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jueves, 31 de octubre de 2013

martes, 29 de octubre de 2013

ESTRELLA Y LUCEROS DEL CARNAVAL DE LA HABANA 1970

INTRODUCCIÓN
    Cuba, a mediados de 1970. Tras el reciente y estrepitoso fracaso de la zafra de los 10 millones que iban pero que no fueron, el país andaba cabizbajo, medio depresivo ante la evidente realidad de que, a pesar de los esfuerzos y los sacrificios, no siempre se triunfaba. Y ese sentimiento de derrota, de gran abatimiento colectivo, no era el adecuado si se quería seguir contando con el favor de las masas.
    Así que alguien consideró que lo mejor para sacudir el muermo era, dado el carácter fiestero del cubano, darle alegría a su cuerpo macareno (1). Y se decidió hacer los carnavales más carnavales de todos los carnavales. Desde la capital hasta el pueblito más pequeño y perdido, las autoridades botaron la casa por la ventana dotando de presupuesto y recursos suficientes a las carrozas y comparsas, sacaron a la venta la jama y la bebida que andaban perdidas y crearon el ambientazo. El perico de Tata Güines y sus Tatagüinitos se puso a llorar y la gente a bailarlo y a tirar hacia arriba los envases de perga llenos de cerveza mientras los vigilantes hacían la vista gorda porque las órdenes eran que el pueblo se divirtiera.


EL TABLOIDE QUE SACÓ PALANTE
    Terminando junio, en La Habana ya había finalizado, en todos los niveles –de cuadra y centro de trabajo parriba-, el proceso de selección de las estrellas y luceros del carnaval. En el semanario Palante estaban preparando un suplemento humorístico que iban a repartir gratuitamente a los asistentes a la gran final que se celebraría en la Ciudad Deportiva. Y como yo caía por la sede de la publicación semana sí semana también, mis amiguetes de la redacción, con el inefable Betán a la cabeza, me pidieron que colaborara con ellos. El cabo que les iba a tirar consistía en entrevistar a las 120 candidatas finalistas, ni una menos.
    Parecía un embarque pero resultó un vacilón, ya que se trataba de un contingente de jebitas en muy buen estado, que habían pasado por no sé cuántas eliminaciones desde la base. Eso significaba que ocupaban el primer lugar de belleza y simpatía entre las 4000 que se habían presentado al certamen en la capital y sus alrededores. Algunas de ellas, todo hay que decirlo, eran monumentos que andaban por encima del primer lugar. Por lo que la tarea resultó agradable tirando hacia very nice. Cada tarde, durante una pila de días, en la sede de la Comisión del Carnaval (calle Cárcel casi esquina a Prado), estuvimos varios compañeros haciéndoles preguntas supuestamente graciosas a las chicas en busca de respuestas chispeantes y divertidas que a veces aparecían y otras muchas no.

EL REPORTAJE PARA LA REVISTA CUBA
    Yo era colaborador habitual de la revista Cuba Internacional y propuse a su dirección realizar un reportaje sobre la estrella y los luceros. Me aceptaron la idea. Lo armé con cuatro elementos: la ceremonia de selección final, las respuestas que le habíamos sacado a las muchachas para Palante, notas que se publicaron en la prensa en aquellos días y el material que nos dio una entrevista colectiva que le hicimos a las siete triunfadoras en la sede de la revista.
    Como todo aquello de elegir reinas de belleza me parecía una costumbre machista a superar, le entré al tema con cierta distancia. Utilicé la ironía y la sátira para que se notara mi falta de identificación con el asunto pero no obtuve un buen resultado. Me faltaba la maestría periodística que me hubiese ayudado a transmitir lo que quería. Así que no quedé contento con el reportaje. Una vez que lo vi impreso, me pareció confuso, embarullado, desordenado, tanto en forma como en contenido.
    De todas maneras, creo que puede resultar interesante leerlo hoy para recordar situaciones y analizar cómo las costumbres y usos de la época republicana, a más de once años del 1 de enero del 59, mantenían su vigencia y luchaban por pervivir en la nueva era.
    A pesar de que no me gusta este material, hoy lo reproduzco como un ejercicio de lealtad y honradez conmigo mismo y con ustedes, los que me leen. No siempre voy a publicar aquellas cosas de las que estoy complacido, ¿no?

LLEGÓ EL TIEMPO DE LAS ESTRELLAS
  Reportaje sobre la Estrella y los Luceros del Carnaval 1970 de La Habana.
    Escrito por Pedraza Ginori
      y publicado en la revista Cuba (Internacional), edición de octubre del 70.
Fotos de Sonia Zalacaín, Ernesto Fernández, José A. Figueroa y Nicolás Delgado.



domingo, 20 de octubre de 2013

¡GUAPO AHÍ, MIGUEL GINARTE!

    "Hay hombres que luchan un día y son buenos.
    Hay otros que luchan un año y son mejores.
    Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos.
    Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles".
                                                                           Bertolt Brecht



    Lo primero que supe de él fue que era un guajiro que se dedicaba a surtir de caballos y otros animales a los programas de televisión. Si un director o productor necesitaba una vaca, rellenaba una solicitud, la entregaba en el Departamento de Facilidades y se despreocupaba. Miguel Ginarte se encargaba de que el día tal, en el estudio tal, estuviera la res dispuesta para “ensayar” a la hora tal y “actuar” a la hora tal.
    En una institución como Televisión Cubana, en que nada era seguro, Miguel lo era. En mis treinta años de trabajo allí, no sufrí un problema provocado por algún animal que no llegó en forma y a tiempo. Mi experiencia era idéntica a la de otros compañeros directores y productores. Yo no fui de los que necesitaban muchos animales en mis programas pero jamás escuché a alguien decir que Ginarte le fallara. Ya podían los guionistas de "Aventuras" imaginar una gran batalla campal entre mambises y españoles porque tenían la seguridad de que las respectivas caballerías estarían listas a la hora de grabar.

    Con el tiempo, fui aprendiendo que Miguel no sólo era el que suministraba animales. En la finca de Miguel, de Siboney y Pabexpo para dentro doblando a la derecha, existía todo un centro de servicios para la producción. Se impartían clases de equitación a los actores, actrices y extras, se filmaban las escenas que se desarrollaban en el campo, existían viveros en los que crecían varios tipos de árboles y plantas, un laguito en el que nadaban las aves y se guardaban carruajes, sillas de montar, accesorios y mil y un trastos supuestamente inservibles que él había ido recogiendo de aquí y de allá para resolver problemas en los programas de la tele, películas del ICAIC y eventos de Cultura y otros organismos que atendían él y sus muchachos.
    Aquellos terrenos (dos kilómetros de largo por medio de ancho) que él administraba y cuidaba con esmero, también servían para el esparcimiento y disfrute de mucha gente. Aunque nunca caí por allí, era vox populi que dirigentes, militares, funcionarios del ICRT y sujetos de las alturas se pasaban por la finca –no pocas veces acompañados de hijos, esposas y amigos- a cabalgar gratis sobre las bestias de Miguel. Las mismas que él cepillaba, bañaba, alimentaba, curaba y cuidaba cuando ellos, los aprovechados, se marchaban.
    Siempre he pensado que atender a esta pandilla, resultaba una penitencia que él soportaba estoicamente, como una actividad de relaciones públicas con el poder, absolutamente imprescindible en Cuba para mantener funcionando aquel sitio.

sábado, 12 de octubre de 2013

TV CUBANA: JABONEROS, DEMOLEDORES Y QUIJOTES (Parte 1, featuring Papito Serguera)


LA ENTREVISTA
    Fragmento de la entrevista realizada a Jorge Serguera Riverí, alias “Papito”, quien fuera presidente del Instituto Cubano de Radiodifusión (ICR) desde 1967 hasta 1974, por Ernesto Juan Castellanos y publicada en su libro “John Lennon en La Habana with a little help from my friends” (Ediciones Unión, 2005). (1)  
    Pregunta: ¿Cómo estaba estructurado ese organismo entonces?
    Respuesta: Cuando yo llegué no había realmente tal estructura organizativa. Tanto la radio como la televisión estaban entramadas de manera caótica. No existía una estructura de programas tampoco. Ésa la establecían los propios directores de los programas. A ello había que añadir un vicio: esa falta de estructura y de organización dio lugar a una parcelación en la programación. Existía el programa de Fulano, de Fulana, de Mengano y de Esperancejo. Y ya eso era clásico.
Jorge Serguera
     Quiere esto decir que lejos de responder a un proyecto cultural, la programación respondía a intereses personales, y ello generó problemas que luego fue difícil combatir y suprimir.
    Como tú comprenderás, la dirección de un aparato de aquella naturaleza no podía estar en manos de un solo hombre. Así, un grupo de compañeros y yo organizamos la estructura del ICR en pos de una mejor calidad de la programación. Y acabamos con el caudillismo, la jefatura, los dueños de programas y los males que persistían, que era muy fácil ver a dónde conducían. Si tú eras director de un espacio musical y venía una muchacha bonita a quien le gustaba cantar, tú sabes que eso terminaba en la cama. Había una cola enorme.
    Te puedes dar cuenta de que todo eso se prestaba a una cadena infinita de problemas, que incluso me atribuyeron a mí, porque la gente decía: “¡Papito acabó en el ICR!”
    Cuando yo comencé en el ICR, allí había mucho desorden, porque todo el mundo se sentía dueño de aquello. Y al yo tomar medidas para erradicar eso, se perjudicaron, como tú comprenderás, cientos de intereses. Y tantos intereses perjudicados no iban a quedarse callados. Esa contradicción, de la única manera que te la puedo explicar en una etapa en la que tuve que acabar con los intereses predominantes y establecer nuevas reglas de funcionamiento y organización, dio lugar a la desaparición de los mediocres. Algunos se fueron para los Estados Unidos, otros para sus casas y otros para otros ministerios. 

    Cuando yo era chiquito y en el patio de mi escuela pública José Martí, durante el recreo, se armaba una pelea entre condiscípulos, la señora Herminia ponía orden separando y regañando a los contendientes. Para evitar el castigo -una hora de pie en la dirección-, la disculpa más usada era:
    -- Maestra, él empezó primero.
    En esta ocasión, Jorge Serguera empezó primero. Y, por respeto a la verdad y a los profesionales que hicieron la radio y la televisión por aquellos años que él menciona, la enorme mayoría de ellos personas decentes que no se merecen esas acusaciones y comentarios, creo que debo escribir algo al respecto.
    La entrevista me causa una mezcla de pasmo, conmoción y desprecio. Es difícil asimilar que alguien pueda ser tan caradura.
    Entré en el Instituto Cubano de Radiodifusión alrededor de un año antes que Serguera. A pesar de lo mucho que ha llovido, conservo claros en mi memoria los recuerdos suficientes para establecer que este señor, que dejó una huella en Radiocentro peor que la de un huracán de categoría 5, mintió, tergiversó y manipuló más que habló en estas declaraciones en las que intentó, patética e inútilmente, lavar su imagen soltando calumnias y trolas a tutiplén.
    Los que vivimos -sufrimos- su época al frente del ICR, conocemos perfectamente cómo se las gastaba este Papito, presuntuoso y creído, que se paseaba por los pasillos con cachorro de león y para quien el edificio de 23 y M era un lugar al que ir a pasar el rato mirando películas, jugando ajedrez y ligando mujeres, a ser posible jóvenes.
    Lo siento si sus hijos consideran ofensivas mis palabras o la triste reputación de censor y represor que se labró a pulso, pero cada uno debe apechugar con los pecados del padre que le tocó.

TV CUBANA: JABONEROS, DEMOLEDORES Y QUIJOTES (Parte 2: La paloma se equivocaba, se equivocaba y aún no ha rectificado)

Ésta es la continuación (y final) de mi artículo denominado
JABONEROS, DEMOLEDORES Y QUIJOTES (Parte 1, featuring Papito Serguera), publicado el 12 de octubre de 2013, al que recomiendo tirarle un vistazo antes de leer lo que viene a continuación.
Lo encontrarán, pulsando el siguiente vínculo:

El blog de Pedraza Ginori - TV Cubana: Jaboneros, Demoledores y Quijotes (Parte 1, featuring Papito Serguera)

    Incluyo a continuación las definiciones básicas, que establecí en la primera parte, imprescindibles para comprender lo que leerán en la presente entrada.
    Jaboneros: personas forjadas en el mundo de la publicidad y la creación radiotelevisiva previas a 1959, que dominaban el mundo audiovisual capitalista y sus entresijos. En los primeros años de la revolución se incorporaron a ésta poniendo sus habilidades, métodos de trabajo y experiencia al servicio del nuevo orden. Ocuparon puestos de responsabilidad en la organización y programación. En su mayoría, eran profesionales que apreciaban el talento, lo apoyaban y lo promovían. Fueron borrados del mapa.
    Demoledores: dirigentes y funcionarios que tomaron el control del ICR a mediados de los 60 y lo mantienen hasta hoy. Su característica fundamental es la obediencia ciega. Se apuntaron con devoción a la teoría de las alturas que plantea que toda crítica, incluyendo la sana, es contrarrevolucionaria. Responsables y cómplices de que el organismo sea una férrea y superpolitizada estructura de intolerancia y censura, cuyo único objetivo es la defensa a ultranza de la revolución. Para ellos, la televisión es un altavoz para divulgar mensajes políticos y “verdades” oficiales irrefutables. En general recelan de los artistas, desconfían de los creadores y, aunque no lo reconocen en público, la cultura les asusta. Proyectan imagen de invulnerabilidad pero, como se ha demostrado más de una vez, se les puede derrotar si se les ataca con inteligencia.
    Quijotes: creadores y colectivos que creen que la televisión es un medio de difundir obras de arte, buen entretenimiento y mensajes que contribuyan al mejoramiento del ser humano. Colándose por los intersticios de un sistema obsesionado por vender productos en los años 50 e ideas políticas desde los 60, han logrado burlar interferencias y trabas dejándose la piel y la salud mental en ello y consiguieron producir grandes momentos de la historia de nuestra televisión.

LA PRIMERA DE DOS DIGRESIONES NECESARIAS
    Un ejemplo que deseo poner, por clarificador, es el de un jabonero con gran experiencia adquirida en cargos de responsabilidad en Crusellas. El hombre se las sabía todas. Para él, el programa era un producto que se elaboraba en una fábrica denominada televisora. Nombrado responsable de programación de TV Cubana a mediados de los 60, tenía establecido un método heredado del capitalismo por el que su mañana de trabajo la dedicaba a enjuiciar las transmisiones de la noche anterior. Por su oficina iban desfilando directores, escritores, escenógrafos, intérpretes y otras personas vinculadas a los espacios. Reuniones intensas y muy críticas en la que se analizaba cada detalle, cada error, cada dificultad, cada logro. Una vez desmenuzado el programa de ayer y fijados los aspectos a mejorar, se pasaba el foco de interés al de la semana próxima: ¿de qué va el libreto?, ¿quién actuará?, ¿cómo solucionar el problema que tuviste con la utilería?, etc.
    En mi carácter de asistente de dirección, tuve la oportunidad de acudir regularmente y puedo dar fe del rigor y la seriedad que presidían aquellas sesiones. A veces no estuve de acuerdo con lo que se planteaba, por ejemplo: que Rosita Fornés debía vestir en su show semanal como las amas de casa afectadas por las escaseces y no como una vedette con plumas y lentejuelas. Pero años después eché mucho de menos aquellas discusiones centradas en el programa, que desaparecieron como sistema para dar paso a juntas y asambleas descafeinadas que, en las contadas ocasiones en que se celebraban, servían simplemente para que el analfabeto televisivo que las presidía regañara a quien se había salido de la línea trazada y bajara orientaciones políticas y/o absurdas.

jueves, 26 de septiembre de 2013

CUSO GUARAÑICO, A GUITARRAZOS POR LA VIDA

    El 19 de septiembre de 2013, en la página “Los guaracheros de Miami” de Facebook, apareció publicado el siguiente anuncio: 
    Estoy cocinando la versión de Los Guarañicos USA, agrupación musical al estilo de los viejos septetos típicos tradicionales, con un repertorio inédito que recoge temas actuales con sabor añejo. Necesitaré más adelante la cooperación y apoyo de los miembros de este grupo con su entusiasmo y activismo, para difundir la obra que va a salir al bate, en busca de dar un jonrón que aprecien todos los cubanazos amantes de la música cubana.
    Quizás nos vayamos tan lejos como de hacer un grupo donde la marímbula y la botija hagan la función del bajo para dar la autenticidad autóctona de las primeras agrupaciones campesinas que interpretaban el son cubano y las guarachas picarescas de tiempos de Ñañá Seré, pero que hoy, al ser refrescada con temas de estos tiempos, se logre una agrupación sui generis para el disfrute de todos.
    Estoy receptivo a un casting de treseros para formar parte de este grupo. Ya poseo trompetista y bongosero así como un cantante alternativo. La guitarra la pudiese tocar yo pero si algún guitarrista interesado me contacta para ingresar en el grupo, le cedo la plaza y yo tocaré percusión menor y cantaré para darle el espacio. El grupo debe estar entre los 7 u 8 miembros teniendo en cuenta al marimbulero y al botijero. Llamar al (786) 623-1661 Preguntar por Cuso.

    Ustedes se preguntarán ¿por qué Ginori ha reproducido en su blog la oferta que hace este señor para formar un grupo musical? ¿Quién es Cuso?

 
LA AUDICIÓN EN MAZÓN Y SAN MIGUEL
    En enero del 83 me hice cargo de “Para bailar”, el fenómeno televisivo de los 70 creado por Eduardo Cáceres Manso que los dirigentes de Televisión Cubana, con la miopía que les caracterizaba para asuntos de programación, mantenían en el aire aunque ya había cumplido y requetecumplido su ciclo vital. Con una tristona competencia de bailes como eje central y algunas variedades musicales, el programa se había convertido en una patética caricatura del gran exitazo que había sido.
    Con el espacio, heredé unos castings que se hacían los miércoles por la noche en los estudios de Mazón y San Miguel. Pensé que era una excelente oportunidad para descubrir gente nueva y de hecho lo fue.
    Un día se apareció un joven que, no sé por qué, me pareció guajiro.
El tipo era el clásico descarado cubano, simpático y locuaz. Me dijo que él había formado y dirigía un conjunto musical de aficionados que hacía humor y quería que yo les viera. Vinieron a hacer una audición. Me gustaron y decidí programarles.
    Su formación era similar a la de los grupos campesinos, de los de tierra adentro. Tenían un repertorio propio compuesto por su director, autor de letras y melodías. Eran guarachas en las que trataban aspectos de la vida cotidiana y anécdotas musicalizadas. Se habían bautizado Los Guarañicos: “guara” de guaracha y “ñico” por su referente, el célebre autor Ñico Saquito. En lo que hacían resultaba evidente la influencia de “María Cristina me quiere gobernar" o “Cuidadito, compay gallo”.


UNA CARRERA METEÓRICA
    Debutaron conmigo a lo grande el viernes 26 de marzo del 83 en el teatro Karl Marx, en un espectáculo titulado “Se soltó Papillon” en el que alternaron con un elenco de primera línea en el que estaban Eloísa Álvarez Guedes, Reinaldo Miravalles, Erdwin Fernández, Carlos Montezuma, Virulo y su Conjunto Nacional de Espectáculos al completo, Daniel García (Juan Primito), Ruiz de la Tejera, Jorge Guerra y otros. Aunque a Los Guarañicos se les veía verdes, el público les recibió bien. No desentonaron, que ya es mucho decir. Tenían mucho potencial, era algo fresco por desarrollar y le metían a las guarachas, algo que nadie (excepto Virulo, pero en otra onda) estaba haciendo. Me acuerdo del entusiasmo que por ellos mostró Miravalles.
    Al día siguiente de su debut en el KM, actuaron en el Canal 6, en la última grabación que hice de “Para bailar” que, al fin, estaba recibiendo su puntillazo final. En abril les incluí en el espectáculo de clausura de la Bienal Internacional del Humor, en San Antonio de los Baños. En junio les programé otra vez en televisión, en “Joven Joven”, donde los pepillos los recibieron muy bien. A principios de julio me atreví a llevarlos a Santiago de Cuba, a un evento que se llamó FestiHumor XXX Aniversario (se anunció como Festival Nacional de Humor), organizado por el ICRT y que se celebró en un gran escenario en el Parque Céspedes, donde actuaron junto al elenco de “San Nicolás del Peladero” y muchos otros intérpretes destacados, con libretos de Núñez Rodríguez, Carballido Rey y Évora Tamayo.
    De mi mano pero gracias a su calidad y a su repertorio, Los Guarañicos se estaban colando y su futuro inmediato era prometedor. No podían ir en otra dirección que no fuera para arriba. Pero fue visto y no visto. Un día el director me dijo que el grupo se había desintegrado, que iba a formar otro y que cuando lo tuviera listo me avisaría. Pero nunca lo hizo. Le perdí la pista. Con el tiempo, pensé que se había pirado de Cuba y hasta fui olvidando su nombre.


CUSO GUARAÑICO RIDES AGAIN
    En el mes de julio pasado, el gran humorista cubano Pepe Pelayo publicó en su web una crónica sobre la historia de su grupo La Seña del Humor de Matanzas y en ella incluyó un repaso a las figuras del género en los años 80. Cuando la leí, noté que faltaban Los Guarañicos. Le sugerí a mi social Pepe que les incluyera y él, que no les conocía, confió en mí y aceptó mi sugerencia.
    El 31 de julio, mi amigo Mario Barros, quien creó y dirigió en Cuba el grupo humorístico Lenguaviva y se había leído también el mamotreto de Pelayo, me dijo que el guarañico director había trabajado con él, que llegaron a establecer una buena amistad, que vive en Estados Unidos, se llama Jorge López y tiene una cuenta en Facebook a nombre de "Cuso El Guarachero Viboreño”.

    Le envié un mensaje y la respuesta de Cuso no se hizo esperar:
    Recuerdo con alegría todo el apoyo que usted nos brindó y las experiencias que viví gracias a su labor para con nosotros. Le comento que he seguido componiendo guarachas, canciones, sones y boleros, como que sigo dándole guitarrazos a la vida. Desde 1996 vivo en Miami. He intentado rehacer el grupo, titulándolo aquí como "Guarañico USA" pero hasta el momento no ha sido posible.
    Sepa que siempre le estaré agradecido, de por vida. Espero sigamos comunicándonos.

    Cuso es todo un personaje, campechano y luchador que, a pesar de vivir desde hace mucho en el extranjero, no ha perdido ni un gramo de su cubanía. Me hizo llegar algunos recuerdos y anécdotas de su vida personal y de la historia de Los Guarañicos. Me parecieron interesantes y reveladores de ciertas situaciones que se vivieron en Cuba, un país donde la bohemia era el nombre de una revista y los bohemios no encajaban en absoluto. Así que le pedí que ampliara el texto, con la idea de darlo a conocer en este blog. Él, amablemente, accedió y se puso a escribir.
    Si alguna cosa me precio de tener en lo relacionado con el mundo del espectáculo es olfato. Y estoy convencido de que a Cuso le aguarda aún una linda carrera por delante. El día de mañana, cuando sea famoso, los investigadores y cronistas de la música cubana que escribirán sobre él tendrán un valioso material de referencia en este relato suyo, que publico con mucho gusto a continuación. Disfrútenlo.


miércoles, 18 de septiembre de 2013

PIÉRDETE, QUE ESTÁN RECOGIENDO


Barrio de El Vedado, Habana, Cuba

    En los 60, si uno estaba dispuesto a soportar el via crucis de una cola, tenía a su disposición varios sitios desperdigados por el Vedado, llamados oficialmente "unidades gastronómicas" y popularmente "matahambres".
    Entre ellos, las cafeterías de los hoteles Riviera, Nacional y Habana Libre, la del patio del Focsa, El Carmelo de 23 y el de Calzada frente al Amadeo, La Cocinita de Paseo llegando al Malecón, La Pelota de 12 y 23, la Arcada de Radiocentro (que para muchos era La Arqueada)…
    En ellos se podía comer un tentempié o una merienda. Nada del otro mundo pero habíamos entrado en los años del "algo es algo" y nos conformábamos con lo que dieran. Recuerdo los bocaditos de pan con pasta, los dulcecitos, los helados "cómetelo pronto antes de que se derrita" y aquellos refresquitos tibios hechos con colorante, al que la inderrotable chispa criolla bautizó como "meao de vieja".
                                                        Esquina de 21 y N

EL PARQUE DE MI PUEBLO EN PLENO VEDADO 
    Nacido y criado en una pequeña localidad de provincia, la esquina del capitalino hotel Capri, la de moda en el Vedado, me recordaba al parque de mi adolescencia villareña, cdonde la gente pasaba las noches conversando, cogiendo el fresco y paseando alrededor de la glorieta en la que tocaba la Banda Municipal. En definitiva, la Habana de aquella primera década revolucionaria, encerrada en sí misma y que había dejado de ser una ciudad cosmopolita, ¿qué era sino un enorme pueblo de campo?

DONDE SE LIGABA, QUE NO ERA POCA COSA
    Desde hacía tiempo, N y 21 se había ido consolidando como un punto preferido de encuentro de mucha peña, en su mayoría jóvenes que girovagaban por allí cada día y, sobre todo, cada noche.


    El núcleo central de aquel agujero negro que atraía al personal era la cafetería del Capri. En ella se comía, se bebía, se conversaba, se pasaba un buen rato entre amigos y, si se terciaba, se ligaba -que no era poca cosa-. Lo cierto es que se había colgado la medalla de sitio más in del Vedado, aunque en aquella época jamás habíamos oído hablar del calificativo in y lo usual era decir que tenía onda o caché.

    Nunca se sabe con certeza qué factores hacen que las personas se inclinen hacia una unidad gastronómica desestimando a otras. En este caso podríamos hablar de su ubicación a cien metros del epicentro de la vida nocturna que era La Rampa, de la facilidad con que se accedía directamente desde la calle N (sin que hubiera que entrar al hotel como tal), a que la espera de su cola resultaba relativamente pequeña, de la variedad de su oferta, de sus precios asequibles y de la diligencia con que atendían sus camareros. Pero, por encima de todo eso, creo que su predominio sobre los demás matahambres obedecía a la presencia frecuente en sus instalaciones de gente del faranduleo -entendido en su concepto más amplio-, lo que le aportaba un toque especial.

A VER LO QUE CAE
    Al Instituto Cubano de Radiodifusión no había llegado aún el video tape como opción generalizada así que los programas de Televisión Cubana se hacían en directo. Como a los que trabajábamos en el ICR, el Capri nos quedaba a una cuadra de los estudios del Focsa y a apenas dos de Radiocentro, se hizo costumbre que los artistas, directores, escritores y técnicos, antes o después de las transmisiones y ensayos, nos diéramos una vuelta por allí. Muchas veces no íbamos a consumir sino a disfrutar de la atmósfera, “a ver lo que hay” o “a ver lo que cae”.


CADA LOCO CON SU TEMA
    Además de la fauna televisiva, otros habituales de la cafetería y sus alrededores eran quienes trabajaban en los cabarets de la zona, pepillas en busca de autógrafos, pepìllas en busca de otras cosas, clientes del hotel, diseñadores, gente de teatro, estudiantes, homosexuales, melenudos, muchachos cuyas vestimentas y pelambreras destacaban por su originalidad y algunos ejemplares de grupúsculos considerados entonces estrafalarios –ahora les llamarían tribus-, que se movían fuera de las conductas gratas a los que dirigían el país. (1)
    Que yo recuerde, el ambiente allí era apacible, nadie molestaba a nadie, cada uno en lo suyo. Una familia “normal” de padre, madre e hijos pequeños podía ocupar una mesa junto a la de un grupo de “raritos” y todo corría sin problema alguno, sin que la presencia de unos perturbara a los otros. En definitiva, hablamos de un lugar con buen rollo para ir a pasar un rato agradable en compañía de tus semejantes.

CAMBIO DE TERCIO
    Dejemos por el momento la movida de 21 y N y su cafetería y adentrémonos en una historia que se desarrollaba al mismo tiempo.

lunes, 16 de septiembre de 2013

¿QUIÉN ES EL ÚLTIMO?

    La cola, tan criolla como las palmas, ha sido un fenómeno sociológico característico de nuestra nación en las últimas seis décadas.
    ¿Qué cubano de las últimas generaciones no se ha preguntado qué cantidad de horas, cuántos valiosos minutos de su única e irremplazable vida malgastó haciendo filas? A pesar de vivir en España por más de dos décadas, no puedo quitarme de la cabeza esa agobiante sensación de pérdida que me dejaron para siempre, como secuela, los innumerables ratos míos tirados a la basura durante las colas que hice en cafeterías, bodegas, terminales, pizzerías, paradas de omnibus, tiendas, oficinas, talleres, etc. 
    Yo pertenecí a ese mayoritario segmento de la sociedad civil cubana llamado "población". Debido a esa situación, viví muchos años en el país de "¿Quién es el último?", en un reino de lo real no maravilloso en el que para obtener algo -hasta la más mínima cosa- uno tenía que entregar a cambio no sólo dinero, esfuerzo o papeleo burocrático sino, además, el bien más preciado de un ser humano: su tiempo.

¿PERO TÚ TE CREES QUE ESTAMOS EN EUROPA? ESTO ES CUBA, MI HERMANO


    Marcar en una cola era penetrar en un túnel de intranquilidad, caminar pasito a pasito en una procesión laica marcada por la preocupación, el agobio y la inseguridad.
    Los afortunados que habían viajado a Europa contaban que allí uno se colocaba detrás de alguien y aguardaba unos minutos, tranquilamente, a que le tocase su turno. Pero eso era allá lejos, en los países. Esto era Cuba y aquí las cosas eran diferentes.
    Lo de menos era la espera, que se hacía pesada e interminable. Lo más jodido de una cola eran sus molestos e inevitables complementos, cualquiera de los cuales podía ser el germen de una discusión que podía terminar en una salación:
        el chico que pedía turno y se iba para regresar media hora después con tres o cuatro más
        la mulatona que buscaba integrarse en un puesto delantero jurando haber marcado detrás de uno bajito con una camisa de rayas que ahora no aparecía

        los colaos con sus infinitas variantes: el agresivo, la suplicante que daba lástima, el "despistado", el social o pariente agregado a última hora, etc.
      el molote cerca de la entrada cuando el desagradable y todopoderoso portero anunciaba con voz firme: “Fíjense, voy a dejar pasar siete más y cierro por hoy
    En fin, ¿qué les voy a contar?

martes, 10 de septiembre de 2013

JUAN PADRÓN HABLA SOBRE VAMPIROS EN LA HABANA

    El pasado 5 de septiembre de 2013 publiqué en este blog mi “CARTA A JUAN PADRÓN, POR SI ACASO”, que pueden leer pulsando este vínculo:
    El día 9, el autor de “Vampiros en La Habana” me envió, como respuesta, un interesante texto que agradezco mucho y que doy a conocer aquí con su consentimiento. En él, Juan cuenta con detalle las interioridades y dificultades del proceso de creación de su magnífica obra.
    Además, Johnny Terrori tiene la gentileza de tratarme de “socio” y de “tigre”, dos de los calificativos más entrañables que se me puedan dirigir.
    Disfruten el mensaje a continuación:
 

jueves, 5 de septiembre de 2013

CARTA A JUAN PADRÓN, POR SI ACASO

                       Juan Padrón, nacido en 1947, es caricaturista, realizador de dibujos animados, 
                                            ilustrador, historietista, guionista y director de cine.

Galicia, 5 de septiembre de 2013

Sr. Juan Padrón,
La Habana,
Cuba.

Estimado Padroncito:

    Espero que al recibo de la presente, te encuentres bien en compañía de los tuyos. Por acá, vamos tirando. Mi esposa Loly Buján y yo seguimos viviendo en España, este país acogedor en el que nos plantamos hace 21 años. Ya nos hemos jubilado y estamos más tranquilos que estate quieto.

    Hace tiempo que he estado por escribirte pero por h o por b lo he ido dejando para más adelante. Creo que ha llegado la hora de que ese “más adelante” se convierta en hoy y te suelte la descarga que te tenía guardada.

    Mientras viví allá, no establecimos amistad en el sentido hondo que yo le doy a esa palabra. Fuimos condiscípulos en los 70, cuando juntos estudiábamos Historia del Arte en aquellos cursos nocturnos para trabajadores que pusieron, al fin, un diploma universitario en nuestras manos y añadieron una línea a nuestros currículums. Allí, en las aulas y pasillos de la Facultad de Artes y Letras nos conocimos, charlamos alguna que otra vez y creo que nos caímos bien mutuamente. Entonces, eso fue todo. Después, en contadas ocasiones, nos encontramos en la Cinemateca, en la UNEAC, aquí o allá y, como es natural entre conocidos, nos saludamos e intercambiamos un par de frases. Pero de ahí no pasamos.

    A lo largo de muchos años, he seguido tu carrera y he disfrutado como no te imaginas con tus personajes. Me he divertido muchísimo con tus verdugos, tus mambises, tus panchos, con tus filminutos, con ese mundo prodigioso que fuiste creando a tu alrededor, fruto de tu talento creativo y de, estoy seguro, muchas horas de insomnio y trabajo. De la saga de Elpidio, ¿qué te puedo decir que no te hayan dicho ya? Por eso, con permiso de María Silvia y Resoplez, en esta ocasión voy a centrarme en “Vampiros en La Habana”.