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domingo, 13 de diciembre de 2020

EL GORDO, LA LIBRETA ETERNA Y LA MUELA BIZCA

    El miembro del Buró Político del PCC Marino Murillo es un tipo gordo, de rostro avinagrado, que se mueve por las alturas del régimen. Como los demás integrantes de la cúpula castrista, él ha oído hablar de la libreta de abastecimientos, quizás en algún momento de su vida la tuvo en sus manos, pero desde hace años no la usa, no la necesita. ¿Para qué, si no le falta de nada?

   Desde su cargo de nombre ampuloso, Jefe de la Comisión Permanente para la Implementación y Desarrollo de los Lineamientos del Partido Comunista, Marino ha jugado un papel en la llamada Tarea Ordenamiento de la Economía. Con su gordura de alto dirigente y su reloj caro, cheo y aparatoso, se apareció en el programa Mesa Retonta de este 11 de diciembre y allí afirmó que la unificación monetaria no significa la muerte de la libreta de abastecimiento. “Se mantendrá como mecanismo de distribución durante el tiempo que se considere necesario", dijo.


    Estamos hablando del 11 de diciembre de 2020, 56 años y 31 días después de aquel 6 de noviembre de 1964 en que el periódico comunista “Hoy” publicó en su sección “Aclaraciones” un artículo titulado “También terminaremos con el racionamiento” que es un ejemplo perfecto de la muela bizca verborreica, mentirosa y manipuladora, puro bla bla bla, con la que los castristas y sus medios de propaganda nos la han estado metiendo doblada desde que llegaron al poder utilizando la vía armada.

   No se pierdan detalle de este texto de hace 56 años y compárenlo con la situación actual. Si no fuera trágico, daría risa.


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   Ese “trabajador” que le dijo a Manuel Alfaro de Ia Rosa que en Cuba nunca se acabaría el racionamiento o es muy, pero muy pesimista o es muy, pero muy crédulo de las mentiras y propagandas contrarrevolucionarias.

   El racionamiento establecido en Cuba en la distribución de algunos productos es un fenómeno transitorio que resulta de las causas mencionadas en nuestros dos artículos anteriores sobre el tema.

   La economía que heredó la Revolución no producía suficiente para satisfacer las necesidades elementales de nuestro pueblo, aunque proporcionara millones y millones de pesos de ganancias a los monopolios norteamericanos y a los latifundistas, burgueses y politiqueros cubanos.

   Eso se ponía de manifiesto en un hecho: 600 mil desempleados; 600 mil hombres con capacidad de trabajar que no tenían oportunidad de ocuparse en un trabajo remunerado; 600 mil hombres que no tenían ingresos y, como consecuencia, miles de núcleos familiares que carecían de dinero para comprar cualquier cosa.

   Había otros hechos en que se ponía de manifiesto la incapacidad de la economía cubana para satisfacer las necesidades más elementales de nuestro pueblo: el tiempo muerto (desempleo estacional), las fábricas semiparalizadas, la miseria de los pequeños agricultores, los barrios de “llega y pon”, etcétera.

   La Revolución, desde sus primeras medidas, trajo la elevación del poder adquisitivo de las masas.

   La rebaja de los alquileres, la gratuidad de la enseñanza para todos y en todos sus grados, los miles de becados, el servicio médico gratuito, etcétera, significaron que en cada núcleo familiar quedaba mas dinero disponible, más poder de compra.

   La entrega de la tierra a los campesinos que antes eran arrendatarios, partidarios y precaristas, así como la eliminación práctica del desempleo y del tiempo muerto, multiplicaron el poder adquisitivo de las masas. Todo núcleo familiar de la ciudad y del campo tuvo más dinero para comprar.

   La producción no creció tan rápido como el poder de compra.

   Esas han sido las condiciones y causas que crearon la necesidad de recurrir al racionamiento de diversos productos para que su distribución fuera más ordenada, más racional y más justa, a fin de que todos recibieran una parte proporcional del total disponible.

   Pero, gracias a la Revolución, nosotros superaremos el atraso de nuestra economía, lograremos producir mucho más de lo que producimos ahora, alcanzaremos una productividad mas alta por trabajador empleado y, en consecuencia, tendremos un volumen de productos suficiente para satisfacer las necesidades del pueblo y que esté acorde con el poder adquisitivo de éste.

   Según se vaya obteniendo el volumen necesario de un producto para satisfacer Ia demanda máxima normal se irá eliminando el racionamiento del mismo.

El compañero Fidel anunció un plan para poner 60 millones de huevos mensuales a la venta desde los primeros meses del año próximo. Ese plan está en marcha y en vías de cumplimiento. Es posible que con esa cantidad de huevos éstos puedan venderse sin racionamiento. En todo caso, habrá familias que no podrán consumir tantos huevos como los que les corresponderían si fuera necesario que la distribución se siguiera haciendo por la libreta.

   En el acto del 28 de septiembre nuestro Primer Ministro anunció las medidas que se iban a poner en práctica para garantizar una producción de viandas que satisfaga plenamente la demanda normal de tales alimentos. Cuando las directivas emanadas de esa decisión hayan sido cumplidas, también se eliminará el racionamiento con respecto a las viandas.

   El plan ganadero en marcha permitirá, dentro de algin tiempo, Ia distribución sin racionamiento de Ia leche y, más tarde, de los demás productos de la ganadería.

   Cuando nosotros lleguemos a la meta de los 10 millones de toneladas de azúcar habremos casi duplicado nuestra capacidad de importación y, por tanto, tendremos medios para eliminar el racionamiento de todos o casi todos los artículos que ahora están sometidos a ese régimen de distribución.

   Y todo esto es para pronto.,

   Lo de los huevos lo veremos en enero.

   Lo de las viandas a fines del año próximo.

   Y los resultados de los diez millones de toneladas de azúcar al final del quinquenio.

   Del mismo modo que pusimos fin al desempleo y al analfabetismo, acabaremos con el racionamiento.

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