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martes, 22 de marzo de 2022

APAGAR EL MORRO

      Me dice un amigo habanero que en Fracasilandia se está produciendo ahora un gran éxodo silencioso, con toda la pinta de que podría ser masivo. Que el cubano de a pie se está marchando de su patria o conoce a alguien que se está preparando para largarse.
 
 
      Si Cuba tuviera fronteras terrestres con 7 paises (como las tiene Ucrania), ¿cuántos habitantes quedarían en la isla a estas alturas de la revolú?
 
      Recado al último que salga: no se te olvide apagar el Morro.
 
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lunes, 8 de noviembre de 2021

29 AÑOS DE YIN EN ESPAÑA

   Hoy, 8 de noviembre, se cumplen 29 años de que llegué a España. Era 1992 y yo, como gente de a pie que siempre fui, sufría, completamente aterrillado, los embates del oscuro y terrible Período Especial, luchando con la ansiedad y la desesperación ante un panorama que cada día se ponía peor.
   Aprovechando una oportunidad que se me presentó, me atreví a vencer el miedo de lanzarme al vacío con 54 años y le vendí el cajetín a Fidel Castro y su pandilla de privilegiados, que se empeñaban en seguir mangando, mientras le hacían pasar trabajo a la gente escudándose en un sistema socialista que, por inoperante, ya se había caído en todo el mundo.
   El giro que le di a mi vida fue de 180 grados. Comencé desde cero, con mis bolsillos vacíos, en un país donde nadie me conocía, no tenía familia ni amigos que me echaran un cable y mi futuro estaba teñido de incertidumbre.
   A casi tres décadas de aquel cambio sustancial, echo la vista atrás y afirmo, contundente, que emigrar fue una experiencia difícil, pero en mi caso valió la pena y, si volviese a ser el Yin aterrillado de 1992, lo volvería a hacer una y veinte veces más.
 
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domingo, 28 de marzo de 2021

LOS QUE NO LLEGARON

 

    A principios de 1970, tras casarme con Loly, fui a vivir al piso de ella y sus padres en la calle Carmen, cerca de Vives. En el edificio de al lado residía un matrimonio formado por dos cuarentones. En este relato les llamaré Adela y Fermín, aunque no son sus nombres reales.

   Eran dos personas decentes de pies a cabeza y con eso los describo perfectamente. Adela era ama de casa y Fermín era jefe de una brigada de operarios de la Empresa Eléctrica. Andaba a diario por La Habana en un camión de instalaciones y reparaciones, trabajando lo mismo en lo alto de un poste que en uno de los túneles llenos de cables que surcan la capital por debajo de las calles. Jugándose la vida en un puesto peligroso que se había cobrado la vida de más de uno de sus compañeros.
   La amistad de años que ellos mantenían con la familia de mi esposa se alimentaba de la cercanía y la buena vecindad. A poco de mudarme les conocí, primero intercambiando frases de balcón a balcón y después visitándoles en su piso. Lo que me llamó la atención en ellos era la tristeza que irradiaban.
   Cuando se lo comenté a Loly, ella me reveló el motivo. Un par de años antes, Adela y Fermín habían sufrido una terrible desgracia. Sus dos únicos hijos, ambos rondando los veinte años, habían salido en una pequeña embarcación de un punto de la costa norte rumbo a la Florida y nunca llegaron. El mar se los tragó.
   Enterado del suceso, en mis siguientes visitas a mis vecinos cobraron especial interés y significado para mí los retratos de los dos jóvenes que colgaban de las paredes del salón.
   Durante los 14 años que viví en Carmen, Adela, Fermín y yo conversamos muchas veces, de muchos temas diferentes, pero nunca hablamos de la tragedia de los dos hijos perdidos para siempre en su intento de escapar de Cuba. Era evidente que el asunto les resultaba demasiado doloroso y yo respeté su silencio.

   Han pasado cincuenta años, Adela y Fermín deben haber fallecido ya, deben haber descansado de la amargura y el dolor que sufrieron en cada uno de los días de sus últimos años. Ha pasado más de medio siglo y todavía hoy el océano se sigue cobrando vidas. Y uno se pregunta: ¿hasta cuándo?
 
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martes, 9 de febrero de 2021

EL CUMPLEAÑOS DE LAURA

   Laura Silva, nacida en Guara, un pueblecito habanero del que yo nunca había oído hablar, vive en Asturias y desde allí ha desplegado su gran talento y se ha convertido en una excelente diseñadora de modas con prestigio internacional. Sus creaciones se venden en 1500 tiendas de todos los continentes.
 
Laura Silva y su hija Lucía
 
   Laura me llama a cada rato a ver cómo estoy. Me dice "viejito" porque para ella no soy Pedraza Ginori, sino el Yin que se casó con su gran amiga Loly y llamarme "viejito" es su manera de expresarme el cariño que me tiene.
   Laura es de las buenas, de las mejores, de esas personas sensibles que no me fallaron en las horas malas y yo sé que están y estarán junto a mí, aunque su Oviedo y mi Ourense estén separadas por cientos de kilómetros.

   Laura cumple años hoy y para que ustedes vean qué nivel tiene esa cubana, qué clase de amiga me gasto, la felicito reproduciendo unos diseños suyos y un texto que escribió, un texto que me ha tocado la fibra porque contiene esa verdad adolorida que nos acompaña a los cubanos emigrados por dondequiera que vamos.
   Felicidades.
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   Me desvelo como toda cincuentona. Me cuestiono mi vida, la vida y los pasos que di para llegar al hoy. Traigo el pasado que no consigo olvidar, un presente incierto y un futuro que a ratos asusta y soy consciente que puedo hacerlo porque al final tengo comida en el plato, una cama caliente, agua en el grifo y un techo sobre mi cabeza. Pero me desvelo, da igual la dosis de ejercicio individual o colectivo que asuma, la tila o la evasión impuesta a fuerza de ignorar los telediarios. Recuerdo a los ausentes, rememoro lugares que ya solo están en mi cabeza, busco refugios en mi memoria de lugares donde me siento a salvo y feliz: Una canción, un momento, un olor… Mi abuela materna, asturiana de nacimiento y desterrada a conciencia, siempre me dijo que no emigrara, que emigrar era morir de alguna forma y que al final uno terminaba en un limbo del que es difícil escapar. “Es como morir un poco, nene”, solía decirme.
   Me desvelo y termino de leer: “Next year in Havana” de Chanel Cleeton (El próximo año en la Habana), me levanto y hago de la cocina mi salvavidas. Soy una pésima cocinera que se empeña en derrocar esa falta de aptitud con una dosis altísima de indolencia y actitud positiva. Tengo el firme propósito de ser una abuelita regordeta con olor a vainilla, al fin y al cabo esa será la lógica evolución de mis caderas. Trato de seguir inmóvil, indolente y callada en mi postura de emigrante cubana que hace más de 8 años que no pisa esa isla. Me digo constantemente que no vale la pena. Opinar, para qué? Que va a cambiar? Cuando?
   Me desvelo y, mientras derrito mantequilla y azúcar, pongo abundante vainilla, añado anís estrellado y remuevo la mezcla en el molde para hacer un caramelo denso, no dejo de pensar en mis desvelos. Me duele Cuba, me sigue doliendo a pesar de los años y a pesar de que a estas alturas he sumado otros dolores que me atormentan como el futuro incierto que le dejo a mi hija en forma de mundo. Pongo una pizca de canela, no mucha. Me controlo a la fuerza. Al final soy de excesos irracionales en el último momento, nunca escucho esa voz que dice no, no abras la puerta del horno, no pongas más vainilla o eso no combina…. Sonrío y recuerdo a mi abuela Titia que según dicen hacia las mejores melcochas de su Guara natal. Yo no sé hacerlas y pienso en cuantas recetas se van perdiendo. Quien sabe hacer melcochas? Flanes de calabaza? Quimbombó? Majarete? Boniatillo? Mala rabia?
   Mientras añado la manzana a la mezcla y la capa de masa quebrada vuelvo al libro. Mi santo nunca pone pegas a mis impulsos. Cuando vio que lo añadí al pago de la compra en la papelería del barrio solo me dijo: ojalá no sea otro más que termina acumulando polvo en la estantería a medio terminar, ojala no te deje triste, ojala no te decepcione.
   Hoy su lectura acompañó mi desvelo. Y mientras meto en el horno mi particular versión de la tarta Tatin recuerdo a Cuba, pienso en el libro y no, no me decepciona. Para alguien que empezó su adicción a la lectura con novelas de Corin Tellado y que desarrolló con ello una tremenda tolerancia a esas salidas, no le resulta raro que en esta el hilo conductor sea una historia de amor. Incluso agradezco que la escritora deje las descripciones de sexo en una mera insinuación, será su lado anglosajón me digo. Estoy harta de escritores con gancho que emplean varios párrafos en hablar del tamaño de los miembros masculinos y la virilidad de sus personajes, como si describir penes erectos ya garantizara el éxito. No es Padura, ni Vargas Llosa, ni Milán Kundera, no es García Márquez, ni Isabel Allende, no es Zoe Valdés, no…no se le acerca a Mijaíl Bulgakov pero está Cuba, su historia y todo un abanico de acontecimientos que se han ido diluyendo y olvidando con el tiempo a fuerza de las tantas veces reescrita histeria/historia de nuestra tierra. Igual es mejor la versión en inglés porque intuyo que la fluidez de la narración se pierde un poco en la traducción, pero no me hagan caso….
   Me desvelé y recordé a mi padre. Mi padre que vivió una Habana que reencuentro en el libro, una parte de la historia que aprendí a escondidas y en susurros. El olor a manzana asada y caramelo de vainilla con anís estrellado está por todas partes. Leo las supuestas noticias del presente de la tierra que se supone debo llamara patria. Leo a favor, y en contra y todo lo contrario. La imposición por la fuerza de las ideologías nunca llego a buen puerto.
 
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miércoles, 12 de agosto de 2020

ADIÓS A ROBERTO MARÍN

   Cuando le faltaban pocos días para cumplir 84 años, ha fallecido en Miami Roberto Marín, cantante, instrumentista y orquestador que destacó mucho como arreglista de voces. 
   Nacido y formado en el seno de una familia musical (sus hermanos Octavio e Hilda alcanzaron prestigio dirigiendo varios coros, entre ellos el del ICRT), Robertico fundó en 1958 el cuarteto Los Bucaneros, una formidable agrupación vocal con fuerte influencia de los Hi-Los y otros ensembles norteamericanos, que pronto se situaría en los primeros planos del panorama cuartetero de Cuba, un logro nada fácil si se tiene en cuenta que en los finales de los 50 y principios de los 60 se presentaban en los espectáculos habaneros grupos de altísima calidad como los dirigidos por Facundo Rivero y Carlos Faxas, Los Modernistas, Los Meme, Voces Latinas, Las D’Aida, Los Del Rey, Los Zafiros y otros. En aquel tiempo, que se puede considerar la época de oro de los cuartetos cubanos, a Los Bucaneros dirigidos por Roberto Marín había que decirles “usted” cada vez que actuaban en un gran show de un centro nocturno o se presentaban en los mejores programas de la televisión.

martes, 21 de julio de 2020

PEPE BIONDI, MI NÚMERO UNO

   Los jueves por la noche, a eso de las ocho y cuarto, yo dejaba lo que estuviese haciendo y me dirigía al Casino Español, una sociedad donde me dejaban entrar porque mi abuelo Antonio era socio. En su gran salón tenían un televisor y yo me las arreglaba para agenciarme una silla de primera línea, de las más demandadas, para asegurarme que nada ni nadie pudiese molestarme cuando a las 8:30 comenzara la media hora de aquel hombre de acento argentino que se había convertido en mi proveedor de risas, que es como decir mi proveedor de felicidad, porque no hay nada que provoque más felicidad que reírse.
   Se llamaba Pepe, Pepe Biondi, y un buen día, de improviso, había aparecido en la pantalla de CMQ Televisión para cambiar mis preferencias de adolescente pueblerino haciéndome disfrutar más aún de lo que yo disfrutaba con Pototo y Filomeno, mis cómicos favoritos, que desde entonces pasaron a ocupar un honroso segundo lugar porque el primero, el de arriba arriba, ya nadie pudo quitárselo a Biondi.


   Era gracioso, muy gracioso. A mí, de solo verlo, sin que soltara uno de sus chistes ni le diera un galletazo al actor que tuviera a su lado, ya se me dibujaba una sonrisa en el rostro. Eso tienen los grandes comediantes, que se paran ahí y no necesitan decir nada, ni siquiera saludar, para que uno ya empiece a sentir alegría en la boca del estómago.
   Pepe nunca lo supo, pero yo era su admirador número uno. Nunca se enteró de que mi cita semanal con él era una rutina sagrada, un acontecimiento que yo no me podía perder porque perdérmelo hubiera sido traicionarlo. Y para mí, traicionar a Biondi era algo impensable y en todo caso imperdonable.



viernes, 3 de julio de 2020

SIMÓN ESCOBAR, MI MEJOR AMIGO

  Una noche de 1958, siendo yo alumno de la Escuela Profesional de Publicidad, que estaba en el edificio del Retiro Odontológico, sorprendí a un desconocido conversando con una novia que yo tenía. De primera y pata, a cierta distancia, mientras me acercaba a ellos, me pareció que le estaba disparando. Ella me lo presentó, diciendo que era su condiscípulo. De esa manera, un poco peculiar, comenzó mi relación con Simón Escobar Corzo.

  Aquella noche descubrimos que teníamos algo en común, una experiencia que nos unía: ambos habíamos nacido y criado en pueblos de campo, él en Quemado de Güines y yo en Esperanza, que era como si fuéramos del mismo sitio porque, por entonces, los pueblecitos de Las Villas se parecían tanto que no se podían distinguir uno del otro.
  Pocas semanas después de aquella primera vez, ya Simón se había convertido en mi mejor amigo. En los 60 y 70, decenios en que él y yo encontramos nuestro lugar en el mundo y cumplimos algunos de nuestros sueños, se cimentó nuestra amistad. En La Habana que estábamos conquistando, corrimos mil aventuras.

  Simón, como yo, estuvo en el Teatro Musical y en la televisión, y allí desarrolló un talento natural que tenía para la mímica y la comicidad. Yo lo alentaba en esa faceta, seguro de que llegaría muy alto.
  En 1966 lo incluí en el elenco de mi primer gran espectáculo teatral: “Un peso de música”, que abarrotó el Mella. Sus sketchs de pantomimas humorísticas (a dúo con Fidelina), concebidos como transición para preparar el escenario entre una variedad y la siguiente, gustaron tanto al público que se convirtieron en una de las más aplaudidas atracciones de unos shows que contaban con Los Meme, la Burke, Luisa María Güell, Bola de Nieve, Marta Strada y otras estrellas que estaban el top de la popularidad.
  Pese a los éxitos que iba teniendo en su incipiente carrera de mimo, Simón la cortó cuando aprovechó una oportunidad que se le presentó y entró a trabajar en la Sección Fílmica del ICRT como director de documentales. Fueron numerosos los filmes en que su mano maestra estuvo presente. En los años 80, ocupados como estábamos, nos veíamos poco. Pero nuestra amistad se mantuvo firme, porque Simón es ese socio que todos queremos tener, ese al que le puedes pedir o hacer un favor y le confiesas un secreto. Ese con quien compartes un momento difícil, sabiendo que no te va a fallar, que está ahí para lo que haga falta, sin excusas ni pretextos.

  Un día, mi amigo se empató con una chica europea que trabajaba en Varadero y la cosa fue en serio. Tan en serio fue que terminó con Simón viviendo en Suiza por el resto de su vida.
  Pasaron muchos años sin que él y yo contactáramos. Era la época en que si uno se iba de Cuba, se iba para todos los que quedaban atrás, excepto para la familia más cercana.
  A principios de los 90, yo también le vendí el cajetín a nuestra isla, cuyo aire se me había vuelto irrespirable a causa de una revolución frustrada que no se parecía en nada a la utopía que nos habían prometido. Y desde que puse un pie en España, una de mis asignaturas pendientes fue dar con el paradero de mi amigo Simón.
  Muchas veces busqué su nombre en Internet sin resultado alguno. Hasta un día en que descubrí una noticia que hablaba de una exposición de fotografías suyas que se había presentado en Suiza. Tiré del hilo y, al fin, el hombre apareció. Y apareció convertido en un fotógrafo tremendo, en alguien con una sensibilidad especial para captar la realidad y convertirla en una obra de arte.
  Acompañando a este texto, me satisface presentar algunas de sus fotos. Me gustan mucho, especialmente las que reflejan la vida de los quemadenses, su gente, que podría ser la vida de los esperanceños, mi gente.
  Aunque tenemos contacto frecuente vía Facebook, hace más de 30 años que Simón Escobar y yo no nos vemos. Es mucho, demasiado diría yo. Ya ambos estamos montados en los ochenta y se nos acorta el tiempo para ese reencuentro que tenemos programado y que varias veces se ha frustrado por H o por B.
  Mientras llega el momento de darle el abrazo grande y real que le tengo reservado, le envío uno grande y virtual y le escribo estas líneas para que sepa, allá en su casa de las montañas suizas, algo que nunca le he confesado: que lo considero el mejor amigo que tuve en la vida.


Aprendiendo a tocar la tumba
Fotógrafo: Simón Escobar


Rumbo a la boda
 Fotógrafo: Simón Escobar


Conjunto Folclórico
Fotógrafo: Simón Escobar



La dama de blanco
Fotógrafo: Simón Escobar
 

Estampa habanera
Fotógrafo: Simón Escobar

El implacable tiempo
 Fotógrafo: Simón Escobar

La boda
Fotógrafo: Simón Escobar
 
Rolos
Fotógrafo: Simón Escobar
 
A la sombrita
Fotógrafo: Simón Escobar
 
La pandilla del parque
 Fotógrafo: Simón Escobar

Transportistas
 Fotógrafo: Simón Escobar

Antes de asarlo
Fotógrafo: Simón Escobar

La valla
Fotógrafo: Simón Escobar


Purrungo
Fotógrafo: Simón Escobar



Amigos
 Fotógrafo: Simón Escobar
 

Un minuto antes de posar
Fotógrafo: Simón Escobar

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Para ver más obras de Simón, visitar su muro: 

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lunes, 29 de junio de 2020

A LLORAR A TU PAÍS

  Hanan Midan es una adolescente marroquí que vive en Barcelona. Por su origen, ella recibe comentarios e insultos racistas y xenófobos en su cuenta de Tik Tok. En lugar de coger lucha, Hanan ha decidido responder a esas agresiones echando mano de una poderosa y destructiva arma: el humor. Sus breves videos se han hecho virales y este que les muestro hoy acumula casi 400 mil visitas.
  Parece que Hanan se quejó de algo de España y un anónimo la mandó a llorar a su país, o sea que, si se sentía mal aquí, se fuera de nuestro territorio. Esta fue la ingeniosa respuesta de la chica:

  ─Hola, ¿esta es la frontera pa Marruecos, ¿no? Es que vengo a llorar. Y volver. En España no me dejan llorar. Solo llorar y vuelvo, tampoco tardo, cinco minutos y… Lloro y me piro de vuelta a Barcelona. Sí, sí. Gracias. Muy amable usted.


  Esta pieza de mi blog está dedicada a esos ultras talibanes que critican fieramente a un emigrante por quejarse en público de algo ocurrido en el país que lo acogió. Más de una vez he visto aquello de “malagradecido, parece mentira que critiques a la nación que te dio la libertad y la prosperidad que no tuviste en Cuba”. Como si el hecho de emigrar, implicara en sí mismo ponerse para siempre una venda en la boca y renunciar al derecho que tiene todo ciudadano de expresarse libremente sobre lo que le dé la gana.

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domingo, 14 de junio de 2020

REPASO AL GINORI DE MAYO DE 1968

 Pedraza Ginori en mayo de 1968

  Así era yo entonces. Tenía 29 años y atravesaba por una de esas etapas en que uno se siente capaz de comerse el mundo.
  Estaba divorciado y sin compromisos estables. O sea, por la libre.
  Me sumergía con intensidad en la noche habanera, no tenía ni gota de barriga,
escribía reportajes en la revista Cuba, tras mi paso por Radio Progreso y el Teatro Musical de La Habana, ya dirigía espectáculos en teatros y programas en Televisión Cubana, había creado canciones que interpretaban Los Meme, Ela Calvo y Tomas Morales, la vida me sonreía y yo le sonreía a la vida.
  Me esperaba un futuro rico en emociones y muchos buenos momentos, en el que disfruté de éxitos, amores y valiosas amistades, y protagonicé interesantes y enriquecedoras experiencias creativas (y de las otras).
  Y cuando, en ese futuro, muchos años después, se me cerraron las puertas en una Cuba destrozada y sin esperanzas, tuve la suerte inmensa de que Galicia, que no me conocía de nada, me acogió y me brindó la oportunidad de que yo transitara con felicidad por el último tramo de mi camino.
  Hoy, 52 años después de esa fotografía, la miro, tiro un repaso y pienso:
  “Yin, de verdad, serías un malagradecido si te quejaras”.


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martes, 22 de octubre de 2019

ELSA RIVERO, TAN SENCILLA COMO GRANDE


   En 1994 la cantante Elsa Rivero abandonó Cuba y en su maleta de emigrante se trajo a Europa la distinción, la exquisitez y el encanto personal que la distinguieron y aún la distinguen en sus actuaciones y fuera de ellas.
   Nadie (y sé que me juego mucho cuando soy rotundo al decir “nadie”) ha cantado con más filin que Elsa Rivero. Entregada, le extraía a cada verso de cada estrofa toda la profundidad y el sentimiento que contenían. 
   Con su sola presencia sobre la pista, creaba una atmósfera de intimidad y recogimiento que era el marco adecuado para que nos mostrara la fuerza de una pasión, el dolor de una ruptura o la ilusión de amar que se encerraban en las canciones que interpretaba en aquellas noches de los clubs de La Habana o Varadero que ya no volverán y solo viven en los recuerdos emocionados de los que tuvimos la dicha de escucharla en silencio.


   Elsa Rivero cumple años hoy 22 de octubre. Sus admiradores, sus amigos, nos congratulamos de que esta doña barcelonesa en que se ha convertido aquella muchacha menuda que parecía incapaz de romper un plato, siga siendo la Elsa que conocimos, tan sencilla como grande.
   Felicidades, artista, y que cumplas muchos filins más.


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   En un video de Youtube, grabado en 2017, Elsa Rivero canta “September Morn”, de Neil Diamond y Gilbert Becaud, acompañada por la cantante y pianista cubana Ana María Pereira.
   Este es el enlace: ELSA RIVERO CANTA "SEPTEMBER MORN"

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jueves, 17 de octubre de 2019

HAY QUE HABLAR DE MEME SOLÍS



   El compositor, arreglista y cantante Meme Solís creó una canción que dice “Cuando me hablan de amor y no me hablan de ti, me pongo a pensar”. Y yo afirmo, precisamente en estos días en que las redes sociales rebosan de elogios a estrellas absolutas, egregias e inmortales, que cuando me hablan de grandes personajes de la cultura cubana, de los que marcan época y quedarán para siempre, hay que hablar de Meme. Allí en esa isla donde la buena música brota silvestre como la hierba, él supo, a base de talento, creatividad y fuerza interpretativa, abrirse paso y sentarse en el trono donde está hoy, en ese lugar del alma y el recuerdo de cada cubano sensible que ocupa con pleno derecho.
    Tras una etapa de pianista acompañante de grandes vocalistas como Fernando Albuerne, Olga Guillot y Elena Burke, el villareño ─nacido en Mayajigua─ José Manuel “Meme” Solís Fernández, fundó en La Habana de 1960 su cuarteto de voces, integrado en su primera etapa por él mismo, Horacio Riquelme, Ernesto Marín y Moraima Secada. Gracias al extraordinario sentido de la armonía y al dominio del difícil arte de combinar voces de su creador y director, Los Meme triunfaron en el competitivo panorama cuartetero de aquellos años, en los que había que vérselas, entre otros, con Los Bucaneros, Los Modernistas, Voces Latinas, Las D’Aida, Los Zafiros, Los De Enrique, Los Brito y Los Del Rey.

jueves, 3 de octubre de 2019

REFLEXIONES TRAS LA MUERTE DE YOLANDITA RUIZ


Texto publicado en Facebook el 2 de octubre de 2019 a las 20:36 horas
 
   Desde el principio de ese absurdo utópico que se dio en llamar revolución cubana y que la gestión voluntarista, la estupidez y la maldad convirtieron en un fracaso monumental, los dirigentes que ocuparon el poder por la fuerza intentaron borrar a los artistas que no estuvieron de acuerdo con el proceso, que cometían el imperdonable pecado de no compartir las ideas y métodos del gobierno y el partido único. Asfixiados por un ambiente hostil, cerradas las posibilidades de desarrollar su carrera, a muchos talentosos actores, músicos, bailarines, pintores, etc. no les quedó otra opción que emigrar. Quien se marchaba ─aun antes de que lo hiciera─ se le etiquetaba como traidor a la patria, desertor de un ejército del que curiosamente no formaba parte. Sus obras fueron prohibidas en los medios de comunicación. Sus nombres entraron en las listas negras y no se pudieron mencionar más en la prensa ni frente a un micrófono.
   Así se intentó eliminar a muchos de la memoria colectiva de los cubanos. Entre ellos, citando solo a unos pocos de los relacionados con la música, Celia Cruz, la Sonora Matancera, René Cabel, Bobby Collazo, Luis García, Cachao, Paquito D’Rivera, Leopoldo Fernández, Olga y Tony, Bobby Jiménez, Arturo Sandoval, Doris de la Torre, Rolando Laserie, Mike Porcel, Meme Solís, Julio Gutiérrez, Albita Rodríguez, Ela O’Farrill y José Antonio Fajardo. No eran delincuentes, políticos contrarrevolucionarios o peligrosos agentes del enemigo, sino grandes valores de nuestra cultura que ejercieron su derecho a pensar diferente. Les aplicaron todo el poder de la maquinaria gubernamental buscando suprimirlos, tacharlos, multiplicarlos por cero. En más de una ocasión lo lograron. Hay millones de cubanos de las nuevas generaciones que no les conocen ni han podido disfrutar de su arte.
   Dondequiera, en cualquier país, el personal necesita endulzar con arte su vida cotidiana y mucho más si esta está repleta de carencias, dificultades y malos rollos, como es el caso de Cuba. Y la admiración que en la isla se sentía por los artistas que se ausentaron, se fue sustituyendo por la identificación con los nuevos ídolos que surgieron a pesar de las trabas. La condición del ser humano incluye una tendencia natural a agradecer los momentos de placer estético que recibe. A veces se materializa con un aplauso, otras no, pero siempre ese agradecimiento se guarda en la mejor gaveta de la mente. Es ley de vida, aunque eso no gusta a quienes planean las políticas desde la plaza de la revolución, los mismos totomoyos que llevan 60 años subvalorando al pueblo e intentando engañarlo y manipularlo.
   Yolandita Ruiz, una gran actriz cubana, decidió en los años 90 darse de baja del socialismo y marcharse al extranjero en busca de otros horizontes de realización personal y artística. Como se fue, pasó a engrosar las filas de los oficialmente prohibidos en la isla. Lamentablemente, ella falleció hace pocas horas, el 1 de octubre, en Madrid.