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jueves, 4 de junio de 2020

GERMÁN PINELLI: QUERIDOS AMIGOS, BUENAS NOCHES


  Esta es otra de las colaboraciones mías para la revista Cuba que yo no había subido a mi blog debido a que no la conservaba. Recientemente la he podido recuperar y la transcribo en esta pieza.

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Aquí está Germán Pinelli, 
el más inquieto personaje de la radio y la TV cubanas, 
dueño y señor de la agilidad mental.
De cómo "el barítono de la voz de terciopelo"
se convirtió en "el mejor animador de habla española".

QUERIDOS AMIGOS, BUENAS NOCHES
por Pedraza Ginori
Fotos de Helio Ojeda y Ernesto Fernández
Revista Cuba, julio de 1968

PREMIO ONDAS
  En Rancho Boyeros, el pasajero German Pinelli bajó la escalerilla del avión que lo traía desde Europa. En una de sus maletas descansaba un raro objeto. Preguntó a los curiosos:
  ─¿Qué traigo aquí?
  ─¿Animal, vegetal o mineral? ─le respondieron.
  Pinelli usó su más pícara sonrisa. Su chirimbolo pertenecía al reino de lo emocional: era el más importante trofeo de su vida.
PREMIO INTERNACIONAL REVISTA ONDAS

OTORGADO A GERMÁN PINELLI

MEJOR ANIMADOR DE HABLA ESPAÑOLA 1967

BARCELONA, ESPAÑA

EN LA CMQ
  ¡Mira que este hombre ha dado lata! ¿Qué cubano no lo ha tenido presente toda la vida? Aquí o allá ha habido que oírlo, admirarlo y hasta que aplaudirlo porque, sin dudas, el nombrado Germán es bueno y se lo ha ganado.
    Uno puede haberse encontrado con él ─con su voz─ cuando hacía aquellas entrevistas por la tardecita en cemecú y después, por la noche, creaba toda su atmósfera con el público del estudio en “Ron Pinilla por si acaso”, que era el programa que nunca se acababa porque estuvo 14 años rindiendo.
  Si es de esa época que lo conoce, tiene que recordar su versatilidad. Ir del Pinelli adusto de las tomas de posesión, entierros y actos políticos al maestro de ceremonias que presentaba a Paulina Singerman o a Chucho Martínez Gil y al ligero Germán de los diálogos con Cascarita, el increíble chuchero-cantante.
  ─Cáscara, ¿y qué?
  ─Aquí con la ultimilla.
  ─¿Y cuál es la ultimilla, Cáscara?
  ─Que quisiera ser alfombra.
  ─¿Y alfombra para qué, Cáscara?
  ─Para que me pisoteen los pollos.

miércoles, 3 de junio de 2020

MARTA VITORTE, LA DE LOS OJOS COLOR DEL TIEMPO


 En la revista Cuba, con la cual yo colaboraba en los años 60, publicaban mensualmente una sección titulada “La ninfa constante”. Consistía en unas cuantas fotos de una joven cubana de buen ver y un pequeño texto acompañante de presentación de la misma. Concebida como un homenaje a la nueva mujer que la revolución estaba creando, un piropo gráfico y frívolo para halagarla, en el fondo revelaba el mismo prejuicio que años antes había inspirado al “Pollo de la semana” que aparecía en trusa en la “Tele-Radiolandia” de Bohemia. Era la época en que los hombres en general teníamos pensamientos y actitudes que después, con el paso del tiempo, el desarrollo de la sociedad y la lucha del movimiento feminista, descubrimos que eran rezagos machistas que arrastrábamos desde que habíamos tenido uso de razón.
  En el mismo número de la revista, el de octubre de 1967, en que salió mi reportaje sobre el programa de televisión “El pueblo pregunta” (1), Cuba incluyó en su “Ninfa constante” a una de las telefonistas del espacio. Aquella vez, al escribir el texto me decanté por el formato entrevista, huyendo de las loas seudopoéticas que eran habituales en la sección. Las imágenes fueron de Korda y Chinolope, dos grandes fotógrafos cubanos.

LA NINFA CONSTANTE
MARTA, LA DE LOS OJOS COLOR DEL TIEMPO
por Pedraza Ginori
Fotos: Korda y Chinolope
Revista Cuba, octubre de 1967

¿Quién eres tú? Marta Vitorte. ¿De dónde sacaste el apellido? Creo que es italiano. ¿Qué edad tienes? 25. ¿Dónde trabajas? En el Departamento de Programas de la Televisión Nacional. ¿Dónde empezaste? En la Ciudad de la Construcción, como voluntaria. ¿Haces trabajo voluntario ahora? Sí. ¿Por qué? Es necesario para la formación de la mentalidad comunista. ¿Qué crees del comunismo? Soy miembro de la Unión de Jóvenes Comunistas. ¿Qué te parece la UJC? Muy buena. Siempre quise entrar. Cuando me eligieron vanguardia logré mi deseo. ¿Y la minifalda, qué? Está bien, pero yo no la uso. ¿Por qué? No sé. Quizás tenga prejuicios. ¿La bikini? Esa sí me la pongo. ¿Por qué bikini y no minifalda? Es distinto. En la playa todo el mundo anda en bikini, pero en la calle no todas andan en minifalda.

martes, 2 de junio de 2020

"EL PUEBLO PREGUNTA", UNA FARSA PARA VENDER HUMO


  Recientemente he podido acceder a una colección de ejemplares de la revista Cuba, un medio que se editaba en La Habana con la intención de publicitar los logros de la revolución en el extranjero, principalmente en América Latina. Ello me ha dado la oportunidad de recuperar algunos reportajes que escribí en sus páginas allá por la década del 60 y que no conservaba.
  En aquella época, yo todavía creía en la revolución y pensaba, como se nos inculcó, que el futuro luminoso de prosperidad que prometían los líderes llegaría tras unos cuantos años de sacrificio y esfuerzo de los cubanos por la patria y el socialismo. Ya por entonces vivíamos en un túnel, sufriendo múltiples carencias, pero teníamos esperanza en que hubiera luz al final.
  Es mi intención incorporar dichos trabajos periodísticos a este blog, tal y como he hecho con el resto de mis colaboraciones con Cuba, que se pueden hallar bajo la etiqueta “Revista Cuba”.
  En octubre del 67 escribí “Entre pueblo y gobierno 32051, teléfono directo”, sobre el programa “El Pueblo Pregunta”, un formato televisivo en el que los dirigentes del gobierno comparecían en directo para responder las interrogantes que planteaba el público. Es un reportaje que no me parece bueno, ni siquiera regular. Flojo en la redacción, le faltaron las frases ligeras y coloquiales que siempre yo incluía para que el texto resultara ameno. Quizás el tema, tan político, tan lejos de los ámbitos de la farándula y la sociedad en los que yo me movía en mis colaboraciones para la revista, me llevó a amarrarme a un estilo gris y estirado, apologético y falto de aliento, que, aunque no llega al teque puro y duro, algo de tecoso sí tuvo.
  Si algún valor tiene el reproducirlo ahora aquí es comprobar cómo la maquinaria de propaganda de la revolución manejaba sus hilos para hacer creer a la gente que el gobierno socialista trabajaba seriamente y que los dirigentes eran tipos cercanos a los que la masa podía acceder en persona, planteándoles dudas y sugerencias y fiscalizando su trabajo.
  52 años más tarde, a la luz de lo sucedido, del desastre que ha sido todo, hace rato que comprobamos que nada era verdad, que se trataba de vender el humo de unas promesas que nunca se cumplieron. En definitiva, que, como se dice en España, por entonces nos la estaban metiendo doblada sin que nos diéramos cuenta.

  En sus primeras emisiones, “El Pueblo Pregunta” alcanzó un gran éxito de audiencia y una notable repercusión popular. Pero cuando se publicó mi reportaje, varios meses después, ya el espacio había iniciado un declive que lo llevaría a desaparecer pronto.
  Un incidente ocurrió con el escritor y periodista Lisandro Otero, quien ocupaba un cargo importante en el gobierno. Un televidente llamó y dijo que iba a preguntarle una cosa y después, cuando le llegó el turno de entrar en directo al aire, aprovechó la oportunidad para preguntarle otra. Una, de carácter personal, que puso a Otero en una situación comprometida.
 Los productores, temerosos de que la situación pudiera repetirse, de que se pudieran colar contenidos “peligrosos”, exageraron la censura de las preguntas que entraban para que no hubiera más sustos y ya nada fue lo mismo. El programa, con un guion encorsetado, con todo atado antes de comenzar la transmisión, perdió la frescura de sus inicios, aquella sensación de improvisación y espontaneidad que había sido su principal atractivo, y se derrumbó en caída libre.

domingo, 31 de mayo de 2020

EL COCAL, NOVATO DEL AÑO 1968


  Recientemente he podido acceder a una colección de ejemplares de la revista Cuba, un medio que se editaba en La Habana con la intención de publicitar los logros de la revolución en el extranjero, principalmente en América Latina. Eso me ha dado la oportunidad de recuperar algunos reportajes que escribí en sus páginas allá por la década del 60 y que no conservaba. En aquella época, yo todavía creía en aquello y pensaba, como se nos inculcó, que el futuro luminoso de prosperidad que prometían los líderes llegaría tras unos cuantos años de sacrificio y esfuerzo por la patria y el socialismo. Ya por entonces vivíamos en un túnel, pero teníamos esperanza en que hubiera luz al final.
  Es mi intención incorporar dichos trabajos periodísticos a este blog, tal y como he hecho con el resto de mis colaboraciones con Cuba, que se pueden hallar agrupadas bajo la etiqueta “Revista Cuba”.

  En abril de 1968, Simón Escobar Corzo, mi amigo de mil batallas y realizador de documentales en los Estudios Fílmicos del Instituto Cubano de Radiodifusión (todavía no se llamaba “de Radio y Televisión”), me dijo que le habían encargado un filme sobre El Cocal, el primer barco de acero construido en los astilleros cubanos, el que se suponía iba a ser el pionero de lo que se anunciaba como una futura poderosa industria naval potenciada por la revolución.

El director Simón Escobar (izq) y el camarógrafo Avelino Fernández
  Simón y el cámara Avelino Fernández viajarían en la nave para filmar la primera travesía, lo que en términos técnicos se llama la prueba de mar, que consistiría en un bojeo a la isla de Cuba, a pocas millas de la costa. Partiría de La Habana y volvería a ella, con sólo dos escalas: Santiago y Cienfuegos.
  Simón talló con la empresa armadora, Flota Cubana de Pesca, mi incorporación a la expedición, prometiéndoles que yo escribiría un reportaje sobre El Cocal para la revista Cuba.
  El martes 30 de abril los tres nos embarcamos en aquel viaje, que me resultó placentero, excepto en los terribles momentos en que el barco, al atravesar el Paso de los Vientos bajo un fuerte temporal, se balanceaba de tal manera que parecía que se iba a hundir, mientras yo sufría un fuerte mareo acompañado por vómitos en cantidades industriales.

Pedraza Ginori en El Cocal, mayo de 1968


  Cuando atracamos en Santiago de Cuba, el sábado 4 de mayo, nos dedicamos a turistear varios días por la ciudad y a visitar a amigos. Solo ya de noche volvíamos al barco para asearnos, comer y dormir. 

Pedraza Ginori en Santiago de Cuba, mayo de 1968

  Yo aproveché mi estancia allí y le hice una larga entrevista al compositor Enrique Bonne que apareció en el mismo ejemplar de la Cuba donde salió publicado lo de El Cocal (junio del 68), ilustrada con unas magníficas fotografías tomadas por Simón. Ese trabajo se puede leer pulsando este enlace:

  Una noche, al regresar al muelle, lo descubrimos vacío. El Cocal había partido sin avisarnos y con todas nuestras pertenencias en sus camarotes. Los tres embarcados nos quedamos más embarcados aún, ya que, si eras "población" y nosotros lo éramos, para montarse en una guagua, tren o avión que nos regresara a la capital había que pasarse muchos días haciendo cola en las terminales para conseguir un pasaje.
    Aclarar quiero que cuando redacté el texto que apareció en la revista, aunque ganas no me faltaron, no incluí comentario negativo alguno contra el capitán y los jodedores marinos que, en plan broma pesada, nos dejaron botados, con la muda de ropa que llevábamos puesta y unos cuantos pesos en nuestros bolsillos. Lo que demuestra lo buena gente que yo era por entonces.
De izq a derecha: Avelino Fernández, 
Simón Escobar y Pedraza Ginori
en El Cocal fondeado en Santiago de Cuba
 
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sábado, 12 de diciembre de 2015

OMARA PORTUONDO, UNAS GANAS TREMENDAS DE CANTAR

   En 1968, cuando escribí el retrato periodístico que van a leer a continuación, Omara Portuondo y yo éramos buenos amigos. Puedo afirmar que muy buenos amigos. De ésos que, en un tiempo en que no existía todo lo que hoy facilita la comunicación (móviles, e-mail, WhatsApp, Skype, Facebook), se veían a diario, compartían momentos, comentaban lo que les ocurría, se apoyaban. En fin, sociales de verdad.

   Portuondo Calá eran los apellidos del comentarista deportivo de La Voz de las Américas. Y cuando cogimos confianza, me dio por llamarla Omara Portuondo Calá. Ambos estábamos empezando carreras.

   Tras cantar y bailar mucho por aquí y por allá en un período de despegue que duró demasiado tiempo, ella acababa de iniciar su trayectoria estable de solista tras quince años como puntal en el mítico Cuarteto de Aida.

   El guajirito que era yo, apenas estaba terminando de soltar el arique que trajo enganchado desde Las Villas. Y andaba metiendo cabeza por donde podia, hacia pinitos en periodismo, shows de variedades en teatros y había comenzado año y pico antes a cumplir su sueño de ser director de televisión.
   En ese entorno, nuestros caminos se cruzaron y surgió una amistad cómplice, entrañable, sincera.

   Me gustaba departir con una antiestrella, una artista gigante que no se consideraba gigante, una persona sencilla, de zapatillas para la calle y pañuelo en la cabeza para no tener que peinarse, que saludaba a todo el mundo y se preocupaba por los problemas de todo el mundo, que me enseñó que el filin podía ser una manera de tratar a los demás. Ésos fueron mis motivos. Los de ella para ser mi amiga nunca los supe porque, a decir verdad, yo interesante no era.

   Omara y Ginori, por acá y por allá. En la cafetería del hotel Riviera o en la del Nacional. En los estudios del Focsa, en sus programas o en los míos. Acompañándola al puesto de frutas a recoger ls naranjas que le habían tocado por la libreta. Montados en mi moto Berlín (1). Omaritiyita y el Ginorito. Dando vueltas. Parriba y pabajo. Juntos en el cariño hacia Aida Diestro y en la admiración por el Che, Elena Burke, Marta Valdés, Paquito D’Rivera y Chapottin. Juntos en La Habana repleta de vida y de futuro de los años 60. Juntos.

   Partiendo de ese contexto, me fue fácil redactar sobre ella. Muchas preguntas no se las tuve que hacer porque ya me sabía las respuestas. Me senté ante la máquina de escribir y los párrafos me salieron a borbotones. El lector notará enseguida la complicidad. Y mi simpatía y mi respeto por aquella mujer de andar por casa que, sin alharacas ni montones de anuncios, ocultándose de su destino dentro de un cuarteto, guardaba en su interior a una cantante excepcional que se paseaba sin problemas por obras complicadas como “La era está pariendo un corazón”, “Vuela pena”, “Como un milagro”, “Río al sol” o la que apareciera, por difícil que fuera.

   Mi texto apareció en el número de abril de 1968 de la revista Cuba, enriquecido por unas fotografías estupendas de Iván Cañas.
   A ella y a mí todavía nos quedaban unos cuantos años más de buena amistad.

martes, 8 de diciembre de 2015

PRADO Y ÁNIMAS, EL PALACIO DE LOS MATRIMONIOS

   El imponente edificio neorrenacentista de la esquina de Prado y Ánimas, construido en la segunda década del siglo XX, fue sede durante medio siglo del Casino Español de La Habana.
   Al triunfo de la revolución, el gobierno lo expropió justificando su decisión con el argumento de que en Cuba debían desaparecer las sociedades que discriminaban, aquellas a las que sólo podían acceder los sectores de la población que cumpliesen sus requisitos de admisión.
   Años después, el gran inmueble fue convertido en un sitio dedicado a celebrar bodas, al estilo de los palacios de los matrimonios que existían en la URSS y otros países socialistas europeos.

   Allí nos casamos Loly Buján y yo el miércoles 4 de febrero de 1970.
   En la foto de arriba aparecen los familiares (Lolita, Susa...) y amigos que nos acompañaron aquella tarde. Entre ellos, la actriz Dulce Velasco, el actor Rafael Díaz y el director de cine Rigoberto López.
   En la foto de abajo, de izquierda a derecha: Germán Pinelli, Antonio Vázquez Gallo, Sarita Reyes, Fidel Morales, Antonio Miguel Sánchez, Lidia Sánchez, Tony Fernández, Josefina de Zayas, Rafael Díaz, Loly Buján, Germán Navarro, Yin Pedraza Ginori, Rigoberto López y Cary.

   Tres años antes yo había escrito un reportaje sobre el Palacio de los Matrimonios que fue publicado en el número de mayo del 67 de la revista Cuba (1) (2). Lo reproduzco a continuación.

viernes, 4 de diciembre de 2015

LOS PAPINES / TASCA TASCA LE DIJO A TESQUE TESQUE

   Lo que van a leer a continuación es un modesto homenaje a mis amigos los hermanos Abreu, leyendas del arte cubano.
   Lamentablemente Papín, Alfredo y Luis ya no están en este mundo. Espero que el todavía activo Jesús pueda leer esta pieza del blog y por ella se entere de que todos, los cuatro, continúan vivitos y coleando en esa zona de mi mente donde habitan los recuerdos inolvidables y los afectos de toda la vida.
SIEMPRE PAPINES
   A mediados de los años 60, el cuarteto cubano Los Papines (percusionistas, cantantes, showmen) se presentó en “Música y Estrellas”, el programa televisivo de Manolo Rifat del que yo era asistente de dirección. Allí les conocí, si la memoria no me falla.
   Pero cuando llegué a relacionarme más con ellos fue en una temporada que hice en el teatro Amadeo Roldán, de Calzada y D, Vedado. El Amadeo era la meca de las variedades en La Habana de entonces (1). Todos los artistas importantes, nacionales y extranjeros, pasaban por su escenario. Y allí actuaban, porque se habían ganado estar en ese nivel, Los Papines.

   Les recuerdo como unos grandes profesionales. Recibiendo clases de canto con el Maestro Luis Carbonell. Superpreocupados por el audio y las luces. Siempre puntuales, siempre sus números bien montados, siempre respetuosos con el público, siempre dispuestos a apretar.

TODOS PARA UNO
   En aquellas semanas en que tuvimos tiempo para conversar y conocernos mejor, surgió nuestra amistad, que continuó con los años. Eran cuatro y parecían uno. Andaban juntos parriba y pabajo. Uno se los podía hallar al mediodía en el lobby del Habana Libre, una tarde en Radiocentro asistiendo al colectivo de preparación de un telemusical o cualquier noche en la cafetería que estaba de moda, la del Capri.
   Todos para uno y uno para todos, los cuatro juntos. Decentes, caballerosos, impecables en sus maneras, atildados, sonrientes.
   Se vestían generalmente con trajes o camisas iguales y en ocasiones unos combinándose con los demás. Sin duda, no era una acción casual. Proyectándose en la calle con la misma formalidad que lo hacían dentro de los escenarios, transmitían el mensaje de que eran Papines a toda hora y dondequiera que estuviesen.

UN NÚMERO MAESTRO
   Hoy en día, los hermanos Abreu ocupan un sitio entre los más grandes artistas cubanos de variedades. Para ganarse ese merecido galardón tuvieron que abonar su carrera con cantidades industriales de carretera, ingenio, esfuerzo y sudor.
   Su logro fundamental fue crear un número maestro, propio y aplaudido mundialmente, partiendo de todas las posibilidades de la percusión afrocubana y de la interacción con el auditorio. Y hacerlo de una manera original, imaginativa, divertida, decididamente espectacular.

jueves, 15 de octubre de 2015

ENRIQUE BONNE, LO MÁS SANTIAGUERO QUE UNO PUEDA IMAGINARSE

Querido amigo Enrique:
Estamos en octubre de 2015,
¿quién diría que íbamos a llegar hasta aquí vivitos y coleando?
Me complace mucho que,
siendo el Bonne de siempre,
estés arañando ya los 90 años.
Con la publicación de esta pieza de mi blog
te mando el mejor de mis abrazos.
Ginori.


Ángel Bonne
    Hace muy poco se hizo mi amigo en la red Facebook (ya lo éramos desde mucho antes), el cantante, instrumentista y director cubano Ángel Bonne, con quien llevaba muchísimo tiempo sin contactar. Cuando le pregunté qué había sido de su padre, me respondió:
Tiene 89 años, pero está muy bien en general y de su mente. Acaba de grabar un disco con los tambores. Tú sabes que él es incansable”.


    Por la falta de noticias sobre Enrique Bonne y por la edad que le presumía, yo había supuesto que no andaba aún dando guerra en este mundo. Saber que sigue en la brecha, lúcido y activo, me produjo una gran alegría porque fui, soy y seré un gran admirador suyo.
    Como creador, ahí están su ritmo pilón y su envidiable catálogo autoral con el montón de obras que colocó en la preferencia de uno de los públicos más exigentes: los bailadores cubanos.
    Como persona, comprobé in situ caminando junto a él por las calles de su ciudad,   lo profundo que se había metido en el afecto de uno de los grupos sociales más difíciles: los santiagueros, a los que no se les podía dar gato por liebre.
    Tuve la suerte de conocer a Bonne, de trabajar con él y de disfrutar del buen rollo que su persona generaba a su alrededor. Era un tipo excepcional, toda una personalidad de ésas que uno se encuentra pocas veces en su camino.
    En el presente estoy seguro de que sigue siendo tan excepcional como en el pasado porque la gente como él está hecha de un material que no se oxida ni se destiñe.


VIAJANDO EN EL COCAL
    Allá por 1968 mi hermano el director cinematográfico Simón Escobar se disponía a realizar para los Estudios Fílmicos del ICR, un documental sobre El Cocal, primer barco todo de acero que se construyó en Cuba. (1)
    El cineasta y su camarógrafo Avelino Fernández viajarían en la nave para filmar la primera travesía, la de prueba de mar, que consistiría en un bojeo a la isla de Cuba, a pocas millas de la costa. Partiría de La Habana y volvería a ella, con sólo dos escalas: Santiago y Cienfuegos.
Simón Escobar (izquierda) y Avelino Fernández
    Simón talló con la empresa armadora mi incorporación a la expedición, prometiéndoles que yo escribiría un reportaje sobre El Cocal para la revista Cuba Internacional.
    Así fue como me embarqué en aquel viaje del cual nunca olvidaré los terribles momentos en que el barco, al atravesar el Paso de los Vientos bajo un fuerte temporal, se balanceaba de tal manera que parecía que se iba a hundir mientras nosotros sufríamos mareos y vómitos en cantidades industriales.
    Cuando atracamos en Santiago de Cuba, Simón, Avelino y yo nos dedicamos a turistear varios días por la ciudad y a visitar a amigos y sólo volvíamos al barco para dormir. Hasta que una noche, al llegar al muelle, lo descubrimos vacío. El Cocal había partido sin avisarnos y con todas nuestras pertenencias en sus camarotes. Los tres embarcados nos quedamos más embarcados aún ya que era la época en que para montarse en una guagua, tren o avión que nos regresara a la capital había que pasarse muchos días haciendo cola en las terminales.
    Aclarar quiero que cuando redacté el reportaje que apareció en la revista, aunque ganas no me faltaron, en mi texto no incluí comentario negativo alguno contra los jodedores marinos que, en plan broma pesada, nos dejaron botados sin ropa ni dinero. Lo que demuestra lo buena gente que yo era por entonces. (2)

    Estando en Santiago en aquellos días, nos fuimos a ver a mi amigo el compositor Enrique Bonne. Con él, disfrutando de su chispa y de su carácter, anduvimos de cháchara por las calles santiagueras donde la gente le saludaba constantemente, nos tomamos unas cervezas, asistimos en la Ciudad Deportiva a una actuación multitudinaria de su conjunto Los Tambores de Oriente, en fin… 
    De ahí salió el reportaje que apareció salió publicado en el número de junio del 68 de Cuba Internacional y que hoy reproduzco en el blog.


sábado, 25 de abril de 2015

JOSEÍTO, EL DE LA GUANTANAMERA, EL QUE VIVÍA EN GERVASIO

    Una noche desapacible del invierno de 1965, me senté en una banqueta de la barra de un chiringuito de Varadero y le pregunté al camarero qué tenía para comer.
    -- Sopa de sustancia –me respondió.
    -- ¿De sustancia?
    -- Sí, eso mismo.
     -- ¿Y se puede saber cuál es el meollo de esa sustancia? ¿Pollo, carne, pescado…?
    -- Mire, compañero, mejor no averigüe. Tómese la sopa, que está calientica y, con el fricandó que está haciendo, seguro que le va a caer bien.
    En la edición de marzo de 1967 de la revista Cuba Internacional apareció publicado un reportaje que escribí sobre la “Guajira guantanamera” y su autor Joseíto Fernández.
    Lo dividí en dos partes. En la primera, que titulé “La guantanamera, la vuelta al mundo en 33 revoluciones”, intenté reflejar el fenómeno que había llevado a que dicho tema musical se convirtiera en popular en numerosos países.
    En la segunda, trascribí una entrevista que le hice cuyo título era el lema de su orquesta -“Joseíto Fernández: decencia y cumplimiento”-. A través de ella, el lector podría acercarse a la historia y a la personalidad de esta singular figura de nuestra música popular.
    La dirección de la revista me dijo que aquello no podía tener dos títulos –nunca entendí por qué- y optó por el primero.
    Para mi sorpresa, casi nada fue lo que hallé cuando me puse a buscar documentación sobre la repercusión que había alcanzado “La guantanamera” en aquellos primeros tres o cuatro años de su triunfal carrera fuera de las fronteras de Cuba.
    Yo quería encontrar datos y cifras que le dieran enjundia e interés al escrito. Por ejemplo: nombres de cantantes y grupos que la habían interpretado, cuantas versiones se habían grabado en el extranjero, cantidad de discos que se habían vendido, en qué países había estado en primeros puestos del hit parade, etc.
    Pero ni en el Consejo Nacional de Cultura, ni en la Biblioteca Nacional, ni en las oficinas que se ocupaban de gestionar los derechos de los compositores, encontré materiales que me sirvieran.
    La poca info que utilicé, la tomé de una revista –publicada en España, si mal no recuerdo- de aquellas que no se vendían en los kioskos pero circulaban de mano en mano y de un par de artículos que habían aparecido en la prensa cubana que achacaban el éxito internacional de "La guantanamera" a razones ideológicas, de simpatía por la revolución, obviando a propósito el hecho de que se debía más bien a
factores comerciales, de la dinámica propia de la industria discográfica, que en ocasiones halla una mina de oro en una melodía pegajosa y la convierte en un hit mundial. Así había ocurrido con "La bamba", "Tequila", "Oye como va", "Cerezo rosa" y otras, cada una con decenas de grabaciones por diferentes artistas.
    Increíblemente, el propio Joseíto sabía muy poco, sólo generalidades, sobre lo que estaba pasando en el exterior de la isla con su guajira.
    Así que tuve que extraer cocacola del desierto, disfrazando los datos para que parecieran más y mejores de lo que eran.
    A mí no me gustó entonces la primera parte del reportaje. Ni me gusta ahora. Su principal defecto es que, como a la sopa de mi anécdota, le falta meollo y le sobra sustancia.

    Si algún valor tiene el escrito, es su segunda parte. En ella reflejé el testimonio que me dio Joseíto Fernández, tal y cómo me lo contó un mediodía en la sala de su casa de la calle Gervasio, meciéndose en un sillón y dando cuenta de un enorme tabaco.

jueves, 9 de abril de 2015

CONSUELITO DETRÁS DE LA FACHADA

Ésta es la primera de las dos piezas que dedicaré a Consuelito Vidal.
La segunda la publicaré en el blog poco después que la presente
y en ella incluiré mis recuerdos e impresiones de esa excepcional artista,
quien con su talento contribuyó sustancialmente
a que yo lograra algunos de los mejores trabajos de mi carrera.
 
    Cuando en 1971 escribí el reportaje que van a leer ahora, Consuelo y yo habíamos hecho juntos algunos programas de “En vivo” y apenas comenzábamos una amistad que duró más de treinta años.
    A la dirección de la revista Cuba Internacional, le propuse este trabajo y enseguida aceptó.
    Para que los testimonios fueran representativos de varias provincias, me fui a la Terminal de Omnibus de La Habana y les pedí a quienes esperaban la salida de sus guaguas que me dieran su opinión sobre Consuelito.
    La entrevista la hicimos en el apartamento del Vedado donde ella vivía, en 25 y B. Antes de tocar a su puerta aquella tarde, me detuve en Buona Sera, -23 e I- para comerme una pizza que me cayó mal por el nerviosismo de enfrentarme en plan periodista a alguien de la categoría artística y personal de Consuelo. Pero ella creó un buen clima desde el primer minuto, lo hizo todo fácil para mí y enseguida se me pasó la desazón.
He aquí el resultado:


    Encienda el televisor. Venga con nosotros a conocer de cerca a esta mujer viva, dicharachera, desenfadada. Tía Tata y Yerma. Lagartija y Catalina de Aragón. Consuelo Vidal: actriz y, con mucho, la mejor animadora de nuestro país. Silencio. Ya tenemos imagen y sonido. Vamos a ver como es
CONSUELITO DETRÁS DE LA FACHADA
por PEDRAZA GINORI
Fotos: IVÁN CAÑAS

 ESCENA: CAMPAMENTO DE MUJERES EN LA AGRICULTURA. DE NOCHE.

VIDEO
MIRIAM (Actriz Miriam del Valle) TERMINA DE MAQUILLARSE
FRENTE A UNA RÚSTICA COQUETA IMPROVISADA EN EL ALBERGUE.
DETRÁS, UNA LARGA COLA DE MUCHACHAS QUE ESPERAN IMPACIENTES.
MIRIAM SE DA UN ÚLTIMO “PEINAZO”, REVISA SUS CEJAS Y SE PONE DE PIE.

AUDIO
MIRIAM: Ya terminé. Ahora… a dormir. Tengo un sueño (BOSTEZA). Hasta mañana.

VIDEO
MIRIAM SE ACUESTA EN SU LITERA.
OTRA MUCHACHA OCUPA EL BANQUITO FRENTE AL ESPEJO.
 
AUDIO
SUENA TEMA MUSICAL DEL PROGRAMA.

VIDEO
, CORTE A LA CÁMARA TRÍPODE CON MEDIUM SHOT
DE CEPERO BRITO QUE SONRÍE Y PRESENTA.

AUDIO
CEPERO: Muy buenas noches. Aquí estamos una vez más
dispuestos a emprender una agradable excursión detrás de la fachada
en compañía de nuestra simpática Consuelito Vidal.

APLAUSOS FUERTES.

    Miércoles, 8:35 de la noche, Canal 6. Consuelo es ese fantasmita que, sin ser visto, se cuela donde quiere para comentar situaciones de nuestra vida cotidiana. Frente a los prejuicios salta la sátira. Lo ridículo puesto en evidencia por la risa. “Detrás de la fachada” –costumbrismo bien hecho- es el programa cómico Nº 1 de la TV cubana.

viernes, 14 de marzo de 2014

PONLE EL CUÑO, ES ARAGÓN

    De una forma u otra, la orquesta Aragón siempre estuvo ahí. Su música dando vueltas a mi alrededor. Acompañándome en mi largo camino hasta hoy. Ahí, cerquita, junto a mí, alegrándome la vida.
 RECUERDO Nº 1
    Las cabeceras de Esperanza y Cruces, dos municipios de la provincia de Las Villas, estaban separadas por sólo 21 kilómetros. Así que no era raro que la planta crucense CMHK La Casa Virgilio, que era local pero tenía 1000 watts de potencia, entrara bastante bien en el radiorreceptor de mi hogar esperanceño. (1)
    Yo, nacido en 1938, estaba dejando de ser un chama para convertirme en un adolescente con granitos en el rostro, interesado en las novelitas de relajo y preocupado por mantener mi pelo –sobre todo la mota a lo Tony Curtis- en su lugar a base de vaselina.
    Pues fue por entonces que supe de la existencia de una orquesta típica cienfueguera que mantenía un programa propio en La Casa Virgilio. La llamaban Aragón, me gustó cómo interpretaba los danzones y por eso me aficioné a oírla. (2)
RECUERDO Nº 2
    Cuando cursaba bachillerato en el Instituto de Santa Clara, descubrí que un boniato podía aprender más matemáticas que yo. Así que recibía clases particulares de una profesora villaclareña cuya ilusión era componer canciones e intepretarlas al piano. A su casa iba a afinarle el instrumento un músico de nombre Richard Egües que, cuando terminaba su trabajo, nos regalaba un miniconcierto que los alumnos de la profe apreciábamos porque el tipo le sabía cantidad a eso de las teclas.
    Pasó el tiempo y un día apareció la Aragón en “El show del mediodía” que yo veía en el televisor del Casino Español de mi pueblo. Y, ¡sorpresa!, resultó que el flautista era Richard, el afinador, que por lo visto también le sabía cantidad a eso de soplar y manejar las llaves y los agujeros.
RECUERDO Nº 3
    Aquellos humildes aragones que yo solía escuchar años atrás por La Casa Virgilio ya eran famosos, sonaban a toda hora en la radio donde los locutores les llamaban “los estilistas del cha cha cha” y en las vitrolas escandalosas de los bares de toda Cuba los parroquianos echaban medios para que retumbaran a to meter “toma chocolate, paga lo que debes”, “soy un tipo delicado que nací para el amor” y “nosotros, que nos queremos tanto”.
RECUERDO Nº 4
    Los 25 de diciembre de cada año, en una sociedad de recreo -posiblemente el Liceo- de un pueblecito llamado Jicotea, reventaban un gran baile que atraía a gente de todas partes. Yo no sé cómo los jicoteenses se las arreglaban pero lograban que la orquesta más célebre de Cuba, fuera a tocar allí cada Día de Navidad.
    Jicotea quedaba al lado de Esperanza. Un chofer de alquiler cobraba 10 quilos por persona para llevarnos a los muchachones esperanceños a ver tocar a la Aragón. La pensión costaba dos pesos por hombre. Mis amigos y yo siempre andábamos arrancaos así que si queríamos entrar tenía que ser sin pagar.

     Para lograrlo había dos opciones. Una era, cuando llegaba el carro de la orquesta, ponerse a cargar el contrabajo y los demás instrumentos simulan-
do ser utileros. Eso lo hacían los listos y los descarados.
    Los demás teníamos que oír la música desde la calle y esperar a que fueran las 12 y media o la 1 de la madrugada, hora en que nos dejaban pasar gratis, siempre que vistiéramos saco y corbata y fuéramos de raza blanca.
RECUERDO Nº 5
    Yo vivía en la casa de huéspedes de Teresa, encima de Las Vegas, frente por frente a Radio Progreso. Y los lunes, atravesaba Infanta y me metía en el estudio 1 de la Onda de la Alegría para participar en el aquelarre en que se convertía el programa de la Aragón. Lay dirigiendo, Pepito Palma creando los solos más exquisitos -los que no aparecían en los discos-, Richard maravillando con su flauta, Bacallao tirando pasillos increíbles, el público de pie, gritando ¡Sabrosona! y bailando junto a las lunetas ya ves cómo te silban, ya ves cómo te llevan, cachim cacham cachumba, a esa sabrosona le zumba. Y yo gozando.
RECUERDO Nº 6
    1966. Me dieron mi primera oportunidad de dirigir un programa propio en televisión. Le puse como título “Un millón de lunes” y en cuanto pude, metí a la Aragón.
    Fue el mismo año en que empecé a colaborar en la revista Cuba, escribiendo retratos de personajes de la música cubana. ¿Adivinan a quienes elegí para uno de mis primeros reportajes?
    Se llamó “Poner a bailar el trompo” y lo reproduzco a continuación, como mi modesto homenaje a la orquesta que, de una forma o de otra, siempre estuvo ahí, acompañándome y alegrándome la vida.

Si tú oyes un son sabrosón,
ponle el cuño, es Aragón.
Si tú escuchas un rico danzón.
ponle el cuño, es Aragón.
                                                 (Tema de la orquesta, 
                                                  creado por Enrique Jorrín)


martes, 29 de octubre de 2013

ESTRELLA Y LUCEROS DEL CARNAVAL DE LA HABANA 1970

INTRODUCCIÓN
    Cuba, a mediados de 1970. Tras el reciente y estrepitoso fracaso de la zafra de los 10 millones que iban pero que no fueron, el país andaba cabizbajo, medio depresivo ante la evidente realidad de que, a pesar de los esfuerzos y los sacrificios, no siempre se triunfaba. Y ese sentimiento de derrota, de gran abatimiento colectivo, no era el adecuado si se quería seguir contando con el favor de las masas.
    Así que alguien consideró que lo mejor para sacudir el muermo era, dado el carácter fiestero del cubano, darle alegría a su cuerpo macareno (1). Y se decidió hacer los carnavales más carnavales de todos los carnavales. Desde la capital hasta el pueblito más pequeño y perdido, las autoridades botaron la casa por la ventana dotando de presupuesto y recursos suficientes a las carrozas y comparsas, sacaron a la venta la jama y la bebida que andaban perdidas y crearon el ambientazo. El perico de Tata Güines y sus Tatagüinitos se puso a llorar y la gente a bailarlo y a tirar hacia arriba los envases de perga llenos de cerveza mientras los vigilantes hacían la vista gorda porque las órdenes eran que el pueblo se divirtiera.


EL TABLOIDE QUE SACÓ PALANTE
    Terminando junio, en La Habana ya había finalizado, en todos los niveles –de cuadra y centro de trabajo parriba-, el proceso de selección de las estrellas y luceros del carnaval. En el semanario Palante estaban preparando un suplemento humorístico que iban a repartir gratuitamente a los asistentes a la gran final que se celebraría en la Ciudad Deportiva. Y como yo caía por la sede de la publicación semana sí semana también, mis amiguetes de la redacción, con el inefable Betán a la cabeza, me pidieron que colaborara con ellos. El cabo que les iba a tirar consistía en entrevistar a las 120 candidatas finalistas, ni una menos.
    Parecía un embarque pero resultó un vacilón, ya que se trataba de un contingente de jebitas en muy buen estado, que habían pasado por no sé cuántas eliminaciones desde la base. Eso significaba que ocupaban el primer lugar de belleza y simpatía entre las 4000 que se habían presentado al certamen en la capital y sus alrededores. Algunas de ellas, todo hay que decirlo, eran monumentos que andaban por encima del primer lugar. Por lo que la tarea resultó agradable tirando hacia very nice. Cada tarde, durante una pila de días, en la sede de la Comisión del Carnaval (calle Cárcel casi esquina a Prado), estuvimos varios compañeros haciéndoles preguntas supuestamente graciosas a las chicas en busca de respuestas chispeantes y divertidas que a veces aparecían y otras muchas no.

EL REPORTAJE PARA LA REVISTA CUBA
    Yo era colaborador habitual de la revista Cuba Internacional y propuse a su dirección realizar un reportaje sobre la estrella y los luceros. Me aceptaron la idea. Lo armé con cuatro elementos: la ceremonia de selección final, las respuestas que le habíamos sacado a las muchachas para Palante, notas que se publicaron en la prensa en aquellos días y el material que nos dio una entrevista colectiva que le hicimos a las siete triunfadoras en la sede de la revista.
    Como todo aquello de elegir reinas de belleza me parecía una costumbre machista a superar, le entré al tema con cierta distancia. Utilicé la ironía y la sátira para que se notara mi falta de identificación con el asunto pero no obtuve un buen resultado. Me faltaba la maestría periodística que me hubiese ayudado a transmitir lo que quería. Así que no quedé contento con el reportaje. Una vez que lo vi impreso, me pareció confuso, embarullado, desordenado, tanto en forma como en contenido.
    De todas maneras, creo que puede resultar interesante leerlo hoy para recordar situaciones y analizar cómo las costumbres y usos de la época republicana, a más de once años del 1 de enero del 59, mantenían su vigencia y luchaban por pervivir en la nueva era.
    A pesar de que no me gusta este material, hoy lo reproduzco como un ejercicio de lealtad y honradez conmigo mismo y con ustedes, los que me leen. No siempre voy a publicar aquellas cosas de las que estoy complacido, ¿no?

LLEGÓ EL TIEMPO DE LAS ESTRELLAS
  Reportaje sobre la Estrella y los Luceros del Carnaval 1970 de La Habana.
    Escrito por Pedraza Ginori
      y publicado en la revista Cuba (Internacional), edición de octubre del 70.
Fotos de Sonia Zalacaín, Ernesto Fernández, José A. Figueroa y Nicolás Delgado.



domingo, 26 de mayo de 2013

MI SINDO GARAY LLEGA A LA REVISTA CUBA

¿TÚ QUIERES ESCRIBIR EN LA REVISTA CUBA?
    No tengo ni puñetera idea de cuál es la razón de este hecho pero lo cierto es que he tenido la suerte de que, en situaciones en que lo lógico era no hacerlo, siempre hubo alguien que confió en mí.
    Eran los primeros meses de 1966. Yo me estaba abriendo un hueco como director en Televisión Cubana y, culo inquieto como soy, en vez de dedicarme por entero a lograr ese objetivo, se me metió entre ceja y ceja que había llegado el momento de cumplir otro de mis sueños. Una tarde de febrero le pregunté a Luis Agüero, un buen amigo, escritor y periodista:
    -- Oye, ¿tú colaboras en la revista Cuba?
   Yo sabía que la respuesta sería "sí", pero lo hice con la idea de poner en el aire el tema de conversación. Al momento, yo estaba explicándole que a mí me gustaba escribir desde chiquito y para argumentárselo le conté la historia –totalmente verídica- de que cuando tenía ocho o nueve años, allá en mi Esperanza natal, le pedí a mi abuelo Antonio Ginori que me regalara un libro viejo de contabilidad que ya no usaba –de aquellos rayados que en el encabezado de cada página decían “Debe” y “Haber”- y en él escribí a lápiz una novela policíaca. El viejo Antonio, orgulloso de su pequeño y talentoso nieto, estuvo semanas enseñándole mi gran obra literaria a todos los esperanceños que se le acercaban.
    Luis, un tipo perspicaz, se la llevó al vuelo. No más oir mi relato, se dio cuenta de cuál era mi intención. Así que no perdió tiempo y me disparó:
-- Oye, ¿tú quieres escribir en la revista Cuba?