Todos los que hemos trabajado en la tele, todos los que hemos creído en
sus posibilidades y combatido la falsa y malsana idea de que un
televisor no era más que “una caja tonta” por la que había darle basura
al espectador, estamos de enhorabuena.
“La batalla de los
bastardos”, el capítulo 9 de la 6ta temporada de “Juego de tronos”, es
la máxima expresión de la fusión entre lo mejor de la televisión y lo
mejor del cine en que se han convertido las series. Pasarán muchos años,
muchos más, yo no sé si tenga amor la eternidad, pero de lo que estoy
seguro es de que cuando no quede vivo ni uno solo de nosotros, se
seguirá hablando maravillas de este magnífico episodio, de esta enorme
obra de arte audiovisual.
Y nosotros, los televidentes de 2016, hemos tenido el privilegio de haberlo visto y disfrutado en su estreno.
Congratulaciones a David Beniot y D.B. Weiss, creadores de la serie, a
Miguel Sapochnik, director del capítulo 6x09 y a su editor Tim Porter. Y
a todos los que participaron detrás y delante de las cámaras
(incluyendo a los caballos ¡cómo no!)
Y a HBO por el apoyo, por demostrarnos una vez más que la televisión es un arte mayor.
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miércoles, 22 de junio de 2016
domingo, 13 de marzo de 2016
AVENTURAS EN EL MUNDO DE LA PUBLICIDAD
En la habanera Escuela Profesional de Publicidad (EPP), la enseñanza me resultó interesante. Básicamente instruían al alumno en el manejo de las herramientas sicológicas que incitaban a una persona a consumir un producto o servicio. Dicho de otra forma, aprendías que la publicidad tenía como objetivo manipular a la gente para alcanzar objetivos predeterminados.
En aquellas aulas de la EPP, en el onceno piso del Retiro Odontológico, descubrí el complejo y apasionante universo de las investigaciones de mercado, los famosos surveys, que indicaban las tendencias entre los usuarios, sus gustos, puntos de abordaje y otros detalles que cada vez más se estaban tomando como referencias en Cuba a la hora de decidir la política de proyección social de un producto. Desde su nombre y su forma de presentación hasta el diseño de las campañas de anuncios que lograsen venderlo.
Los publicitarios lo tenían claro: la calidad era una cosa y la eficacia otra. En las aulas de la escuela se transmitía constantemente la idea de que un anuncio se mide por su efectividad práctica, por las ventas que logra, por los propósitos preestablecidos que consigue. Puede estar muy bien realizado, tener un slogan llamativo y un texto imaginativo y correctamente escrito, ser muy bonito o muy simpático, pero si no vende su producto o su idea, no sirve, es dinero tirado a la basura.
En definitiva, estábamos asistiendo a clases para formarnos como buenos publicitarios, para aprender a concebir anuncios con la mejor factura posible pero, sobre todo, que vendiesen.
CON EMPUJE Y MUCHO PORVENIR
La publicidad, como habían demostrado los americanos, era una ciencia social. En la mitad del siglo XX estaba sufriendo una transformación capital en nuestro país, convirtiéndose en un sector de gran empuje y mucho porvenir. (1)
Cada día las empresas tomaban más conciencia de las posibilidades que les brindaba la publicidad moderna, concebida y realizada por profesionales.
Pronto llegaría el momento en que toda campaña importante se decidiría contando no sólo con las ideas de los creativos sino además con los resultados de las encuestas que mostraban cómo entrarle mejor a los potenciales clientes.
Todo esto lo recordé muchos años después cuando vi la teleserie norteamericana “Mad Men”, ambientada en una gran empresa publicitaria de New York, durante los años 50. Retrataba un mundo que me resultó familiar.
Yo podría haberme convertido en uno de sus personajes si no hubiese llegado el comandante mandando a parar, poniendo a Cuba cabeza abajo.
EN BUSCA DE OTRO EMPLEO
Hablando de emolumentos, un ejecutivo de una agencia de primer nivel que se encargara de gestionar con éxito la cuenta de un cliente importante obtenía muchos más ingresos que un director de programas en una emisora de TV.
Pero yo seguía soñando con la tele y considerando la publicidad como un medio para llegar a ella.

En aquellas aulas de la EPP, en el onceno piso del Retiro Odontológico, descubrí el complejo y apasionante universo de las investigaciones de mercado, los famosos surveys, que indicaban las tendencias entre los usuarios, sus gustos, puntos de abordaje y otros detalles que cada vez más se estaban tomando como referencias en Cuba a la hora de decidir la política de proyección social de un producto. Desde su nombre y su forma de presentación hasta el diseño de las campañas de anuncios que lograsen venderlo.
Los publicitarios lo tenían claro: la calidad era una cosa y la eficacia otra. En las aulas de la escuela se transmitía constantemente la idea de que un anuncio se mide por su efectividad práctica, por las ventas que logra, por los propósitos preestablecidos que consigue. Puede estar muy bien realizado, tener un slogan llamativo y un texto imaginativo y correctamente escrito, ser muy bonito o muy simpático, pero si no vende su producto o su idea, no sirve, es dinero tirado a la basura.
En definitiva, estábamos asistiendo a clases para formarnos como buenos publicitarios, para aprender a concebir anuncios con la mejor factura posible pero, sobre todo, que vendiesen.
CON EMPUJE Y MUCHO PORVENIR
La publicidad, como habían demostrado los americanos, era una ciencia social. En la mitad del siglo XX estaba sufriendo una transformación capital en nuestro país, convirtiéndose en un sector de gran empuje y mucho porvenir. (1)
Cada día las empresas tomaban más conciencia de las posibilidades que les brindaba la publicidad moderna, concebida y realizada por profesionales.
Pronto llegaría el momento en que toda campaña importante se decidiría contando no sólo con las ideas de los creativos sino además con los resultados de las encuestas que mostraban cómo entrarle mejor a los potenciales clientes.
Todo esto lo recordé muchos años después cuando vi la teleserie norteamericana “Mad Men”, ambientada en una gran empresa publicitaria de New York, durante los años 50. Retrataba un mundo que me resultó familiar.
Yo podría haberme convertido en uno de sus personajes si no hubiese llegado el comandante mandando a parar, poniendo a Cuba cabeza abajo.
EN BUSCA DE OTRO EMPLEO
Hablando de emolumentos, un ejecutivo de una agencia de primer nivel que se encargara de gestionar con éxito la cuenta de un cliente importante obtenía muchos más ingresos que un director de programas en una emisora de TV.
Pero yo seguía soñando con la tele y considerando la publicidad como un medio para llegar a ella.
miércoles, 2 de marzo de 2016
OOOH, LA HABANA, OOOH, LA HABANA
LA VIDA ERA MUCHO MÁS
Me faltaba poco para cumplir los 18 cuando finalicé, con mucho alivio de mi parte y por ineludible mandato familiar, el Bachillerato en Ciencias en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara.
Cumplido el trámite, había llegado para mí la hora de salir pitando de mi natal y estrecha Esperanza para abrirme hacia otros horizontes y oportunidades. La vida, de eso estaba seguro, era mucho más que dar vueltas en el Parque Martí, ver películas en el Principal, comentar lo que pasaba en el pueblo y casarme y tener hijos con una esperanceña.
En la madrugada del lunes 17 de septiembre de 1956 mi padre y yo, sentados junto al chofer en la cabina de un camión rastra del Expreso Oriente, íbamos por la Carretera Central hacia La Habana, una ciudad para mí deslumbrante y enigmática que me atraía con la fuerza de un gran imán.
Yo había visto en el periódico que abría su matrícula la Escuela Profesional de Publicidad, una institución habanera destinada a la formación de publicitarios.
Se necesitaba gente específicamente preparada para dicha profesión que, según comentarios de prensa, estaba en auge en Cuba y tenía un futuro que se auguraba esplendoroso en una sociedad como la nuestra, en la que el capitalismo se desarrollaría a mil por hora en los próximos años.
A aquellas alturas, ya mis padres daban por hecho que yo no quería estudiar una carrera universitaria y realmente no resultó difícil convencerles de que me ayudaran económicamente para echar a andar mi aventura en la capital.
Les dije que a mí lo que me interesaba era la televisión. Y podría llegar a ella a través de la publicidad, una actividad muy ligada a la creación y producción de programas.
Para explicarles mi estrategia les puse un ejemplo: si yo lograba entrar a trabajar en la agencia que se encargaba de la propaganda de los cigarros Partagás, tendría por lo menos un pie puesto dentro de “Jueves de Partagás”.
LA SITUACIÓN EN CASA
En 1956, en mi hogar éramos cuatro: mi madre -ama de casa-, mi hermano –por entonces tenía 10 años-, mi padre y yo. Vivíamos bajo el signo de la austeridad, dentro de lo que en términos sociológicos se llamaba, sin que yo lo supiera, “clase baja”. Gente de las que en la bodega compraban tres de azúcar y dos de café y le decían al chino “Apúntamelo que te pago después”. (1)
El dinero para mantener a la familia provenía de las comisiones -entre el 10 y el 15% del precio del flete de las mercancías recibidas y enviadas- que el viejo cobraba por ser agente en el pueblo de varias compañías nacionales de transporte por carretera que radicaban en La Habana: Expreso Oriente, Tráfico y Transportes, República, Sardiñas, Sicilia, Meteoro. La Flota… Él también daba servicio a porteadores autónomos independientes consiguiéndole viajes para sus camiones.
En los primeros días de aquel septiembre, dando rienda suelta a su habilidad natural para las relaciones personales, Papá agarró el teléfono y se puso a mover sus contactos con sus amigos transportistas habaneros para encontrarme un trabajito en la capital.
-- Es un muchacho despierto. Seguro que te puede ayudar en la oficina y no tienes que pagarle mucho –le escuché argumentar.
Al fin, insistiendo en sus gestiones y llamadas, logró su objetivo.
Me faltaba poco para cumplir los 18 cuando finalicé, con mucho alivio de mi parte y por ineludible mandato familiar, el Bachillerato en Ciencias en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara.
Cumplido el trámite, había llegado para mí la hora de salir pitando de mi natal y estrecha Esperanza para abrirme hacia otros horizontes y oportunidades. La vida, de eso estaba seguro, era mucho más que dar vueltas en el Parque Martí, ver películas en el Principal, comentar lo que pasaba en el pueblo y casarme y tener hijos con una esperanceña.
En la madrugada del lunes 17 de septiembre de 1956 mi padre y yo, sentados junto al chofer en la cabina de un camión rastra del Expreso Oriente, íbamos por la Carretera Central hacia La Habana, una ciudad para mí deslumbrante y enigmática que me atraía con la fuerza de un gran imán.
Yo había visto en el periódico que abría su matrícula la Escuela Profesional de Publicidad, una institución habanera destinada a la formación de publicitarios.Se necesitaba gente específicamente preparada para dicha profesión que, según comentarios de prensa, estaba en auge en Cuba y tenía un futuro que se auguraba esplendoroso en una sociedad como la nuestra, en la que el capitalismo se desarrollaría a mil por hora en los próximos años.
A aquellas alturas, ya mis padres daban por hecho que yo no quería estudiar una carrera universitaria y realmente no resultó difícil convencerles de que me ayudaran económicamente para echar a andar mi aventura en la capital.
Les dije que a mí lo que me interesaba era la televisión. Y podría llegar a ella a través de la publicidad, una actividad muy ligada a la creación y producción de programas.
Para explicarles mi estrategia les puse un ejemplo: si yo lograba entrar a trabajar en la agencia que se encargaba de la propaganda de los cigarros Partagás, tendría por lo menos un pie puesto dentro de “Jueves de Partagás”.
LA SITUACIÓN EN CASA
En 1956, en mi hogar éramos cuatro: mi madre -ama de casa-, mi hermano –por entonces tenía 10 años-, mi padre y yo. Vivíamos bajo el signo de la austeridad, dentro de lo que en términos sociológicos se llamaba, sin que yo lo supiera, “clase baja”. Gente de las que en la bodega compraban tres de azúcar y dos de café y le decían al chino “Apúntamelo que te pago después”. (1)
El dinero para mantener a la familia provenía de las comisiones -entre el 10 y el 15% del precio del flete de las mercancías recibidas y enviadas- que el viejo cobraba por ser agente en el pueblo de varias compañías nacionales de transporte por carretera que radicaban en La Habana: Expreso Oriente, Tráfico y Transportes, República, Sardiñas, Sicilia, Meteoro. La Flota… Él también daba servicio a porteadores autónomos independientes consiguiéndole viajes para sus camiones.
En los primeros días de aquel septiembre, dando rienda suelta a su habilidad natural para las relaciones personales, Papá agarró el teléfono y se puso a mover sus contactos con sus amigos transportistas habaneros para encontrarme un trabajito en la capital.
-- Es un muchacho despierto. Seguro que te puede ayudar en la oficina y no tienes que pagarle mucho –le escuché argumentar.
Al fin, insistiendo en sus gestiones y llamadas, logró su objetivo.
domingo, 28 de febrero de 2016
¿QUIERES IR CONMIGO A LA HABANA?
Estampa I: LA HABANA DE NIÑO
LA GRAN CAPITAL Y SU TRAJÍN
Debo haber tenido ocho o nueve años. Vivíamos en Esperanza. Mi padre, transportista, tenía que viajar por asuntos de trabajo y me preguntó:
-- ¿Quieres ir conmigo a La Habana?
Nos alojamos en un hotel cercano al Parque de la Fraternidad. La parte nada confiable de mi memoria me dice que radicaba en la calle Industria, recuerdo unas aceras enormes con árboles. Tenía un ascensor de hierro que manejaba un señor y, ¡oh, maravilla del progreso!, me llevaba arriba y abajo sin tener que usar las escaleras. Del hotel pafuera dabas un paso y te encontrabas inmerso en la gran urbe que ya en la decada de 1940 era una de las joyas de América.
Aquella primera vez que me asomé a la gran capital de la república y a su trajín resultó una experiencia fascinante para el niño nacido y criado en un pueblo de campo que era yo. Fueron unos días maravillosos, que viví como montado en una alucinación, absolutamente deslumbrado, feliz. No me alcanzaban los ojos para ver de sopetón tantos edificios, tanto tráfico de transeúntes, máquinas y guaguas, tantos anuncios lumínicos bonitos, tantas cosas nuevas...
jueves, 18 de febrero de 2016
MUÑEQUITOS, ESPINILLAS E ILUSIONES
Amaury, Vaillant, El Caballo y Condall
se convirtieron en mis referentes.
Yo quería ser, como ellos, director.
En mi pueblo natal (Esperanza, a quince kilómetros al oeste de Santa Clara, capital de la provincia de Las Villas) yo vivía esa adolescencia ingenua y tontorrona de los 13/14/15 años, ese período vital complicado y desiquilibrado en que uno cree que se las sabe todas pero en realidad no se sabe ninguna.
Mi trajín habitual consistía en:
asistir a clases de bachillerato en el Instituto de Santa Clara,
pasar el tiempo paseando y hablando mierda con mis amigos,
ir lo más posible al cine,
jugar, mal, a la pelota,
colarme en los ensayos de la orquesta local Casablanca que dirigía el Maestro Augusto Suero,
escuchar por radio las aventuras de Leonardo Moncada, "El Titán de la Llanura", y los juegos de mi equipo Almendares,
pajearme,
reventarme las espinillas que me salían sin cesar en la cara (1),
disfrutar de los discos 45 r.p.m., en especial los del Benny, que sonaban a todo volumen en las vitrolas de los bares aledaños al Parque Martí,
engañar a mi madre para que creyera que estudiaba –estudiar no me gustaba en absoluto-,
perder muchos minutos, en distintos momentos del día, peinándome y repeinándome con vaselina para que mi mota se mantuviera tan erguida como la de Tony Curtis...
Y, además, tratar de ligar. Pero esto último no sé ni por qué lo menciono porque se me daba fatal; yo era tremendo tímido con las muchachas, nada simpático y bailaba mal. La única que se interesó por mí no era muy agraciada que digamos y yo pasé de ella porque ser novio de una fea se consideraba un demérito en el círculo de amistades juveniles, repletas de machismo y otros absurdos prejuicios, en que yo me movía.
He dejado fuera, porque merecen mención aparte, mis dos actividades preferidas: leer la prensa y ver la televisión. Las dos, ejercidas sin falta un día sí y otro también, se convirtieron en aficiones, se entrelazaron entre sí y, mire usted por dónde, tuvieron mucho que ver con mi vida posterior.
LA EDAD DE LOS MUÑES
Permítanme ahora un flashback para ir a mi infancia.
sábado, 6 de febrero de 2016
LA TELE, AMOR A PRIMERA VISTA
Situémonos en el último trimestre de 1950. El Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara, conmigo adentro como alumno de primer año, había empezado un nuevo curso. El día 4 de octubre cumplí 12 años y el viernes 20, sin que yo lo supiera, empezó a transmitir en La Habana la primera emisora cubana de televisión: Unión Radio TV.
Pocas semanas después, el 18 de diciembre, salía al aire la segunda: CMQ TV. La cobertura de ambas plantas se limitaba a la ciudad de La Habana y poco más.
Para los que vivíamos en Esperanza, lejos de la capital, la tele era sólo una quimera. Sabíamos que existía porque la prensa hablaba constantemente de ella y publicaba publicidad incitando a la gente a comprar televisores RCA Victor, Admiral, Crosley, DuMont… A mí, que no me perdía las narraciones radiales de Felo Ramírez de los juegos de mi club favorito de beisbol, el Almendares, me impactó mucho un anuncio que salió en la revista Bohemia. En la pantalla de un televisor aparecía un pelotero deslizándose en una base.
-- ¡Alabao! -pensé-, con este aparato se pueden ver los jonrones de Roberto Ortiz.
EL PRIMER TELEVISOR DE MI PUEBLO
Jesús Llanos era un gallego -gallego se les decía a todos los españoles- dueño de la mejor tienda de ropa y mercería de mi pueblo. El hombre, un tipo afable y educado, me conocía porque mi tía Delia Ginori era dependienta en su comercio. Ella me dijo que su patrón había comprado un aparato de televisión.
Erick Kaupp (al centro con camisa blanca), Gaspar Pumarejo (extremo derecha en la foto)
y otros pioneros de la televisión cubana.
Para los que vivíamos en Esperanza, lejos de la capital, la tele era sólo una quimera. Sabíamos que existía porque la prensa hablaba constantemente de ella y publicaba publicidad incitando a la gente a comprar televisores RCA Victor, Admiral, Crosley, DuMont… A mí, que no me perdía las narraciones radiales de Felo Ramírez de los juegos de mi club favorito de beisbol, el Almendares, me impactó mucho un anuncio que salió en la revista Bohemia. En la pantalla de un televisor aparecía un pelotero deslizándose en una base.
-- ¡Alabao! -pensé-, con este aparato se pueden ver los jonrones de Roberto Ortiz.
El beisbol era un potente reclamo para vender televisores.
A la izquierda un anuncio de Hallicrafters y a la derecha uno de CMQ-TV
EL PRIMER TELEVISOR DE MI PUEBLO
Jesús Llanos era un gallego -gallego se les decía a todos los españoles- dueño de la mejor tienda de ropa y mercería de mi pueblo. El hombre, un tipo afable y educado, me conocía porque mi tía Delia Ginori era dependienta en su comercio. Ella me dijo que su patrón había comprado un aparato de televisión.
viernes, 29 de enero de 2016
NACIDO Y CRIADO EN SAN NICOLÁS DEL PELADERO
Después,
cuando crecí,
cuando abrí bien los ojos y las entendederas,
me fui enterando de que existían cosas malas:
el infortunio, el sufrimiento, la enfermedad,
la muerte.
De que mis mayores habían vivido siempre sacrificándose, con el agobio de llevar cada día un plato de comida a la mesa, sacar adelante a sus hijos, tener algo decente para vestir y calzar y conseguir unos pesos para pagar las medicinas y el alquiler.
Cuando crecí,
cuando abrí bien los ojos y las entendederas,
comprendí que en mi hermoso país,
la perla del Caribe, orgullo de América Latina por su progreso y bienestar,
lo peor no eran los ciclones sino soportar cada día unas calamidades que se llamaban pobreza, desigualdad, desempleo, corrupción, politiquería, machismo, prostitución, explotación, analfabetismo, injusticia, racismo, prejuicios, indiferencia y sálvese quien pueda.
Cuando crecí,
cuando abrí bien los ojos y las entendederas,
supe que, a pesar de todo el desastre nacional, no había que dejarse vencer por el pesimismo. Que en medio de la oscuridad criolla siempre había habido luceros que vencieron a las tinieblas irradiando una luz propia y muy brillante: Finlay, Martí, Maceo, Lecuona, Matamoros, Adolfo Luque, Agramonte, la Avellaneda, Roig y Cervantes, Capablanca, José White, Rita y Bola, Abela, Albear, Quintín Banderas, Sindo y Corona…
Después,
cuando abrí bien los ojos y las entendederas,
y las circunstancias me enseñaron lo difícil, lo jodida que puede ser la vida
si uno le exige mucho,
entonces y sólo entonces
me di cuenta de que yo había sido un niño feliz en un mundo infeliz.
Pero todo eso fue mucho después.
Ahora,
ahora toca hablar de mi infancia.
Yo nací, en 1938, y me crié, hasta 1956, en Esperanza, un San Nicolás del Peladero ubicado en el medio de la provincia de Las Villas. Cinco cuadras de largo por seis de ancho, partidas en dos por la Carretera Central.
cuando crecí,
cuando abrí bien los ojos y las entendederas,
me fui enterando de que existían cosas malas:
el infortunio, el sufrimiento, la enfermedad,
la muerte.
De que mis mayores habían vivido siempre sacrificándose, con el agobio de llevar cada día un plato de comida a la mesa, sacar adelante a sus hijos, tener algo decente para vestir y calzar y conseguir unos pesos para pagar las medicinas y el alquiler.
Cuando crecí,
cuando abrí bien los ojos y las entendederas,
comprendí que en mi hermoso país,
la perla del Caribe, orgullo de América Latina por su progreso y bienestar,
lo peor no eran los ciclones sino soportar cada día unas calamidades que se llamaban pobreza, desigualdad, desempleo, corrupción, politiquería, machismo, prostitución, explotación, analfabetismo, injusticia, racismo, prejuicios, indiferencia y sálvese quien pueda.
Cuando crecí,
cuando abrí bien los ojos y las entendederas,
supe que, a pesar de todo el desastre nacional, no había que dejarse vencer por el pesimismo. Que en medio de la oscuridad criolla siempre había habido luceros que vencieron a las tinieblas irradiando una luz propia y muy brillante: Finlay, Martí, Maceo, Lecuona, Matamoros, Adolfo Luque, Agramonte, la Avellaneda, Roig y Cervantes, Capablanca, José White, Rita y Bola, Abela, Albear, Quintín Banderas, Sindo y Corona…
Después,
cuando abrí bien los ojos y las entendederas,
y las circunstancias me enseñaron lo difícil, lo jodida que puede ser la vida
si uno le exige mucho,
entonces y sólo entonces
me di cuenta de que yo había sido un niño feliz en un mundo infeliz.
Pero todo eso fue mucho después.
Ahora,
ahora toca hablar de mi infancia.
EL YIN EN LA VOZ DE GALICIA
En esta pieza reproduzco dos publicaciones aparecidas en el periódico La Voz de Galicia.
DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 2016
Sección:
Sección:
"Protagonista"
"Ourensanos en su rincón"
Título:
Título:
El festival de cine llevaba el nombre de Ourense por todo el mundo
Texto de subtítulo:
Texto de subtítulo:
Antonio Pedraza, ex coordinador del OUFF asentado en Ourense desde 1992, fue director y productor de televisión y radio en Cuba
Texto de presentación:
Nombre y edad: Antonio Pedraza Ginori.
Nací en 1938 en Esperanza, provincia de Villa Clara (Cuba)
Profresión: Fui director, realizador, guionista y productor
de televisión. Trabajé en radio y publicidad.
Excoordinador del Festival de Cine.
Su rincón: El Parque Barbaña y todo su entorno
Autor:
Autor:
Xosé Manoel Rodríguez
Fotos:
Fotos:
Miguel Villar
jueves, 28 de enero de 2016
ADIÓS AL LELE
Miguel Ángel Rasalps (Lele)
falleció en La Habana a los 71 años,
el 25 de enero de 2016
ADIÓS AL LELE
Se nos fue el grande.
El que le puso la voz a la leyenda Van Van de Formell para que nos enamoráramos de ella desde el principio.
Aquel que se movía incesantemente mientras aseguraba que “aquí se enciende la candela”,
que la compota era de palo,
que aquella chica era “una bola de humo que saca de quicio a cualquiera”,
que la vieja Yuya Martínez era fea pero buena y cordial,
el que salió de La Habana con destino a Matanzas para saber del guaguancó, de la rumba, de la columbia y saludar a los rumberos,
el que aseguraba “soy cancha, que se sepa, ay, síguelo”.
El que cogió a Los Reyes 73 y los metió de golpe en el corazón y en los pies de la gente más difícil de conquistar, la que bailaba. Y después de hacer aquella hazaña, se quedó tranquilo, sin perder la modestia que era su sello de identidad.
Se nos fue no sólo el cantante y el líder de grupo. También el autor de “Me cansé de hablar”, el que nos dijo en sus letras sabrosas y profundas que “la sinceridad y la honestidad son dos mosquitos que pican a la maldad” y que “la libertad es el comienzo de la vida”.
El muchachón corpulento del Cerro, jaranero, dinámico y buena gente, que no sólo era grande por su físico sino por su aporte a nuestra música, la que llevaba dentro y se le salía a borbotones al hablar, al caminar, al cantar.
Se nos ha ido en este final de enero y hoy estamos tristes.
Que se sepa.
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En este vínculo
se puede ver a Lele actuando
y contando aspectos de su vida:
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LES INVITO A LEER LAS SIGUIENTES PIEZAS DE MI BLOG
PULSANDO SOBRE ESTOS ENLACES:
El Blog de Pedraza Ginori > NACIDO Y CRIADO EN SAN NICOLÁS DEL PELADERO
El Blog de Pedraza Ginori > LA TELE, AMOR A PRIMERA VISTA
El Blog de Pedraza Ginori > MUÑEQUITOS, ESPINILLAS E ILUSIONES
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sábado, 2 de enero de 2016
¿EXISTIÓ REALMENTE HAVANA JAM 79? / HAVANA JAM 79 FESTIVAL REALLY HAVE EXISTED?
Durante las noches del primer fin de semana de marzo de 1979 se celebró en el teatro Karl Marx de La Habana un evento cultural extraordinario, un festival musical que podemos calificar como histórico sin temor a caer en el ridículo por el que se despeñan quienes usan ese adjetivo para endilgárselo a cualquier cosa.
Por primera vez desde el triunfo de la revolución castrista se presentó ante un público cubano un numeroso conjunto de artistas norteamericanos de primera línea, representantes de diversos géneros y estilos de la música de su nación, quienes actuaron en tres espectáculos junto a destacados grupos y solistas de nuestra isla.
Las autoridades culturales cubanas denominaron aquel encuentro como Música Cuba-USA. Y los norteamericanos le pusieron el nombre de Havana Jam, que es el que ha prevalecido.
Ésta es la primera de las dos piezas que publico en el blog sobre aquel evento. El 99.9% de la población de la isla no se enteró de su existencia ya que su celebración apenas se anunció en los medios de comunicación, no se hizo campaña de promoción, sus jornadas no se transmitieron, el acceso del público estuvo muy controlado y una vez finalizado, sus huellas fueron borradas. Se podría catalogar como el festival musical más oculto de todos los tiempos en nuestra historia nacional.
En mis crónicas encontrarán no sólo información sino también mis recuerdos de aquel excepcional acontecimiento que viví desde dentro ya que fui su jefe de escena.
Por primera vez desde el triunfo de la revolución castrista se presentó ante un público cubano un numeroso conjunto de artistas norteamericanos de primera línea, representantes de diversos géneros y estilos de la música de su nación, quienes actuaron en tres espectáculos junto a destacados grupos y solistas de nuestra isla.
LOS ELENCOS
Cuba
CONJUNTO YAGUARIMÚ (Matanzas)
Director: Lázaro Junco
Cantantes invitados: Zaida Arrate y Pacho Alonso
ORQUESTA ARAGÓN
Cuba
CONJUNTO YAGUARIMÚ (Matanzas)
Director: Lázaro Junco
Cantantes invitados: Zaida Arrate y Pacho Alonso
ORQUESTA ARAGÓN
Director: Rafael Lay
AGRUPACIÓN DE PERCUSIÓN CUBANA
Director: Tony Taño
LOS PAPINES
GRUPO LOS AMIGOS
Frank Emilio (piano), Tata Güines (tumbadoras), Guillermo Barreto (percusión),
Gustavo Tamayo (güiro) y Orlando “Cachaíto” López (bajo)
Solista invitado: José Luis “Changuito” Quintana (pailas)
GRUPO IRAKERE
actuando como solistas: Chucho Valdés (dirección, piano y teclados),
Arturo Sandoval y Jorge Varona (trompetas), Paquito D’Rivera (saxo, clarinete, flauta),
Oscar Valdés (cantante y percusión), Enrique Pla (batería) y Carlos Averhoff (saxo)
ORQUESTA DE MÚSICA MODERNA DE ORIENTE
Director: Osmundo Calzado
Con los solistas innvitados Juan Pablo Torres (trombón) y Elena Burke (cantante)
GRUPO MANGUARÉ
Invitada: Sara González (cantante)
PABLO MILANÉS
con grupo acompañante integrado por
AGRUPACIÓN DE PERCUSIÓN CUBANA
Director: Tony Taño
LOS PAPINES
GRUPO LOS AMIGOS
Frank Emilio (piano), Tata Güines (tumbadoras), Guillermo Barreto (percusión),
Gustavo Tamayo (güiro) y Orlando “Cachaíto” López (bajo)
Solista invitado: José Luis “Changuito” Quintana (pailas)
GRUPO IRAKERE
actuando como solistas: Chucho Valdés (dirección, piano y teclados),
Arturo Sandoval y Jorge Varona (trompetas), Paquito D’Rivera (saxo, clarinete, flauta),
Oscar Valdés (cantante y percusión), Enrique Pla (batería) y Carlos Averhoff (saxo)
ORQUESTA DE MÚSICA MODERNA DE ORIENTE
Director: Osmundo Calzado
Con los solistas innvitados Juan Pablo Torres (trombón) y Elena Burke (cantante)
GRUPO MANGUARÉ
Invitada: Sara González (cantante)
PABLO MILANÉS
con grupo acompañante integrado por
Emiliano Salvador (piano), Eduardo Ramos (bajo) y Frank Bejerano (batería)
USA
GRUPO WEATHER REPORT
Joe Zawinul (teclados), Wayne Shorter (saxo),
GRUPO WEATHER REPORT
Joe Zawinul (teclados), Wayne Shorter (saxo),
Peter Erskine (batería) y Jaco Pastorius (bajo eléctrico)
ORQUESTA ESTRELLAS DE FANIA (FANIA ALL STARS)
con sus cantantes Rubén Blades, Pete “El Conde” Rodríguez, Héctor Lavoe,
Santos Colón,Luigi Texidor, Adalberto Santiago,
Ismael Miranda y Wilfrido Vargas.
ORQUESTA ESTRELLAS DE FANIA (FANIA ALL STARS)
con sus cantantes Rubén Blades, Pete “El Conde” Rodríguez, Héctor Lavoe,
Santos Colón,Luigi Texidor, Adalberto Santiago,
Ismael Miranda y Wilfrido Vargas.
Solistas: su director y flautista Johnny Pacheco, los pianistas Papo Lucca
y Larry Harlow, el violinista Pupy Legarreta,
y Larry Harlow, el violinista Pupy Legarreta,
el timbalero Orestes Vilató, el bajista Sal Cuevas, el tresista Nelson González,
el trompetista Juancito Torres y el percusionista y bailarín Roberto Roena
ORQUESTA CBS JAZZ ALL STARS
con los solistas Dexter Gordon, Jimmy Heath, Arthur Blythe y Stan Getz (saxos),
ORQUESTA CBS JAZZ ALL STARS
con los solistas Dexter Gordon, Jimmy Heath, Arthur Blythe y Stan Getz (saxos),
Woody Shaw (trompeta). Hubert Laws (flauta), Bobby Hutcherson (vibráfono),
Willie Bobo (percusión), Cedar Walton (piano),
Percy Heath (bajo) y Tony Williams (batería)
TRIO OF DOOM
John McLaughlin (guitarra),
TRIO OF DOOM
John McLaughlin (guitarra),
Tony Williams (batería) y Jaco Pastorius (bajo)
CBS ENSEMBLE
Grupo formado con músicos que integraban la CBS Jazz Band
CBS ENSEMBLE
Grupo formado con músicos que integraban la CBS Jazz Band
(Arthur Blythe, Jimmy Heath, Hubert Laws, Willie Bobo)
y otros que se añadieron como Richard Tee y Rodney Franklin (piano y teclados),
Eric Gale (guitarra) y John Lee (bajo)
STEPHEN STILLS
con grupo acompañante
Invitados: Bonnie Bramlett (cantante) y Mike Finnigan (teclados)
KRIS KRISTOFFERSON Y RITA COOLIDGE
con grupo acompañante del que formaba parte Billy Swan (guitarra bajo y cantante)
BILLY JOEL
con grupo acompañante
STEPHEN STILLS
con grupo acompañante
Invitados: Bonnie Bramlett (cantante) y Mike Finnigan (teclados)
KRIS KRISTOFFERSON Y RITA COOLIDGE
con grupo acompañante del que formaba parte Billy Swan (guitarra bajo y cantante)
BILLY JOEL
con grupo acompañante
Portada del programa de mano entregado al público
Las autoridades culturales cubanas denominaron aquel encuentro como Música Cuba-USA. Y los norteamericanos le pusieron el nombre de Havana Jam, que es el que ha prevalecido.
Logo del documental realizado por Ernesto Juan Castellanos
Ésta es la primera de las dos piezas que publico en el blog sobre aquel evento. El 99.9% de la población de la isla no se enteró de su existencia ya que su celebración apenas se anunció en los medios de comunicación, no se hizo campaña de promoción, sus jornadas no se transmitieron, el acceso del público estuvo muy controlado y una vez finalizado, sus huellas fueron borradas. Se podría catalogar como el festival musical más oculto de todos los tiempos en nuestra historia nacional.
En mis crónicas encontrarán no sólo información sino también mis recuerdos de aquel excepcional acontecimiento que viví desde dentro ya que fui su jefe de escena.
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