos plantamos hace 21 años. Ya nos hemos jubilado y estamos más tranquilos que estate quieto.

    Hace tiempo que he estado por escribirte pero por h o por b lo he ido dejando para más adelante. Creo que ha llegado la hora de que ese “más adelante” se convierta en hoy y te suelte la descarga que te tenía guardada.

    Mientras viví allá, no establecimos amistad en el sentido hondo que yo le doy a esa palabra. Fuimos condiscípulos en los 70, cuando juntos estudiábamos Historia del Arte en aquellos cursos nocturnos para trabajadores que pusieron, al fin, un diploma universitario en nuestras manos y añadieron una línea a nuestros currículums. Allí, en las aulas y pasillos de la Facultad de Artes y Letras nos conocimos, charlamos alguna que otra vez y creo que nos caímos bien mutuamente. Entonces, eso fue todo. Después, en contadas ocasiones, nos encontramos en la Cinemateca, en la UNEAC, aquí o allá y, como es natural entre conocidos, nos saludamos e intercambiamos un par de frases. Pero de ahí no pasamos.

    A lo largo de muchos años, he seguido tu carrera y he disfrutado como no te imaginas con tus personajes. Me he divertido muchísimo con tus verdugos, tus mambises, tus panchos, con tus filminutos, con ese mundo prodigioso que fuiste creando a tu alrededor, fruto de tu talento creativo y de, estoy seguro, muchas horas de insomnio y trabajo. De la saga de Elpidio, ¿qué te puedo decir que no te hayan dicho ya? Por eso, con permiso de María Silvia y Resoplez, en esta ocasión voy a centrarme en “Vampiros en La Habana”.

miércoles, 28 de agosto de 2013

TELEVISIÓN CUBANA: ANA LASALLE, TELE-REVISTA, TEATRO ICR

    En 1968, el Departamento de Dramatizados de Televisión Cubana se dividía –al menos- en dos áreas (1): a una correspondían los espacios "serios" como las novelas, los cuentos y los obras teatrales. Su responsable era el actor Juan Carlos Romero. A la otra, estaban asignados los de humor y su jefa era Ana Lasalle.
    Entre los programas que esta última redacción manejaba estaba “Tele-Revista”, del que me entregaron la dirección a mediados de aquel año. De esa manera comencé a trabajar con Ana.

ANA, LA FAMOSA
    Actriz, directora y activista revolucionaria, ella afirmaba haber nacido en Francia y desarrollado una exitosa carrera artística en España y Argentina antes de arribar en 1957 a Cuba, país en que se afincó definitivamente hasta su fallecimiento en 1989.

 Así lucía Ana poco después de haber recalado 
en La Habana procedente de Argentina
(Foto publicada en Bohemia, 21 abril de 1957)

   Cuando llegué al Instituto Cubano de Radiodifusión (ICR), Ana ya era famosa. Despertaba admiración en el público por sus personajes en programas dramáticos y humorísticos -en especial la Tecla que interpretó durante años en “Casos y cosas de casa”-.
                José Antonio Rivero, Ana Lasalle y Coqui García en "Casos y cosas de casa"

    Dentro de la TV Cubana, era una figura muy controvertida, admitida por algunos, masticada pero no tragada por otros y mal valorada por no poca gente. Ya veremos por qué.

viernes, 23 de agosto de 2013

TELEVISIÓN CUBANA: CÓMO ENTRÉ EN EL ICRT, UN MILLÓN DE LUNES, 4 VOCES EN EL 4

Entrada a CMQ por la calle M, años 50
EL CURSO PARA FORMAR DIRECTORES DE TV
    Ante el éxodo de personal cualificado que se fue produciendo en los primeros años revolucionarios, los dirigentes que se encargaban de gestionar el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICR) decidieron echar a andar en 1965 un curso para formar nuevos directores de TV. Gracias a darle la lata a Celestino García Suárez,
entonces cargo importante en Televisión Cubana, logré que me aceptaran como alumno en dicho curso.
    Por cierto, Celestino era el mismo que me abrió las puertas de Radio Progreso en 1961 y a quien yo traicioné marchándome al Teatro Musical de La Habana. Era una buena persona y lo demostró dándome una segunda oportunidad que le agradeceré hasta mi día final.
    Los profesores que nos puso el ICR eran profesionales de primer nivel. Entre ellos, recuerdo a dos respetados directores de programas dramatizados: Roberto Garriga y Antonio Vázquez Gallo, al ingeniero José Raúl Estol, que nos enseñaba aspectos técnicos, y al escenógrafo Julio Basora.
                     Roberto Garriga                           Julio Basora  y  Loly Buján
    El alumnado lo formábamos un grupo de una veintena de personas venidas de lugares y experiencias diferentes. Fueron mis condiscípulos Humbertico García Espinosa y Eduardo Moya (procedentes del ICAIC), Marcos Miranda, Germán Navarro y el entrañable Manuel Casanova (quienes habían sido empleados de una fábrica de muñecas), los integrantes del Ballet de la TV Gladys González, Antonio Sánchez y Cristy Domínguez, los actores José Corrales y Miguel Sanabria, Isabelita Rodríguez (quien venía de la radio y volvió a ella), la diseñadora de vestuario Lydia Sánchez, Felipe Sarduy (que ya era director y deseaba ampliar conocimientos) y una joven actriz, de nombre Loly Buján, a quien yo había conocido cuando trabajó de asistenta de dirección en un cortometraje que el ICAIC rodó con el elenco del Teatro Musical de La Habana mientras yo trabajaba allí.
    Como parte práctica de nuestro aprendizaje, nos ubicaron como ayudantes de algunos directores consagrados. En realidad era poco lo que hacíamos, básicamente tareas menores. Lo más importante consistía en observar, paso a paso y desde adentro, cómo se desarrollaba el proceso de fabricar un complejo producto llamado programa.
Ballet en "Cabaret Regalías", año 1953
Rolando Laserie y Celeste Mendoza en "Jueves de Partagás".
En primer plano, una cámara Dumont montada en un dolly

sábado, 17 de agosto de 2013

JOVEN HA DE SER, QUIEN LO QUIERA SER

    En esta entrada del blog presentaré dos maneras de enfocar un mismo asunto, el programa 'Yo también soy joven'.
    Primero van a leer como Loly Buján y yo, sus creadores y directores, nos referíamos a él en un material que apareció en la prensa cubana en 1979. Notarán enseguida que en nuestras respuestas y comentarios nada hay de políticamente incorrecto en relación con los parámetros que regían por entonces las publicaciones en Cuba.
    Y a continuación, añadiré algunos recuerdos y reflexiones personales sobre el programa, que hace 34 años yo no podía hacer públicos y ahora sí. 
    Sirva la presente información adicional como un complemento de la crónica que publiqué en este blog el 13 de enero de 2013 con el título de “Yo también soy joven”.
    Dicha crónica se puede leer pulsando el siguiente vínculo:

El blog de Pedraza Ginori - Yo también soy joven 

PRIMERA PARTE (1979)
    En el número de mayo/junio del 79 de La Gaceta de Cuba, periódico de arte y literatura de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), se publicó una entrevista titulada “Loly Buján y Pedraza Ginori hablan de Yo también soy joven”. La firmaba Aquiles Heel.
    Dormía entre mis viejos papeles y, afortunadamente, la he podido rescatar. Éste es su texto completo:
    Dentro del llamado genero testimonial, lo autobiográfico ocupa sitio importante en nuestra literatura. Los libros de memorias, los relatos en los cuales se describe la vida propia, han alcanzado, en diversas colecciones, amplias tiradas, las que se han correspondido con el interés del público lector.
    Ahora bien, recientemente, ello ya no es sólo patrimonio de la letra impresa, sino que, de súbito, ha saltado hacia las pantallas de la televisión, para, de ese modo, asentarse en un medio de difusión masiva que abarca grandes sectores de nuestra población.
    Se trata del programa 'Yo también soy joven', en el cual el testimonio, lo autobiográfico y la anécdota pulposa se dan la mano con la crónica y la entrevista televisadas.
    En torno a este programa, hablan sus realizadores, Loly Buján y Eugenio Pedraza Ginori.
Pedraza Ginori y Loly Buján en 1979

jueves, 8 de agosto de 2013

¿TE ACUERDAS DEL BAILE JUANITO? Y del singao miedo, ¿te acuerdas?

Para Pepe Pelayo, mi amigo, a quien le debía esta crónica
HECHO CON GANAS
    Era a finales de 1985, probablemente en diciembre. Yo estaba al frente de Joven Joven que, tras haberse transmitido por el Canal 6 de TV Cubana cada semana desde abril del 83, había conseguido una enorme audiencia, sobre todo juvenil, ganada con mucho esfuerzo, echándole muchas horas.
    Yo me había comprometido mucho con JJ. El espacio presumía de tres lemas que resultaban toda una filosofía de conducta: “Un programa hecho con ganas”, “Por encima y a millón” y “Quietecito no va conmigo”. Me sentía muy motivado, siempre a la que se cayó, maquinando ideas, rompiéndome el coco constantemente para ver qué asunto o sección interesante presentaríamos el próximo domingo.
    Carlos Otero, uno de nuestros animadores, que vivía en Miramar, me comentó un día que en un centro nocturno de su barrio estaba ocurriendo algo. El sitio era el antes conocido como Johnny's Dream Club (Calle 0 entre 3ª y 3ª A) al que las autoridades revolucionarias le habían cambiado el nombre y, aprovechando que el Almendares pasaba cerca de allí, le habían rebautizado como Río Club, aunque para todo el mundo y su tía seguía siendo “El Johnny”.


EL YONI EN EL JOHNNY    
    Carlos, quien se dejaba caer por el Río de vez en cuando, me contó que los jóvenes bailaban allí de una forma diferente la música americana que ponía el disc-jockey, con un estilo nuevo al que llamaban “el johnny” (pronunciado como “yoni”).
    -- Pero, ¿cuánta gente baila eso?
    -- Oye, te digo que se llena cada noche y que todo el mundo allí baila el yoni. Es una fiebre.
    -- ¿Y está bueno?
    -- ¡Muchacho!, un vacilón.
    Me quedé con el dato y empecé, como siempre hacía, a darle vueltas en mi mente para ver cómo podíamos incorporar el bailecito a Joven Joven. Lo más fácil hubiese sido invitar a un grupo de aquellos muchachos a venir al estudio para que lo bailaran. Pero, tras sufrir una serie de encontronazos con mis superiores por cosas “no correctas” presentadas en JJ, yo tenía que andar con pies de plomo, sopesando muy bien qué hacer y qué no hacer en el programa.
    Me puse a averiguar por mi cuenta y descubrí que la clientela del Río Club la formaban, en un número considerable, chicos de determinado status social llamémosle “alto, no popular”, vecinos de una zona residencial como Miramar y alrededores, hijos de papá y mamá con posibilidades, que vestían a la última y que deben haber sido los antecedentes directos de los que en la Cuba actual son denominados “los nuevos ricos”.
    No digo que fueran malas personas, solamente que no eran los modelos políticamente correctos que yo debía presentar en Joven Joven, según los criterios de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), que auspiciaba el espacio, y las líneas que me habían marcado en la TV Cubana.
 

MÚSICA DE AFUERA, MÚSICA DE ADENTRO
    Otro elemento a considerar, importantísimo:
    -- Oye, Carlos, ¿y con qué música se baila eso?
    -- Toda de afuera. El “Holiday” de Madonna, “Easy lover” de Phil Collins… Y cuando la noche se calienta, Miami Sound Machine. Tienen un número que se llama “Conga” que es el perfecto para el yoni.
    Sumé ambos factores: pepillaje fisto de Miramar bailando música de un grupo de Miami –y por lo tanto prohibido en Cuba- y el resultado lógico no podía ser otro que “olvídate de eso, Yin”

domingo, 28 de julio de 2013

ASAMBLEA EN TELEVISIÓN CUBANA (Primera Parte)

PREÁMBULO NECESARIO
    Antes de todo, debo aclarar que a mediados de 1974, a mis 35 años, aunque no era ni había sido antes militante del Partido Comunista ni tenía cargo alguno en las Milicias, los CDR o el sindicato, yo era un simpatizante convencido de la revolución cubana. Aunque veía ciertos comportamientos, actitudes y cabronadas que me inspiraban rechazo porque no me cuadraba la lista (lo que pregonaba el periódico) con el billete (lo que hacían los que mandaban), todavía estaba en esa etapa en que uno quería pensar que todo lo negativo se debía a que una casta de aprovechados, burócratas y mediocres se había sabido aprovechar de la revolución en su beneficio. Esa etapa en que pensaba que la deriva evidente por la que transitaba el proceso, se podía revertir.

    Yo entonces creía en la revolución. En su posibilidad de regeneración, en sus principios humanistas, en sus objetivos de justicia para todos, en un sistema socialista en el que las personas tuvieran garantizados la sanidad, la educación, la vivienda, el trabajo, la seguridad social y las oportunidades de desarrollar sus capacidades y aptitudes hasta el máximo posible.
    Esta premisa, “creo en la revolución y en que se puede salvar”, válida para mí en aquel tiempo, resulta fundamental para situar en su contexto lo que leerán a continuación.

UNB PITCHER EXPLOTA Y ENTRA OTRO COMO RELEVO
    Era 1974. Después de varios años, me parece que fueron siete, de “gobierno” de Jorge “Papito” Serguera (1) y sus compañeros de aventuras, al fin había llegado un nuevo presidente a hacerse cargo del Instituto Cubano de Radiodifusión (2).

    Se llamaba Nivaldo Herrera y se corrió por los pasillos que venía, enviado por las más altas instancias del partido, a poner orden y a encarrilar las cosas –que andaban bastante desviadas- en nuestro organismo.
    A mí me causó buena impresión cuando le vi y oí por primera vez, por las cosas que dijo en un discurso que nos disparó a la masa, en el que habló del importante papel que la radio y la televisión debían desempeñar en la nueva sociedad que se estaba construyendo, por sus llamados a colaborar y a discutir abiertamente los problemas y por su promesa de establecer una nueva forma de relación entre dirigentes y dirigidos.  
    El ICR ardía de expectación por saber por dónde irían los tiros, cuáles serían las reformas, qué lanzamientos traía en su repertorio el nuevo pitcher que nos habían mandado desde arriba para relevar al que había explotado.