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sábado, 11 de septiembre de 2021

PEDRAZA GINORI EN EL DIARIO DE LA MARINA

   Hace un rato, navegando por Internet, me topé con una sorpresa: una foto publicada el 12 de mayo de 1960 en el Diario de la Marina en la que  aparezco yo.

   Por entonces, tenía 21 años y medio y estudiaba publicidad en la Universidad de la Habana. Con un grupo de mis compañeros nos pasamos el domingo anterior (o sea, el día 8) recorriendo lugares de interés turístico de la provincia de Pinar del Río.

   Han pasado más de 61 años. ¿Qué habrá sido de ellos?

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miércoles, 7 de julio de 2021

LA TORMENTA ATORMENTADA Y LOS POBRES TELEVIDENTES

   Elsa, la humilde tormenta atormentada, ya se fue de Cuba. Y se fue, dejando tras de sí cuatro o cinco matas de plátanos derribadas, un montón de calles inundadas por no tener alcantarillado, unos cuantos apagones, el chucho injusto que le han dado en redes sociales a una meteoróloga creativa y un cambio en la geografía insular por el que la Ciénaga de Zapata se convirtió en vecina de la Base Naval de Guantánamo.
   Como se ve, nada grave que haga a Elsa pasar a la historia. Lo que hizo especial a esta tormentica común y corriente fue la cobertura ininterrumpida con que el aparato de propaganda del régimen la cogió para su trajín, utilizando al ICRT, su siempre fiel títere mediático. Los cubanos recordarán a Elsa no por su intensidad o por los daños que causó, sino por las horas, las muchísimas horas en que su paso por la isla estuvo presente, más bien omnipresente, en la televisión.
 
   Hace años, la ciudadanía preocupada seguía a los ciclones a través de los boletines que cada doce o seis horas emitía el Instituto de Meteorología y que Radio Reloj repetía cada quince minutos en las voces cansinas de sus locutores, alternando con noticias sobre la indestructible amistad cubano-soviética, la lectura palabra por palabra del último discurso del máximo (y único) líder y lo mala que se estaba poniendo la cosa en Pittsburgh por las manifestaciones de protesta contra la guerra de Vietnam que allí se producían.
 
   Hace unos días, al enterarse de que se había formado una tormenta en el Mar Caribe, a quienes participan y deciden en los cenáculos mesaredondísticos donde se planifica el agit-prop criollo se les caía la baba de satisfacción, calculando que la alerta meteorológica era el pretexto perfecto para colar más de su bazofia en el coco de la gente.
   Vieron en la posibilidad de que un ciclón azotara a Cuba una oportunidad de oro para seguir machacando a la población con esos mensajes de patriotería barata con los que intentan contrarrestar la posible influencia de Internet en la ya supermanipulada y hambrienta opinión pública.
   Y prepararon un telemaratón en el que, eliminados los programas habituales, las 24 horas del día y la noche se dedicarían a dar cuenta, al detalle, de todo lo relacionado con Elsa. En principio, nada que objetar. Que una televisión estatal, pagada con dinero público, dedique un canal a eso está bien, entra en lo que es su deber con la sociedad. Pero lo que chirría y bastante es que con la excusa de informar sobre un fenómeno atmosférico que interesa porque representa un peligro, se pusiera todo el énfasis en destacar lo bueno que es Papá Estado Socialista y cómo El Ñato Díaz-Canel y su pandilla, sin desatender su combate (que, a propósito, van perdiendo) contra el coronavirus, hallaban un ratico de su precioso tiempo para preocuparse por sus infelices compatriotas de a pie, dictando órdenes para que en las bodegas de barrio se les adelantara el despacho de los escasos productos que les tocan por la libreta cada mes.

   Pero, siempre hay un pero, resulta que las horas transcurrían y la pobrecita Elsa, que no pasaba de viento platanero mientras se acercaba a la isla, no daba un juego noticioso interesante que justificara el enorme espacio de tiempo televisivo que se había planeado. Y una vez que se echó a andar la maquinaria, nadie la detuvo porque allí arriba, en la cúpula, no hay alguien con chispa, inteligencia y poder para decir “paren eso porque estamos haciendo el ridículo”. 
   Y el telemaratón de Elsa, pensado para convertirse en un hito en la historia de nuestra TV, se les volvió un tiro por la culata, se convirtió en un interminable y grotesco desfile amateur de cosas intrascendentes, presentadores provinciales y municipales que no tenían nada sustancial que contar, dirigentes gordos diciendo lo que les han orientado que digan, imágenes de cielos despejados, lloviznitas o árboles con ramas que apenas se movían y videos de evacuados que cargaban en camiones algunas pertenencias y se asomaban a las cámaras para expresar su agradecimiento a "esta revolución que tanto hace por nosotros”.
   Lo más patético es que los patrocinadores y ejecutantes del desaguisado deben estar celebrando su “éxito”, creyéndose los inventores del agua fría, cuando lo cierto, lo evidente, lo innegable es que la transmisión fue un desastre por su contenido tecoso e insoportable y porque rompía con la regla más elemental de la televisión que es que en pantalla siempre debe estar pasando algo y allí, como todo el mundo comprobó, lo único que estaba pasando era el aburrimiento absoluto.
 
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miércoles, 9 de diciembre de 2020

¿SE LES PUEDE LLAMAR MERCENARIOS?

    La casta castrista no se cansa de acusar de mercenarios a los periodistas independientes cubanos que publican sus trabajos en medios digitales que abordan la realidad de la isla desde un punto de vista no oficialista, como Diario de Cuba, Cibercuba, Cubanet, ADN Cuba, Cubanos por el mundo, 14 y Medio, Periódico Cubano, El Estornudo, Periodismo de Barrio y otros.
   Lo de llamarles mercenarios viene porque el régimen afirma que cobran por colaborar en medios que se financian con dólares de un gobierno extranjero.
   Si aceptamos esa premisa, ¿entonces se puede catalogar de mercenarios a aquellos periodistas cubanos que, siguiendo al pie de la letra las orientaciones del Partido Comunista, han trabajado y/o trabajan en emisoras extranjeras, como RT Russia Today en Español y TeleSur?
   Que conste que lo pregunto sin mala intención, solo para aclararme.


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sábado, 14 de diciembre de 2019

UNOS DÍAS ANTES DEL 1 DE ENERO DE 1959

    Diciembre de 1958 se estaba acabando y a los dueños del habanero Casino St. John's les pareció buena idea gastarse la plata en publicidad. Ni se les pasaba por la cabeza que a su negocio le quedaban unos días de vida. 
    El pueblo cubano, que sufría la dictadura de Fulgencio Batista, no imaginaba que el 1 de enero del 59 comenzaría a soportar una nueva: la de Fidel Castro.

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martes, 5 de noviembre de 2019

"TODAS LAS VIDAS DE PEPE" Y EL HEAVY METAL

   Yo pensaba que "Todas las vidas de Pepe" y el heavy metal nada tenían que ver. Hasta ayer, en que recibí este mensaje: 
   “Hello, Maestro. Mr. Pepe Mosqueira ya tiene su banner en mi blog. Quién le iba a decir a Mr. Pepe que iba estar al lado de Iron Maiden y Black Sabbath”.
    El texto añadía una dirección de Internet. Cuando pulsé el link, me encontré con la sorpresa de que mi novela se anunciaba, gratis por supuesto, en la portada de una de las webs en español más visitadas por los amantes del rock y el blues.

miércoles, 24 de mayo de 2017

PEDRAZA GINORI MEMORIAS CUBANAS, Libros 1 y 2

   Hola:
   A los lectores del blog, les informo que a través de la empresa editora norteamericana Create Space / Amazon se han publicado, en formato papel, los dos libros de mis "Memorias Cubanas".


   Sus páginas son un compendio de mis experiencias y mis circunstancias, vividas en el mundo de la televisión, los espectáculos, la creación musical, la radio, la publicidad y la prensa.
   Los dos volúmenes recogen, en clave autobiográfica, sucesos, “batallitas”, semblanzas, anécdotas y reflexiones personales de los 57 años transcurridos desde el día de 1938 en que nací en Esperanza (Las Villas) hasta el de 1995 en que abandoné definitivamente Cuba para asentarme en Galicia.
   Son, en total, 81 piezas. Algunas han aparecido en mi blog y ahora las he sometido a un proceso de edición, corrigiéndolas, ajustándolas y dándoles unidad estilística. Otras son crónicas nuevas, escritas especialmente para el libro impreso.

domingo, 13 de marzo de 2016

AVENTURAS EN EL MUNDO DE LA PUBLICIDAD

   En la habanera Escuela Profesional de Publicidad (EPP), la enseñanza me resultó interesante. Básicamente instruían al alumno en el manejo de las herramientas sicológicas que incitaban a una persona a consumir un producto o servicio. Dicho de otra forma, aprendías que la publicidad tenía como objetivo manipular a la gente para alcanzar objetivos predeterminados.

   En aquellas aulas de la EPP, en el onceno piso del Retiro Odontológico, descubrí el complejo y apasionante universo de las investigaciones de mercado, los famosos surveys, que indicaban las tendencias entre los usuarios, sus gustos, puntos de abordaje y otros detalles que cada vez más se estaban tomando como referencias en Cuba a la hora de decidir la política de proyección social de un producto. Desde su nombre y su forma de presentación hasta el diseño de las campañas de anuncios que lograsen venderlo.
   Los publicitarios lo tenían claro: la calidad era una cosa y la eficacia otra. En las aulas de la escuela se transmitía constantemente la idea de que un anuncio se mide por su efectividad práctica, por las ventas que logra, por los propósitos preestablecidos que consigue. Puede estar muy bien realizado, tener un slogan llamativo y un texto imaginativo y correctamente escrito, ser muy bonito o muy simpático, pero si no vende su producto o su idea, no sirve, es dinero tirado a la basura.
   En definitiva, estábamos asistiendo a clases para formarnos como buenos publicitarios, para aprender a concebir anuncios con la mejor factura posible pero, sobre todo, que vendiesen.
  
CON EMPUJE Y MUCHO PORVENIR
   La publicidad, como habían demostrado los americanos, era una ciencia social. En la mitad del siglo XX estaba sufriendo una transformación capital en nuestro país, convirtiéndose en un sector de gran empuje y mucho porvenir. (1)


   Cada día las empresas tomaban más conciencia de las posibilidades que les brindaba la publicidad moderna, concebida y realizada por profesionales.
   Pronto llegaría el momento en que toda campaña importante se decidiría contando no sólo con las ideas de los creativos sino además con los resultados de las encuestas que mostraban cómo entrarle mejor a los potenciales clientes.

   Todo esto lo recordé muchos años después cuando vi la teleserie norteamericana “Mad Men”, ambientada en una gran empresa publicitaria de New York, durante los años 50. Retrataba un mundo que me resultó familiar.

   Yo podría haberme convertido en uno de sus personajes si no hubiese llegado el comandante mandando a parar, poniendo a Cuba cabeza abajo.

EN BUSCA DE OTRO EMPLEO
   Hablando de emolumentos, un ejecutivo de una agencia de primer nivel que se encargara de gestionar con éxito la cuenta de un cliente importante obtenía muchos más ingresos que un director de programas en una emisora de TV.
   Pero yo seguía soñando con la tele y considerando la publicidad como un medio para llegar a ella.

miércoles, 2 de marzo de 2016

OOOH, LA HABANA, OOOH, LA HABANA

LA VIDA ERA MUCHO MÁS
   Me faltaba poco para cumplir los 18 cuando finalicé, con mucho alivio de mi parte y por ineludible mandato familiar, el Bachillerato en Ciencias en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara.
   Cumplido el trámite, había llegado para mí la hora de salir pitando de mi natal y estrecha Esperanza para abrirme hacia otros horizontes y oportunidades. La vida, de eso estaba seguro, era mucho más que dar vueltas en el Parque Martí, ver películas en el Principal, comentar lo que pasaba en el pueblo y casarme y tener hijos con una esperanceña.

   En la madrugada del lunes 17 de septiembre de 1956 mi padre y yo, sentados junto al chofer en la cabina de un camión rastra del Expreso Oriente, íbamos por la Carretera Central hacia La Habana, una ciudad para mí deslumbrante y enigmática que me atraía con la fuerza de un gran imán.


   Yo había visto en el periódico que abría su matrícula la Escuela Profesional de Publicidad, una institución habanera destinada a la formación de publicitarios.
   Se necesitaba gente específicamente preparada para dicha profesión que, según comentarios de prensa, estaba en auge en Cuba y tenía un futuro que se auguraba esplendoroso en una sociedad como la nuestra, en la que el capitalismo se desarrollaría a mil por hora en los próximos años.

   A aquellas alturas, ya mis padres daban por hecho que yo no quería estudiar una carrera universitaria y realmente no resultó difícil convencerles de que me ayudaran económicamente para echar a andar mi aventura en la capital.
   Les dije que a mí lo que me interesaba era la televisión. Y podría llegar a ella a través de la publicidad, una actividad muy ligada a la creación y producción de programas.
   Para explicarles mi estrategia les puse un ejemplo: si yo lograba entrar a trabajar en la agencia que se encargaba de la propaganda de los cigarros Partagás, tendría por lo menos un pie puesto dentro de “Jueves de Partagás”.

LA SITUACIÓN EN CASA

   En 1956, en mi hogar éramos cuatro: mi madre -ama de casa-, mi hermano –por entonces tenía 10 años-, mi padre y yo. Vivíamos bajo el signo de la austeridad, dentro de lo que en términos sociológicos se llamaba, sin que yo lo supiera, “clase baja”. Gente de las que en la bodega compraban tres de azúcar y dos de café y le decían al chino “Apúntamelo que te pago después”. (1)

   El dinero para mantener a la familia provenía de las comisiones -entre el 10 y el 15% del precio del flete de las mercancías recibidas y enviadas- que el viejo cobraba por ser agente en el pueblo de varias compañías nacionales de transporte por carretera que radicaban en La Habana: Expreso Oriente, Tráfico y Transportes, República, Sardiñas, Sicilia, Meteoro. La Flota… Él también daba servicio a porteadores autónomos independientes consiguiéndole viajes para sus camiones.

   En los primeros días de aquel septiembre, dando rienda suelta a su habilidad natural para las relaciones personales, Papá agarró el teléfono y se puso a mover sus contactos con sus amigos transportistas habaneros para encontrarme un trabajito en la capital.
   -- Es un muchacho despierto. Seguro que te puede ayudar en la oficina y no tienes que pagarle mucho –le escuché argumentar.
   Al fin, insistiendo en sus gestiones y llamadas, logró su objetivo.