Traductor

Páginas vistas

domingo, 12 de abril de 2020

UN VIEJO ACOJONADO REIVINDICA EL PAPEL DE LA CIENCIA


 Nací el 4 de octubre de 1938, lo que quiere decir que ya he cumplido 81 años y medio. Como estoy en la franja de edad más vulnerable, cuando el coronavirus dijo “abre que voy” y dejó de ser una neumonía remota que mataba a chinos y coreanos para aterrizar en España, donde vivo, seguí las instrucciones que se le dieron a la población y me acuartelé en mi piso.
  Hoy, domingo 12 de abril, llevo exactamente 28 días confinado, trancado, encerrado a cal y canto, quieto en base. En ese tiempo, he salido a la calle únicamente en tres ocasiones, por necesidad imperiosa y durante períodos cortos, de unos minutos. Solo en casa como Macaulay Culkin, me he convertido en una especie de Anna Frank, parezco un guayabito escondido en su agujero mirando por un huequito y con miedo a la ratonera con queso que le espera afuera. Soy un hombre viejo y acojonado, jugándole cabeza a una enfermedad que, con 108,862 muertes comprobadas y no se sabe cuántos miles más por confirmar, ha demostrado ser algo que hay que tomarse muy en serio.
  Afortunadamente, a diferencia de cuando la peste negra del siglo XIV o la influenza de 1918-20 que se llevaron por delante a media humanidad, ahora la tecnología me ayuda a pasar la cuarentena entretenido. Tengo la lectura, la radio, la tele, la posibilidad de ver series y películas en mi hogar y ese invento de los inventos que se llama Internet.
  A propósito de Internet, me provoca desazón, asombro y cierto encabronamiento, ver la gran cantidad de disparates relacionados con el CoVid-19 que circulan por las redes sociales. A diario y sin pedirlo me bombardean con cadenas de oraciones “milagrosas” que debo reenviar, consejos de supuestos expertos sobre procedimientos y remedios que curan lo que hasta ahora es incurable (¡ay, el agua caliente con limón!), informaciones no contrastadas creadas y difundidas con quien sabe qué intenciones, interpretaciones animistas de la enfermedad que le atribuyen las características de un ser vivo y maléfico que toma decisiones, teorías que atribuyen la pandemia a una venganza de la naturaleza por el daño que se le ha hecho, conspiraciones perversas para reducir la superpoblación mundial, en fin…
  Ah, se me olvidaba el aporte de la secta que gobierna en Cuba: una incalificable teoría voluntarista que machaca con insistencia a la población de la isla inundando los medios de comunicación con banderitas, ataques al imperialismo, referencias al bloqueo, citas martianas a conveniencia, discursos maniqueos y musiquita heroica para introducir la ideología en el asunto y plantear que solo en el socialismo se puede vencer a la enfermedad. Lo que, si se analiza bien, es un punto de vista muy pesimista. Significa que el Covid-19 es hoy por hoy invencible, ya que en el planeta, que se sepa, no existe ningún país socialista. Y menos Cuba, una finca castrista concebida para el beneficio de unos pocos privilegiados en la que el socialismo ni estuvo, ni está, ni se le espera.
  Potenciado por el hecho de que hoy en día cualquiera puede ser un emisor de mensajes, se ha desatado un tsunami de chismes y tonterías como nunca se había visto antes en la historia. En la punta superior de ese iceberg de absurdos y superchería, está la costumbre ancestral del hombre de enfrentar sus problemas a través de la fe, de la creencia en que se los va a resolver un ente superior y todopoderoso o alguna corriente de pensamiento.
  Entiendo que esa actitud provoque cierta dosis de serenidad, que las prácticas religiosas pueden tranquilizar, que la esperanza es un bien valioso al que aferrarse en momentos de crisis, pero, con todo respeto, ¿la cruda realidad de hoy, con una epidemia imparable matando a miles cada día, no está demostrando que lo espiritual no es el camino?
  Ahora mismo, cientos de científicos trabajan a toda velocidad en hospitales y laboratorios de muchos países, en busca de una vacuna y/o un medicamento que ponga fin a la pesadilla que se vive. Hay que ver el gran trabajo que le cuesta a la gente aplicar la lógica y el raciocinio y entender que la solución solo vendrá por vía de la ciencia, que es en ella en lo que hay que creer, en ella donde debe estar depositada la esperanza.
  ¿Es que mañana o pasado, cuando la unión de la inteligencia humana y el saber acumulado durante siglos derroten por fin al coronavirus, se le agradecerá el logro a Dios? ¿Es que no habremos aprovechado esta terrible situación de hoy para extraer de ella una experiencia positiva que nos redefina como especie y nos aleje, por fin, del pensamiento de la época de las cavernas?

:::::::::::::::::::::::::::::::

No hay comentarios:

Publicar un comentario