
En aquellas aulas de la EPP, en el onceno piso del Retiro Odontológico, descubrí el complejo y apasionante universo de las investigaciones de mercado, los famosos surveys, que indicaban las tendencias entre los usuarios, sus gustos, puntos de abordaje y otros detalles que cada vez más se estaban tomando como referencias en Cuba a la hora de decidir la política de proyección social de un producto. Desde su nombre y su forma de presentación hasta el diseño de las campañas de anuncios que lograsen venderlo.
Los publicitarios lo tenían claro: la calidad era una cosa y la eficacia otra. En las aulas de la escuela se transmitía constantemente la idea de que un anuncio se mide por su efectividad práctica, por las ventas que logra, por los propósitos preestablecidos que consigue. Puede estar muy bien realizado, tener un slogan llamativo y un texto imaginativo y correctamente escrito, ser muy bonito o muy simpático, pero si no vende su producto o su idea, no sirve, es dinero tirado a la basura.
En definitiva, estábamos asistiendo a clases para formarnos como buenos publicitarios, para aprender a concebir anuncios con la mejor factura posible pero, sobre todo, que vendiesen.
CON EMPUJE Y MUCHO PORVENIR
La publicidad, como habían demostrado los americanos, era una ciencia social. En la mitad del siglo XX estaba sufriendo una transformación capital en nuestro país, convirtiéndose en un sector de gran empuje y mucho porvenir. (1)
Cada día las empresas tomaban más conciencia de las posibilidades que les brindaba la publicidad moderna, concebida y realizada por profesionales.
Pronto llegaría el momento en que toda campaña importante se decidiría contando no sólo con las ideas de los creativos sino además con los resultados de las encuestas que mostraban cómo entrarle mejor a los potenciales clientes.
Todo esto lo recordé muchos años después cuando vi la teleserie norteamericana “Mad Men”, ambientada en una gran empresa publicitaria de New York, durante los años 50. Retrataba un mundo que me resultó familiar.
Yo podría haberme convertido en uno de sus personajes si no hubiese llegado el comandante mandando a parar, poniendo a Cuba cabeza abajo.
EN BUSCA DE OTRO EMPLEO
Hablando de emolumentos, un ejecutivo de una agencia de primer nivel que se encargara de gestionar con éxito la cuenta de un cliente importante obtenía muchos más ingresos que un director de programas en una emisora de TV.
Pero yo seguía soñando con la tele y considerando la publicidad como un medio para llegar a ella.










