La noticia, inesperada y estremecedora, corrió rápida por las Cubas de adentro y de afuera, entristeciendo a cada uno de los que fuimos sus compañeros, vivamos donde vivamos, porque El Jockey era mucho Jockey y le admirábamos como profesional, le respetábamos como luchador contra la burocracia y la mediocridad de los dirigentes y le queríamos como persona.
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sábado, 24 de septiembre de 2016
EL JOCKEY PIÑERO PADRINO, ADIÓS A UNA LEYENDA
El 21 de septiembre de 2016, a los 84 años, en La Habana, el corazón inquieto de Ernesto Piñero Padrino, quizás el más inquieto de todos los corazones, dejó de latir y la televisión cubana y los que hemos trabajado en ella, sufrimos un golpetazo.
La noticia, inesperada y estremecedora, corrió rápida por las Cubas de adentro y de afuera, entristeciendo a cada uno de los que fuimos sus compañeros, vivamos donde vivamos, porque El Jockey era mucho Jockey y le admirábamos como profesional, le respetábamos como luchador contra la burocracia y la mediocridad de los dirigentes y le queríamos como persona.
¿Quién que le conoció se iba a atrever a no admirarle, a respetarle y a quererle?
La noticia, inesperada y estremecedora, corrió rápida por las Cubas de adentro y de afuera, entristeciendo a cada uno de los que fuimos sus compañeros, vivamos donde vivamos, porque El Jockey era mucho Jockey y le admirábamos como profesional, le respetábamos como luchador contra la burocracia y la mediocridad de los dirigentes y le queríamos como persona.
miércoles, 27 de julio de 2016
ENTREVISTA BASTANTE INFORMAL AL SR. PEDRAZA GINORI
Mi entrañable amigo, el destacado humorista y escritor cubano Pepe Pelayo, ha publicado en sus muy leídos sitios de Internet esta entrevista que ha tenido la gentileza de hacerme, a finales de julio de 2016, a pocos días de mi primer viaje a Miami. Gracias a Pepe por su gesto.
ENTREVISTA -bastante informal- AL SR. EUGENIO PEDRAZA GINORI (Yin)
Conversando por Messenger con mi amigo Yin -él estando en Ourense, España y yo de tránsito fuera de Chile donde resido-, se me ocurrió que sería importante que los amigos cubanos regados por el mundo y algunos chilenos y amigos míos de otros lares en las redes sociales, pero sobre todo los cubanos de La Florida, ya sea que lo conozcan bien, o solo de oídas, o que les pueda interesar un personaje fundamental de la televisión y del mundo artístico en general de Cuba, supieran más de esta importante visita que Pedraza Ginori realizará a la ciudad de Miami desde el próximo 1 de agosto.
Así que se lo propuse y Yin aceptó.
Aclaro: no voy a escribir aquí el curriculum de él, por espacio y porque no es el objetivo. Pero exhorto a todos a que entren en su entretenidísimo sitio “El blog de Pedraza Ginori” (http://elblogdepedrazaginori.blogspot.com.es)
Esta es la breve entrevista. Ojalá les guste.
PP: ¿Tú aceptaste la invitación de ir a Miami solo por el lanzamiento de tus libros, o también por necesidades personales y familiares, o porque querías reencontrarte con la gente con las que trabajaste, o por todas esas cosas a la vez?
YIN: Mi visita a Miami es algo que he estado gestando desde hace mucho tiempo. Circunstancias personales me habían impedido el viaje. La presentación allá de mis libros precipitó la decisión de viajar ahora pero no es el motivo principal, que es el reencontrarme con amigos y compañeros de trabajo a quienes no veo desde hace 25 o más años.
Pedraza Ginori Pepe Pelayo
ENTREVISTA -bastante informal- AL SR. EUGENIO PEDRAZA GINORI (Yin)
Conversando por Messenger con mi amigo Yin -él estando en Ourense, España y yo de tránsito fuera de Chile donde resido-, se me ocurrió que sería importante que los amigos cubanos regados por el mundo y algunos chilenos y amigos míos de otros lares en las redes sociales, pero sobre todo los cubanos de La Florida, ya sea que lo conozcan bien, o solo de oídas, o que les pueda interesar un personaje fundamental de la televisión y del mundo artístico en general de Cuba, supieran más de esta importante visita que Pedraza Ginori realizará a la ciudad de Miami desde el próximo 1 de agosto.
Así que se lo propuse y Yin aceptó.
Aclaro: no voy a escribir aquí el curriculum de él, por espacio y porque no es el objetivo. Pero exhorto a todos a que entren en su entretenidísimo sitio “El blog de Pedraza Ginori” (http://elblogdepedrazaginori.blogspot.com.es)
Esta es la breve entrevista. Ojalá les guste.
PP: ¿Tú aceptaste la invitación de ir a Miami solo por el lanzamiento de tus libros, o también por necesidades personales y familiares, o porque querías reencontrarte con la gente con las que trabajaste, o por todas esas cosas a la vez?
YIN: Mi visita a Miami es algo que he estado gestando desde hace mucho tiempo. Circunstancias personales me habían impedido el viaje. La presentación allá de mis libros precipitó la decisión de viajar ahora pero no es el motivo principal, que es el reencontrarme con amigos y compañeros de trabajo a quienes no veo desde hace 25 o más años.
martes, 5 de julio de 2016
MEMORIAS CUBANAS EN LA REGIÓN
Para mi sorpresa, en la leída sección "Quen cho dixo" (¿Sabe usted
que...) de La Región, nuestro periódico provincial ourensano, apareció
el 4 de julio de 2016 una info que habla de mis libros.
Muchas gracias a los amigos de La Región por su apoyo.
Muchas gracias a los amigos de La Región por su apoyo.
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miércoles, 22 de junio de 2016
HOY ME LLEGARON MIS "MEMORIAS CUBANAS Libros 1 y 2"
¡¡¡¡ HOY ME LLEGARON MIS LIBROS !!!!
Aunque el rostro no lo demuestra mucho, éste que ven aquí es un tipo feliz viviendo uno de los ratos más emocionantes de su existencia.
La foto está tomada unos minutos después de la llegada a Ourense de mis dos libros. Era la primera vez que los tenía en mis manos y no se pueden imaginar la mezcla de sentimientos, todos buenos, que estaba experimentando.
Aunque el rostro, dicha sea la verdad, no lo demuestra mucho.
Gracias a todos aquellos amigos que una y otra vez me animaron a escribir estas memorias. Sin ustedes, sin su insistencia, me hubiera perdido los momentos de felicidad que he sentido esta mañana del 22 de junio de 2016.
En "Pedraza Ginori Memorias Cubanas" he recogido, en clave autobiográfica, sucesos, “batallitas”, semblanzas, anécdotas y reflexiones personales.
Aunque el rostro no lo demuestra mucho, éste que ven aquí es un tipo feliz viviendo uno de los ratos más emocionantes de su existencia.
La foto está tomada unos minutos después de la llegada a Ourense de mis dos libros. Era la primera vez que los tenía en mis manos y no se pueden imaginar la mezcla de sentimientos, todos buenos, que estaba experimentando.
Aunque el rostro, dicha sea la verdad, no lo demuestra mucho.
Gracias a todos aquellos amigos que una y otra vez me animaron a escribir estas memorias. Sin ustedes, sin su insistencia, me hubiera perdido los momentos de felicidad que he sentido esta mañana del 22 de junio de 2016.
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En "Pedraza Ginori Memorias Cubanas" he recogido, en clave autobiográfica, sucesos, “batallitas”, semblanzas, anécdotas y reflexiones personales.
Son 81
piezas, distribuidas en dos volúmenes de 350 páginas cada uno.
Ambos libros se pueden adquirir por Internet en CreateSpace e-Store
(que es una empresa de Amazon). Para acceder, pulsar sobre este enlace:
EL MAGNÍFICO CAPÍTULO 6x09 DE JUEGO DE TRONOS
Todos los que hemos trabajado en la tele, todos los que hemos creído en
sus posibilidades y combatido la falsa y malsana idea de que un
televisor no era más que “una caja tonta” por la que había darle basura
al espectador, estamos de enhorabuena.
“La batalla de los bastardos”, el capítulo 9 de la 6ta temporada de “Juego de tronos”, es la máxima expresión de la fusión entre lo mejor de la televisión y lo mejor del cine en que se han convertido las series. Pasarán muchos años, muchos más, yo no sé si tenga amor la eternidad, pero de lo que estoy seguro es de que cuando no quede vivo ni uno solo de nosotros, se seguirá hablando maravillas de este magnífico episodio, de esta enorme obra de arte audiovisual.
Y nosotros, los televidentes de 2016, hemos tenido el privilegio de haberlo visto y disfrutado en su estreno.
Congratulaciones a David Beniot y D.B. Weiss, creadores de la serie, a Miguel Sapochnik, director del capítulo 6x09 y a su editor Tim Porter. Y a todos los que participaron detrás y delante de las cámaras (incluyendo a los caballos ¡cómo no!)
Y a HBO por el apoyo, por demostrarnos una vez más que la televisión es un arte mayor.
“La batalla de los bastardos”, el capítulo 9 de la 6ta temporada de “Juego de tronos”, es la máxima expresión de la fusión entre lo mejor de la televisión y lo mejor del cine en que se han convertido las series. Pasarán muchos años, muchos más, yo no sé si tenga amor la eternidad, pero de lo que estoy seguro es de que cuando no quede vivo ni uno solo de nosotros, se seguirá hablando maravillas de este magnífico episodio, de esta enorme obra de arte audiovisual.
Y nosotros, los televidentes de 2016, hemos tenido el privilegio de haberlo visto y disfrutado en su estreno.
Congratulaciones a David Beniot y D.B. Weiss, creadores de la serie, a Miguel Sapochnik, director del capítulo 6x09 y a su editor Tim Porter. Y a todos los que participaron detrás y delante de las cámaras (incluyendo a los caballos ¡cómo no!)
Y a HBO por el apoyo, por demostrarnos una vez más que la televisión es un arte mayor.
domingo, 13 de marzo de 2016
AVENTURAS EN EL MUNDO DE LA PUBLICIDAD
En la habanera Escuela Profesional de Publicidad (EPP), la enseñanza me resultó interesante. Básicamente instruían al alumno en el manejo de las herramientas sicológicas que incitaban a una persona a consumir un producto o servicio. Dicho de otra forma, aprendías que la publicidad tenía como objetivo manipular a la gente para alcanzar objetivos predeterminados.
En aquellas aulas de la EPP, en el onceno piso del Retiro Odontológico, descubrí el complejo y apasionante universo de las investigaciones de mercado, los famosos surveys, que indicaban las tendencias entre los usuarios, sus gustos, puntos de abordaje y otros detalles que cada vez más se estaban tomando como referencias en Cuba a la hora de decidir la política de proyección social de un producto. Desde su nombre y su forma de presentación hasta el diseño de las campañas de anuncios que lograsen venderlo.
Los publicitarios lo tenían claro: la calidad era una cosa y la eficacia otra. En las aulas de la escuela se transmitía constantemente la idea de que un anuncio se mide por su efectividad práctica, por las ventas que logra, por los propósitos preestablecidos que consigue. Puede estar muy bien realizado, tener un slogan llamativo y un texto imaginativo y correctamente escrito, ser muy bonito o muy simpático, pero si no vende su producto o su idea, no sirve, es dinero tirado a la basura.
En definitiva, estábamos asistiendo a clases para formarnos como buenos publicitarios, para aprender a concebir anuncios con la mejor factura posible pero, sobre todo, que vendiesen.
CON EMPUJE Y MUCHO PORVENIR
La publicidad, como habían demostrado los americanos, era una ciencia social. En la mitad del siglo XX estaba sufriendo una transformación capital en nuestro país, convirtiéndose en un sector de gran empuje y mucho porvenir. (1)
Cada día las empresas tomaban más conciencia de las posibilidades que les brindaba la publicidad moderna, concebida y realizada por profesionales.
Pronto llegaría el momento en que toda campaña importante se decidiría contando no sólo con las ideas de los creativos sino además con los resultados de las encuestas que mostraban cómo entrarle mejor a los potenciales clientes.
Todo esto lo recordé muchos años después cuando vi la teleserie norteamericana “Mad Men”, ambientada en una gran empresa publicitaria de New York, durante los años 50. Retrataba un mundo que me resultó familiar.
Yo podría haberme convertido en uno de sus personajes si no hubiese llegado el comandante mandando a parar, poniendo a Cuba cabeza abajo.
EN BUSCA DE OTRO EMPLEO
Hablando de emolumentos, un ejecutivo de una agencia de primer nivel que se encargara de gestionar con éxito la cuenta de un cliente importante obtenía muchos más ingresos que un director de programas en una emisora de TV.
Pero yo seguía soñando con la tele y considerando la publicidad como un medio para llegar a ella.

En aquellas aulas de la EPP, en el onceno piso del Retiro Odontológico, descubrí el complejo y apasionante universo de las investigaciones de mercado, los famosos surveys, que indicaban las tendencias entre los usuarios, sus gustos, puntos de abordaje y otros detalles que cada vez más se estaban tomando como referencias en Cuba a la hora de decidir la política de proyección social de un producto. Desde su nombre y su forma de presentación hasta el diseño de las campañas de anuncios que lograsen venderlo.
Los publicitarios lo tenían claro: la calidad era una cosa y la eficacia otra. En las aulas de la escuela se transmitía constantemente la idea de que un anuncio se mide por su efectividad práctica, por las ventas que logra, por los propósitos preestablecidos que consigue. Puede estar muy bien realizado, tener un slogan llamativo y un texto imaginativo y correctamente escrito, ser muy bonito o muy simpático, pero si no vende su producto o su idea, no sirve, es dinero tirado a la basura.
En definitiva, estábamos asistiendo a clases para formarnos como buenos publicitarios, para aprender a concebir anuncios con la mejor factura posible pero, sobre todo, que vendiesen.
CON EMPUJE Y MUCHO PORVENIR
La publicidad, como habían demostrado los americanos, era una ciencia social. En la mitad del siglo XX estaba sufriendo una transformación capital en nuestro país, convirtiéndose en un sector de gran empuje y mucho porvenir. (1)
Cada día las empresas tomaban más conciencia de las posibilidades que les brindaba la publicidad moderna, concebida y realizada por profesionales.
Pronto llegaría el momento en que toda campaña importante se decidiría contando no sólo con las ideas de los creativos sino además con los resultados de las encuestas que mostraban cómo entrarle mejor a los potenciales clientes.
Todo esto lo recordé muchos años después cuando vi la teleserie norteamericana “Mad Men”, ambientada en una gran empresa publicitaria de New York, durante los años 50. Retrataba un mundo que me resultó familiar.
Yo podría haberme convertido en uno de sus personajes si no hubiese llegado el comandante mandando a parar, poniendo a Cuba cabeza abajo.
EN BUSCA DE OTRO EMPLEO
Hablando de emolumentos, un ejecutivo de una agencia de primer nivel que se encargara de gestionar con éxito la cuenta de un cliente importante obtenía muchos más ingresos que un director de programas en una emisora de TV.
Pero yo seguía soñando con la tele y considerando la publicidad como un medio para llegar a ella.
miércoles, 2 de marzo de 2016
OOOH, LA HABANA, OOOH, LA HABANA
LA VIDA ERA MUCHO MÁS
Me faltaba poco para cumplir los 18 cuando finalicé, con mucho alivio de mi parte y por ineludible mandato familiar, el Bachillerato en Ciencias en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara.
Cumplido el trámite, había llegado para mí la hora de salir pitando de mi natal y estrecha Esperanza para abrirme hacia otros horizontes y oportunidades. La vida, de eso estaba seguro, era mucho más que dar vueltas en el Parque Martí, ver películas en el Principal, comentar lo que pasaba en el pueblo y casarme y tener hijos con una esperanceña.
En la madrugada del lunes 17 de septiembre de 1956 mi padre y yo, sentados junto al chofer en la cabina de un camión rastra del Expreso Oriente, íbamos por la Carretera Central hacia La Habana, una ciudad para mí deslumbrante y enigmática que me atraía con la fuerza de un gran imán.
Yo había visto en el periódico que abría su matrícula la Escuela Profesional de Publicidad, una institución habanera destinada a la formación de publicitarios.
Se necesitaba gente específicamente preparada para dicha profesión que, según comentarios de prensa, estaba en auge en Cuba y tenía un futuro que se auguraba esplendoroso en una sociedad como la nuestra, en la que el capitalismo se desarrollaría a mil por hora en los próximos años.
A aquellas alturas, ya mis padres daban por hecho que yo no quería estudiar una carrera universitaria y realmente no resultó difícil convencerles de que me ayudaran económicamente para echar a andar mi aventura en la capital.
Les dije que a mí lo que me interesaba era la televisión. Y podría llegar a ella a través de la publicidad, una actividad muy ligada a la creación y producción de programas.
Para explicarles mi estrategia les puse un ejemplo: si yo lograba entrar a trabajar en la agencia que se encargaba de la propaganda de los cigarros Partagás, tendría por lo menos un pie puesto dentro de “Jueves de Partagás”.
LA SITUACIÓN EN CASA
En 1956, en mi hogar éramos cuatro: mi madre -ama de casa-, mi hermano –por entonces tenía 10 años-, mi padre y yo. Vivíamos bajo el signo de la austeridad, dentro de lo que en términos sociológicos se llamaba, sin que yo lo supiera, “clase baja”. Gente de las que en la bodega compraban tres de azúcar y dos de café y le decían al chino “Apúntamelo que te pago después”. (1)
El dinero para mantener a la familia provenía de las comisiones -entre el 10 y el 15% del precio del flete de las mercancías recibidas y enviadas- que el viejo cobraba por ser agente en el pueblo de varias compañías nacionales de transporte por carretera que radicaban en La Habana: Expreso Oriente, Tráfico y Transportes, República, Sardiñas, Sicilia, Meteoro. La Flota… Él también daba servicio a porteadores autónomos independientes consiguiéndole viajes para sus camiones.
En los primeros días de aquel septiembre, dando rienda suelta a su habilidad natural para las relaciones personales, Papá agarró el teléfono y se puso a mover sus contactos con sus amigos transportistas habaneros para encontrarme un trabajito en la capital.
-- Es un muchacho despierto. Seguro que te puede ayudar en la oficina y no tienes que pagarle mucho –le escuché argumentar.
Al fin, insistiendo en sus gestiones y llamadas, logró su objetivo.
Me faltaba poco para cumplir los 18 cuando finalicé, con mucho alivio de mi parte y por ineludible mandato familiar, el Bachillerato en Ciencias en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara.
Cumplido el trámite, había llegado para mí la hora de salir pitando de mi natal y estrecha Esperanza para abrirme hacia otros horizontes y oportunidades. La vida, de eso estaba seguro, era mucho más que dar vueltas en el Parque Martí, ver películas en el Principal, comentar lo que pasaba en el pueblo y casarme y tener hijos con una esperanceña.
En la madrugada del lunes 17 de septiembre de 1956 mi padre y yo, sentados junto al chofer en la cabina de un camión rastra del Expreso Oriente, íbamos por la Carretera Central hacia La Habana, una ciudad para mí deslumbrante y enigmática que me atraía con la fuerza de un gran imán.
Yo había visto en el periódico que abría su matrícula la Escuela Profesional de Publicidad, una institución habanera destinada a la formación de publicitarios.Se necesitaba gente específicamente preparada para dicha profesión que, según comentarios de prensa, estaba en auge en Cuba y tenía un futuro que se auguraba esplendoroso en una sociedad como la nuestra, en la que el capitalismo se desarrollaría a mil por hora en los próximos años.
A aquellas alturas, ya mis padres daban por hecho que yo no quería estudiar una carrera universitaria y realmente no resultó difícil convencerles de que me ayudaran económicamente para echar a andar mi aventura en la capital.
Les dije que a mí lo que me interesaba era la televisión. Y podría llegar a ella a través de la publicidad, una actividad muy ligada a la creación y producción de programas.
Para explicarles mi estrategia les puse un ejemplo: si yo lograba entrar a trabajar en la agencia que se encargaba de la propaganda de los cigarros Partagás, tendría por lo menos un pie puesto dentro de “Jueves de Partagás”.
LA SITUACIÓN EN CASA
En 1956, en mi hogar éramos cuatro: mi madre -ama de casa-, mi hermano –por entonces tenía 10 años-, mi padre y yo. Vivíamos bajo el signo de la austeridad, dentro de lo que en términos sociológicos se llamaba, sin que yo lo supiera, “clase baja”. Gente de las que en la bodega compraban tres de azúcar y dos de café y le decían al chino “Apúntamelo que te pago después”. (1)
El dinero para mantener a la familia provenía de las comisiones -entre el 10 y el 15% del precio del flete de las mercancías recibidas y enviadas- que el viejo cobraba por ser agente en el pueblo de varias compañías nacionales de transporte por carretera que radicaban en La Habana: Expreso Oriente, Tráfico y Transportes, República, Sardiñas, Sicilia, Meteoro. La Flota… Él también daba servicio a porteadores autónomos independientes consiguiéndole viajes para sus camiones.
En los primeros días de aquel septiembre, dando rienda suelta a su habilidad natural para las relaciones personales, Papá agarró el teléfono y se puso a mover sus contactos con sus amigos transportistas habaneros para encontrarme un trabajito en la capital.
-- Es un muchacho despierto. Seguro que te puede ayudar en la oficina y no tienes que pagarle mucho –le escuché argumentar.
Al fin, insistiendo en sus gestiones y llamadas, logró su objetivo.
domingo, 28 de febrero de 2016
¿QUIERES IR CONMIGO A LA HABANA?
Estampa I: LA HABANA DE NIÑO
LA GRAN CAPITAL Y SU TRAJÍN
Debo haber tenido ocho o nueve años. Vivíamos en Esperanza. Mi padre, transportista, tenía que viajar por asuntos de trabajo y me preguntó:
-- ¿Quieres ir conmigo a La Habana?
Nos alojamos en un hotel cercano al Parque de la Fraternidad. La parte nada confiable de mi memoria me dice que radicaba en la calle Industria, recuerdo unas aceras enormes con árboles. Tenía un ascensor de hierro que manejaba un señor y, ¡oh, maravilla del progreso!, me llevaba arriba y abajo sin tener que usar las escaleras. Del hotel pafuera dabas un paso y te encontrabas inmerso en la gran urbe que ya en la decada de 1940 era una de las joyas de América.
Aquella primera vez que me asomé a la gran capital de la república y a su trajín resultó una experiencia fascinante para el niño nacido y criado en un pueblo de campo que era yo. Fueron unos días maravillosos, que viví como montado en una alucinación, absolutamente deslumbrado, feliz. No me alcanzaban los ojos para ver de sopetón tantos edificios, tanto tráfico de transeúntes, máquinas y guaguas, tantos anuncios lumínicos bonitos, tantas cosas nuevas...
jueves, 18 de febrero de 2016
MUÑEQUITOS, ESPINILLAS E ILUSIONES
Amaury, Vaillant, El Caballo y Condall
se convirtieron en mis referentes.
Yo quería ser, como ellos, director.
En mi pueblo natal (Esperanza, a quince kilómetros al oeste de Santa Clara, capital de la provincia de Las Villas) yo vivía esa adolescencia ingenua y tontorrona de los 13/14/15 años, ese período vital complicado y desiquilibrado en que uno cree que se las sabe todas pero en realidad no se sabe ninguna.
Mi trajín habitual consistía en:
asistir a clases de bachillerato en el Instituto de Santa Clara,
pasar el tiempo paseando y hablando mierda con mis amigos,
ir lo más posible al cine,
jugar, mal, a la pelota,
colarme en los ensayos de la orquesta local Casablanca que dirigía el Maestro Augusto Suero,
escuchar por radio las aventuras de Leonardo Moncada, "El Titán de la Llanura", y los juegos de mi equipo Almendares,
pajearme,
reventarme las espinillas que me salían sin cesar en la cara (1),
disfrutar de los discos 45 r.p.m., en especial los del Benny, que sonaban a todo volumen en las vitrolas de los bares aledaños al Parque Martí,
engañar a mi madre para que creyera que estudiaba –estudiar no me gustaba en absoluto-,
perder muchos minutos, en distintos momentos del día, peinándome y repeinándome con vaselina para que mi mota se mantuviera tan erguida como la de Tony Curtis...
Y, además, tratar de ligar. Pero esto último no sé ni por qué lo menciono porque se me daba fatal; yo era tremendo tímido con las muchachas, nada simpático y bailaba mal. La única que se interesó por mí no era muy agraciada que digamos y yo pasé de ella porque ser novio de una fea se consideraba un demérito en el círculo de amistades juveniles, repletas de machismo y otros absurdos prejuicios, en que yo me movía.
He dejado fuera, porque merecen mención aparte, mis dos actividades preferidas: leer la prensa y ver la televisión. Las dos, ejercidas sin falta un día sí y otro también, se convirtieron en aficiones, se entrelazaron entre sí y, mire usted por dónde, tuvieron mucho que ver con mi vida posterior.
LA EDAD DE LOS MUÑES
Permítanme ahora un flashback para ir a mi infancia.
sábado, 6 de febrero de 2016
LA TELE, AMOR A PRIMERA VISTA
Situémonos en el último trimestre de 1950. El Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara, conmigo adentro como alumno de primer año, había empezado un nuevo curso. El día 4 de octubre cumplí 12 años y el viernes 20, sin que yo lo supiera, empezó a transmitir en La Habana la primera emisora cubana de televisión: Unión Radio TV.
Pocas semanas después, el 18 de diciembre, salía al aire la segunda: CMQ TV. La cobertura de ambas plantas se limitaba a la ciudad de La Habana y poco más.
Para los que vivíamos en Esperanza, lejos de la capital, la tele era sólo una quimera. Sabíamos que existía porque la prensa hablaba constantemente de ella y publicaba publicidad incitando a la gente a comprar televisores RCA Victor, Admiral, Crosley, DuMont… A mí, que no me perdía las narraciones radiales de Felo Ramírez de los juegos de mi club favorito de beisbol, el Almendares, me impactó mucho un anuncio que salió en la revista Bohemia. En la pantalla de un televisor aparecía un pelotero deslizándose en una base.
-- ¡Alabao! -pensé-, con este aparato se pueden ver los jonrones de Roberto Ortiz.
EL PRIMER TELEVISOR DE MI PUEBLO
Jesús Llanos era un gallego -gallego se les decía a todos los españoles- dueño de la mejor tienda de ropa y mercería de mi pueblo. El hombre, un tipo afable y educado, me conocía porque mi tía Delia Ginori era dependienta en su comercio. Ella me dijo que su patrón había comprado un aparato de televisión.
Erick Kaupp (al centro con camisa blanca), Gaspar Pumarejo (extremo derecha en la foto)
y otros pioneros de la televisión cubana.
Para los que vivíamos en Esperanza, lejos de la capital, la tele era sólo una quimera. Sabíamos que existía porque la prensa hablaba constantemente de ella y publicaba publicidad incitando a la gente a comprar televisores RCA Victor, Admiral, Crosley, DuMont… A mí, que no me perdía las narraciones radiales de Felo Ramírez de los juegos de mi club favorito de beisbol, el Almendares, me impactó mucho un anuncio que salió en la revista Bohemia. En la pantalla de un televisor aparecía un pelotero deslizándose en una base.
-- ¡Alabao! -pensé-, con este aparato se pueden ver los jonrones de Roberto Ortiz.
El beisbol era un potente reclamo para vender televisores.
A la izquierda un anuncio de Hallicrafters y a la derecha uno de CMQ-TV
EL PRIMER TELEVISOR DE MI PUEBLO
Jesús Llanos era un gallego -gallego se les decía a todos los españoles- dueño de la mejor tienda de ropa y mercería de mi pueblo. El hombre, un tipo afable y educado, me conocía porque mi tía Delia Ginori era dependienta en su comercio. Ella me dijo que su patrón había comprado un aparato de televisión.
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